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Uno de los grandes problemas que enfrenta España es la despoblación, especialmente en las áreas rurales. Este éxodo hacia las grandes ciudades ha llevado a que, en muchos pueblos y regiones profundas, la pirámide de edad de la población se estreche en la base y se ensanche en la parte superior, lo que se traduce en la falta de servicios y oportunidades en estas zonas.

Así es que existen muchos casos de lugares que un día fueron pueblos habitados y llenos de vida, y que hoy son apenas unas ruinas con una o dos casas en pie. Uno de ellos es el de Tere, la última habitante de un pueblo de Asturias, cuyas viviendas han desaparecido entre la vegetación y los escombros. Aun así, ella se resiste a marcharse.

Su historia la documenta Álvaro en su canal de YouTube @hilux_aventura, dedicado a explorar pueblos olvidados y conocer a sus últimos habitantes. En el vídeo, Tere cuenta cómo cultiva sus propios alimentos e intenta llevar una vida lo más parecida posible a la de sus antepasados, en contacto con el bosque y rodeada de sus animales.

El miedo de Tere sobre el futuro de su pueblo

Lo primero que transmite Tere es la pena por la situación en la que se encuentra su aldea, un sentimiento que convive con cierta satisfacción.

“Siento mucha pena. Satisfacción, por un lado, porque gracias a mí el pueblo todavía tiene un poco de vida. Pero mucha pena y, sobre todo, siento demasiada pena cuando pienso que el día que yo no esté, no sé qué va a ser de esto”, confiesa.

Aunque considera este pueblo su hogar, no nació allí. Según explica, se mudó a la aldea con solo tres años tras el fallecimiento de su abuelo, y se crió desde muy pequeña con sus tíos y su abuela, que fueron los últimos habitantes en abandonar el pueblo, en el año 1991.

La casa de Tere, ubicada en una localidad abandonada en Asturias.
La casa de Tere, ubicada en una localidad abandonada en Asturias.YouTube - (@hilux_aventura)

Cómo era el pueblo de Asturias cuando Tere era pequeña

El pueblo nunca fue grande. De hecho, no llegaba a las cinco casas habitadas. “Yo sé que hubo siete vecinos. Casas conocí cuatro, sin contar la mía. O sea, solo había cinco viviendas en esta zona cuando yo era pequeña”, recuerda.

Tere también rememora la vida de su abuela, que era de allí y mantenía vivas las costumbres del lugar. “‘Arroixaba’ y hacía pan todas las semanas, porque aquí el panadero no bajaba. Al final, como ya era mayor, ya no tenía tanta fuerza y dejó de hacerlo”, cuenta sobre el proceso tradicional de amasar y cocer el pan en el horno.

Por qué se despobló el pueblo

Aunque los últimos vecinos se marcharon en 1991, Tere sitúa el origen del problema en los años 60. En esa década, la gente empezó a irse a la ciudad más cercana en busca de otra vida, ya que el pueblo dependía únicamente de la ganadería.

Esa marcha la sigue sin comprender del todo. “Marcharon de aquí y no volvieron más. Pensé muchas veces el porqué de esta situación, pero no lo entiendo. Porque tampoco se fueron muy lejos”, reflexiona.

Ella misma apunta una posible explicación: “Me imagino que sería porque ellos no tenían coche y no hubo carretera en el pueblo hasta el año 78. Quiero entender que fue por eso”.

¿Cómo se abastece Tere para vivir sola en un pueblo?

Pese al aislamiento, Tere se las arregla para cubrir sus necesidades. El agua la obtiene de un río que pasa a escasos metros de su casa, del que se abastece de forma ilimitada mediante una manguera conectada directamente al cauce.

En cuanto a la comida, combina el huerto con las compras. “Yo salgo a comprar, pero es que además yo trabajo también. De hecho, yo tengo que trabajar para poder vivir. Pero de tema huerta no compro nada, ya que lo cultivo todo”, explica.

Guarda, además, un recuerdo entrañable de cada uno de sus antiguos vecinos, cuyos nombres, casas e historias aún conserva en la memoria.

Por qué Tere no se siente sola pese al aislamiento

Lejos de vivir su situación con angustia, Tere reivindica la calma de su día a día, rodeada de los animales que rescata. “Sola no me siento para nada, porque tendría la opción de estar en otro sitio. Estar aquí para mí es tranquilidad y sosiego”, asegura.

Para ella, esa paz es lo que da sentido a su elección. “Aquí siempre hay paz, y yo siempre digo que la felicidad son momentos puntuales y hay veces que sí estoy contenta”, concluye.