

Hay proyectos que trascienden la ingeniería para convertirse en símbolos de una época. En este marco es que una potencia europea está a punto de construir uno de ellos, con un puente que unirá dos regiones claves para el comercio.
El Gobierno de Giorgia Meloni ha dado luz verde definitiva a la construcción del puente colgante más largo del mundo sobre el estrecho de Mesina, la franja de agua que separa la región de Calabria de la isla de Sicilia.
Con un vano central de 3.300 metros, dos torres de 399 metros de altura y una inversión de 13.532 millones de euros, la obra se perfila como la infraestructura más ambiciosa que Europa acometerá en las próximas décadas.
El visto bueno fue otorgado por el Comité Interministerial para la Planificación Económica y el Desarrollo Sostenible (Cipess) tras evaluar la documentación técnica y financiera del proyecto. Las obras están previstas para arrancar entre septiembre y octubre de 2026 y concluir entre 2032 y 2033.

Una obra récord que desafía la sismicidad del estrecho
El estrecho de Mesina siempre ha sido considerado una de las zonas de mayor actividad sísmica del Mediterráneo, lo que durante décadas sepultó cualquier proyecto de conexión fija entre la península y Sicilia.
La tecnología disponible hoy permite abordar ese desafío de una forma que era impensable cuando la idea comenzó a debatirse por primera vez en 1971.
El puente contará con tres carriles de carretera por sentido, dos carriles de servicio y dos vías ferroviarias en el centro. El tablero tendrá 60,4 metros de ancho y una altura de 72 metros sobre el nivel del mar para permitir el paso de embarcaciones de gran calado. Las dos torres quedarán ancladas en las costas de Calabria y Sicilia, unidas por cuatro cables de suspensión que soportarán el peso de la estructura.
Una vez operativo, el puente reducirá el tiempo de viaje entre ambas orillas de las actuales dos o tres horas en ferry a apenas 15 minutos por carretera y 10 minutos en tren, con una capacidad de hasta 6.000 vehículos por hora y 200 trenes al día.
El viceprimer ministro y ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, lo ha descrito como una “obra sin precedentes en el mundo” y un “proyecto de ingeniería fascinante” que acelerará el desarrollo económico del sur del país.

Un sueño con décadas de historia y una empresa española en el consorcio
La idea de unir Sicilia con la península no es nueva. Los intentos se remontan, según el cronista romano Plinio el Viejo, al año 252 a.C., cuando un cónsul trasladó cien elefantes de guerra desde Sicilia hasta Italia mediante balsas de barriles atados.
En tiempos modernos, el ex primer ministro Silvio Berlusconi relanzó el proyecto durante su segundo gobierno (2001-2006) como uno de sus grandes sueños, aunque nunca llegó a colocarse la primera piedra.
El contrato fue archivado cuando cayó su Gobierno, revivido al regresar al poder y cancelado definitivamente en 2011 durante la crisis de deuda soberana europea. El coste estimado ha pasado de los 4.400 millones de euros de hace dos décadas hasta los actuales 13.532 millones.
La obra ha sido adjudicada al consorcio Eurolink, liderado por la empresa italiana Webuild e integrado por 235 compañías, entre ellas la española Sacyr, que participa con un 22,4% del proyecto. Se estima que la iniciativa movilizará más de 23.000 millones de euros en inversiones totales y generará aproximadamente 120.000 puestos de trabajo durante su ejecución.














