

La Armada se encuentra ante un momento crítico en su historia operacional. Con la retirada definitiva de los AV-8B Harrier en Estados Unidos, España se encamina a convertirse en el último operador militar de este icónico avión de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) en el mundo.
Se trata de aeronaves fabricadas por las compañías British Aerospace y McDonnell Douglas que dejaron de producirse en 2003 y son parte de la flota española. Sin embargo, la falta de decisión sobre su reemplazo genera una alerta estratégica que debilitaría las fuerzas.

¿Qué capacidad podría perder la Armada española?
Los AV-8B Harrier II Plus, operados por la Novena Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves (FLOAN), representan el principal medio de combate embarcado del Buque de Proyección Estratégica Juan Carlos I (L-61).
Esta capacidad fue clave durante décadas para la proyección de poder naval, disuasión, apoyo aéreo cercano y operaciones expedicionarias, diferenciando a España en el ámbito europeo y OTAN.
Las demás fuerzas que utilizaban esta plataforma, tal como Italia o Reino Unido, ya lo reemplazaron. En cambio, España lo mantiene y está la posibilidad de perder la aviación de ala fija embarcada sin un sucesor directo.
España descartó reemplazar estos aviones
Italia y Reino Unido ya se consolidaron con el F-35B, la única opción directa de reemplazo con capacidades VTOL equivalentes. Pero España decidió descartar su adquisición en 2025 y no tiene planes a futuro de cambiar de idea, según informó Zona Militar.

El Jefe de Estado Mayor de la Armada (AJEMA), Almirante General Antonio Piñeiro, confirmó los esfuerzos para sostener los Harrier hasta 2032 mediante acuerdos de mantenimiento con la US Navy (hasta 2028) y posible adquisición de aeronaves para repuestos.
¿Qué problemas podría enfrentar la Armada española?
Sin la renovación de estas aeronaves, la Armada podría quedar sin ala fija naval en la próxima década. Y es que el portaaviones Juan Carlos I no opera aviones de ala fija convencionales (solo VTOL o helicópteros), por lo que una baja sin reemplazo implicaría:
- Pérdida de capacidad de proyección aérea embarcada de alto rendimiento.
- Dependencia de helicópteros y aviones de patrulla marítima para misiones de ataque.
- Menor contribución en escenarios OTAN o conflictos de alta intensidad.












