

El cansancio dejó de ser una simple consecuencia de trabajar mucho. En las sociedades actuales, aparece como una forma de vida: agendas llenas, descanso vigilado por pantallas, productividad convertida en mandato y una sensación persistente de no llegar nunca. Esa fatiga no siempre viene de una orden externa. Muchas veces nace de una exigencia asumida como elección personal.
Ahí se ubica el pensamiento de Byung-Chul Han, uno de los filósofos más leídos de las últimas décadas. La frase del título funciona como síntesis de una idea central de su obra: la libertad contemporánea puede transformarse en una forma más eficaz de presión.
La Fundación Princesa de Asturias, que le concedió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, destaca que Han ha dedicado buena parte de sus reflexiones a la sociedad del cansancio y a la sociedad de la transparencia.

Byung-Chul Han y la sociedad del cansancio que explica la fatiga moderna
En La sociedad del cansancio, publicado originalmente en alemán en 2010 y editado en castellano por Herder en 2012, Han planteó una tesis que todavía resuena: el sujeto contemporáneo ya no se siente dominado solo por prohibiciones, sino empujado por la obligación de poder con todo. La Enciclopedia Herder recuerda que ese libro fue el primer gran éxito del autor en lengua castellana.
La clave está en el paso de la disciplina al rendimiento. Antes, según esta lectura, el poder se expresaba mediante órdenes, límites y castigos. Ahora opera de un modo más íntimo: cada persona se exige a sí misma ser más eficiente, más visible, más activa y más exitosa.
Un estudio académico, realizado por Gabriela Quintero Camarena de la Universidad Autónoma de Baja California, sobre la obra de Han resume esa lógica como una sociedad en la que los individuos trabajan jornadas exhaustivas para cumplir autoexigencias vinculadas con la realización personal y el consumo.
Ese diagnóstico explica por qué el cansancio ocupa un lugar tan fuerte en su pensamiento. No se trata solo de dormir poco o de tener muchas tareas. Es una fatiga más profunda, asociada a la idea de que siempre se puede hacer algo más. La libertad, bajo esa lógica, deja de ser descanso o posibilidad y se convierte en una maquinaria de rendimiento.
Por qué la libertad también puede convertirse en autoexplotación
Han ha insistido en que la promesa de libertad del neoliberalismo puede ocultar una nueva forma de sometimiento. En su discurso de los Premios Princesa de Asturias, afirmó que “la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión” y sostuvo que se vive bajo un régimen que “explota la libertad”.
La frase es dura porque cambia el lugar del conflicto. Ya no hay solo un jefe, una institución o una norma que obliga. El propio individuo se convierte en gestor de su presión. En el mismo discurso, el filósofo afirmó: “Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar”.
Ese colapso tiene un nombre cada vez más familiar: burnout. Para Han, el agotamiento moderno no aparece pese a la libertad, sino muchas veces a través de ella. La persona cree elegir más, producir más, exponerse más y mejorar más. Pero esa elección constante también puede convertirse en una carga.
El resultado es una vida atravesada por la sensación de deuda: deuda con el trabajo, con el cuerpo, con la imagen pública, con el tiempo y con la propia idea de éxito.
El filósofo que incomoda al presente digital
El alcance de Han creció porque su crítica no se limita al trabajo. También apunta al modo en que las pantallas, las redes y la exposición permanente reordenan la vida cotidiana. En una entrevista, el filósofo aparece asociado a esa crítica de una sociedad de personas exhaustas por las exigencias laborales, que se autoexplotan y optimizan incluso su tiempo libre.

La vigencia de su pensamiento se reforzó en 2025, cuando recibió el reconocimiento de la Fundación Princesa de Asturias. En el discurso oficial, Han vinculó su tarea con la función socrática de incomodar y despertar conciencias. Dijo que con La sociedad del cansancio buscó “amonestar a la sociedad” y agitar su conciencia para que despertara.
Su crítica resulta eficaz porque toca una experiencia común. Muchas personas se sienten libres, pero viven pendientes de objetivos, métricas, notificaciones y expectativas. En ese paisaje, el cansancio ya no es una pausa del cuerpo: es una señal política y cultural. Han lo convierte en síntoma de una época que prometió autonomía, pero muchas veces entregó una forma silenciosa de obligación.














