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La ficha de un club de barrio cuesta unos pocos cientos de euros al año. Para miles de familias, esa cifra decide si un niño juega al fútbol federado o se queda mirando desde fuera, y ninguna cantera del mundo llega a enterarse de que ese chaval existe.

Lamine Yamal fue uno de esos niños. “Yo no estaba apuntado al fútbol porque económicamente mis padres no podían. Solo jugaba en el parque con niños que me encontraba”, contó el futbolista en el documental Denominación de origen. Este domingo, con 19 años recién cumplidos, se perfila a ganar el Mundial.

Lamine Yamal y Nico Williams junto al rey Felipe VI, durante la entrega de premios de la Eurocopa 2024 (Fuente: EFE / Alberto Estévez)

¿Cómo era la infancia de Lamine Yamal en Rocafonda?

Nació en Esplugues de Llobregat, pero con tres años se mudó a Rocafonda, un barrio de Mataró situado a más de 30 kilómetros de Barcelona. Según el documental, la mitad de la población vive en riesgo de pobreza y sin trabajo.

La llegada de la familia fue dura. “Se mudaron aquí en una situación precaria, sin trabajo ni nada, y empezaron a vivir con la abuela”, recuerda el dueño de un bar de la zona.

Sus padres trabajaban gran parte del día, la madre en un restaurante de comida rápida, así que el niño pasaba las horas en la calle. “Él siempre estaba con un balón y jugando con gente mayor que él”, añade el mismo vecino.

Lamine Yamal junto a su padre, Mounir Nasraoui.EFE

¿Quién le abrió la puerta al fútbol federado?

El giro llegó por una decisión ajena a la familia. El director de la Torreta, un club del barrio, se ofreció a saltarse el obstáculo económico.

“Les dijo a mis padres que podía jugar gratis. Probé y tuve suerte”, resume el delantero. Bastó ese margen para que alguien reparara en lo que hacía con el balón y lo mandaran a las pruebas del Barcelona y del Espanyol.

Por qué su familia decidió llevarlo a La Masia

La siguiente decisión no fue solo deportiva. El entorno pesaba, y así lo explicaron desde su familia: “Criarse en Rocafonda es muy complicado; las compañías no son buenas. A veces, en ese momento tenía un entorno de riesgo. Pensamos que para su evolución era mucho mejor tenerle en La Masía”.

El futbolista defiende el barrio sin idealizarlo. “Ser de barrio significa haberte criado en la realidad, la realidad que la mayoría de la gente vivimos, y que no es la realidad que yo vivo ahora”, dijo a El Mundo.

Y responde de frente al estigma: “No tiene nada que ver con la delincuencia ni con lo que muchos que nunca han pisado un barrio se piensan”.

Qué significa el gesto del “304” que hace en cada gol

La cifra que dibuja con los dedos al celebrar no es un adorno. Es el código postal de Rocafonda, la forma de llevarse el barrio a cada estadio del mundo.

Su definición de aquel lugar tiene poco de épica y mucho de rutina. “Ser de barrio significa salir con tus amigos al parque, jugar en el parque, luego volver a tu casa, intentar ver el fútbol en cualquier bar, salir a tomar algo con tu madre, ir a un restaurante una vez al mes. Eso significa ser de barrio, no liarla”.

¿Qué dice sobre la presión de jugar un Mundial?

A quienes le hablan de la carga que soporta con 19 años les contesta con su propia casa. “Mi madre me tuvo con 16 años, que eso sí que es presión de verdad. Luego mi padre tuvo que ir a buscarse la vida, ir a coger cosas a la calle para poder traer comida a casa. Eso sí que es presión”, explicó en El Larguero.

Y remata rebajando lo suyo a un trámite: “Yo lo único que tengo que hacer es jugar y que los españoles estén contentos”. Cumplió los 19 el 13 de julio, un día antes de la semifinal ante Francia, y lo celebró de forma discreta en la concentración, junto a su madre y su hermano pequeño.