

Hay lugares de una ciudad que parecen contar una sola historia. Un edificio comercial, una avenida concurrida o una tienda conocida por generaciones pueden ocultar capas mucho más antiguas que la rutina de compras, escaparates y tránsito diario. En Barcelona, esa superposición entre presente y memoria aparece con fuerza en uno de sus puntos más reconocibles.
El El Corte Inglés Diagonal ocupa un espacio ligado a un pasado mucho más duro que su imagen actual. Antes de convertirse en uno de los grandes almacenes más conocidos de la avenida Diagonal, el solar formó parte del recinto de la prisión de mujeres de Les Corts, activa entre 1936 y 1955.
La documentación histórica señala que allí fueron encarceladas miles de mujeres durante la posguerra y que once presas fueron fusiladas en los años más duros del franquismo.

El Corte Inglés Diagonal y el pasado oculto bajo una tienda emblemática
El actual centro comercial forma parte del paisaje cotidiano de la zona alta de Barcelona. La propia compañía lo presenta como una tienda de referencia en la avenida Diagonal, dentro de su red de centros en Cataluña. Sin embargo, la historia del solar no empieza con los grandes almacenes ni con el comercio moderno.
A mediados del siglo XVIII, el terreno estaba vinculado a una antigua masía del camino de Les Corts a Sarrià. La familia Duran levantó allí un gran edificio de planta cuadrada, con dos alturas, torre, capilla y jardines con cipreses centenarios. Ese conjunto fue conocido como Can Duran o Feló. Con el tiempo, la finca cambió de uso y terminó asociada a instituciones religiosas y asistenciales antes de convertirse en un espacio penitenciario.
El giro decisivo llegó en 1936, en plena Guerra Civil. El recinto pasó a funcionar como correccional general femenino de la Generalitat. Tras la victoria franquista, en 1939, quedó transformado en prisión provincial de mujeres. La cárcel llegó a concentrar a casi dos millares de mujeres y más de cuarenta niños y niñas, según el proyecto de memoria dedicado a la antigua prisión.
Qué fue la prisión de mujeres de Les Corts y por qué marcó la ciudad
La prisión de mujeres de Les Corts fue uno de los espacios de represión femenina más relevantes de la Barcelona de posguerra. Entre 1939 y 1955 pasaron por allí miles de reclusas, muchas de ellas vinculadas a la represión política del franquismo, aunque también hubo mujeres encarceladas por otras causas. La información académica y memorialística recuerda que el edificio fue demolido y que su lugar lo ocupa hoy un conocido centro comercial.
La memoria del lugar permite entender una parte de la historia urbana que durante años quedó poco visible. La prisión estaba situada en el entorno de la avenida Diagonal y la plaza de la Reina María Cristina, en un punto que luego quedó absorbido por la expansión comercial y residencial de Les Corts. El contraste es fuerte: donde hoy hay movimiento de clientes, escaparates y servicios, hubo celdas, hacinamiento y castigo.
La documentación sobre el antiguo recinto también señala que la cárcel funcionó como un espacio de control ideológico y moral. La prisión franquista de mujeres no fue solo un lugar de encierro. También formó parte de un sistema de disciplina sobre cuerpos, conductas y vidas consideradas incómodas para el régimen. Ese es el núcleo del pasado oculto que todavía pesa sobre el solar.
Dónde se recuerda hoy la cárcel que estuvo en la Diagonal
La memoria de la antigua cárcel no desapareció del todo. En 2019 se inauguró el Espacio de Memoria, Monumento Cárcel de Mujeres de Les Corts, en el chaflán de las calles Europa y Joan Güell. El proyecto fue el resultado de un largo proceso de reivindicación ciudadana y se concibe como un lugar de memoria en construcción.

Ese memorial ayuda a ubicar físicamente una historia que el desarrollo urbano dejó en segundo plano. El espacio recuerda que el entorno del actual El Corte Inglés Diagonal no solo pertenece a la historia comercial de Barcelona, sino también a la memoria democrática de la ciudad. En ese punto, el pasado no aparece como leyenda urbana ni como simple curiosidad: está documentado, fechado y vinculado a nombres, vidas y hechos concretos.
El atractivo del caso está precisamente en esa tensión. Una tienda querida, integrada en la rutina de miles de personas, se levanta sobre un terreno que fue escenario de sufrimiento y represión. Mirar ese edificio con otros ojos permite leer la ciudad de otra manera: no como una postal fija, sino como un territorio donde el consumo, la arquitectura y la memoria conviven sobre las mismas calles.













