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Optimista de vocación, el actual ministro del Interior nunca se negó a aceptar los desafíos más complejos. Le gusta el riesgo y la velocidad, tanto que acompaña a su hijo Nicanor cada vez que tiene una competencia en el Turismo de Carretera.

Simpático, entrador, Diego Santilli es el perfecto peronista “portador sano”, como decía un exministro del Interior, Aníbal Fernández. No se pelea con nadie, busca empatizar, contener y darle al otro siempre la razón. Como la realidad siempre plantea límites, explica con tranquilidad por qué no es posible concretar lo que piden. Nadie se enoja con él, tampoco.

Tuvo a su cargo muchos temas que fueron brasa ardiente, pero nada lo quemó. Acompañó a Hugo Franco en la devastada Dirección Nacional de Migraciones, que necesitaba un contador y Cristian Ritondo lo recomendó. Por entonces, el “Colo” era subsecretario en el Ministerio del Interior y Carlos Corach respaldó el pase de funciones. Era importante sacar a la Dirección Nacional de Migraciones después de que el traficante de armas perseguido por en muchos países, el sirio Monser al-Kasar, obtuvo un polémico pasaporte en su gestión. Gobernaba Carlos Menem.

Por ese tiempo, Ritondo colaboraba con Miguel Angel Toma en la Secretaría de Seguridad, y cuando Santilli llegó a Migraciones al actual presidente del PRO de la provincia lo designaron en la Subsecretaría de Juventud. Eran jóvenes pero documentados, y en esa gestión iniciaron una larga carrera política.

Primero como candidatos en la lista de Daniel Scioli, para luego pasarse al PRO cuando el motonauta se fue la provincia y dejó colgada a la Ciudad. Ritondo fue el primer candidato a diputado nacional por el PRO y Santilli primer candidato a legislador.

Desde entonces, Santilli y Ritondo tuvieron sus idas y venidas. Se quieren, pero también se celan. Se ayudan, pero también se desconfían. Ritondo fue el que criticó frente a la prensa que le sacaran a Santilli áreas de influencia del Ministerio. Lo hizo al terminar la ceremonia de jura, cuando familiares y amigos se retiraban. Ritondo habló francamente ante una pregunta. Pero en el Gobierno están convencidos de que fue acordado entre ambos. Y aunque no dijeron nada en Casas Rosada, todo indicaría que a Karina Milei le pareció un gesto temerario.

El mismo acto fue polémico para los parámetros libertarios. Como era obvio, estaba lleno de dirigentes del PRO y se parecía, más bien, a un acto peronista. Risas, chistes, cierto desorden, grandes aplausos para el recién asumido. Javier Milei se lo hizo notar. La idea, siempre, fue separar a Santilli del PRO, no traer el PRO a la Casa Rosada.

Cuándo se conoció con Javier Milei

Santilli y Ritondo conocieron a Javier y Karina en la casa de Acassuso de Mauricio Macri. El “Colo” tenía su destino ligado a Horacio Rodríguez Larreta, de quien fue su candidato a gobernador en las PASO que el ex jefe de Gobierno perdió, y también Santilli, que perdió frente a Néstor Grindetti.

De allí, ambos - Ritondo y Santilli - volvieron convencidos de que buscar una coalición desde el PRO, y ayudar en todo lo que los libertarios no tenían. Ritondo se retiró convencido de que sería presidente de la Cámara de Diputados y Santilli de que sería candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Ritondo no lo logró y lo de Santilli está por verse. Tiene una fuerte competencia de Sebastián Pareja y carece de una estructura de armado territorial por fuera del PRO.

La historia reciente se conoce. El carismático “Colo” que aspiraba a encabezar la lista aceptó el tercer lugar, y terminó primero por una carambola imposible de imaginar antes. Su esfuerzo fue tan descomunal que le terminaron ofreciendo el Ministerio del Interior, que aceptó sin dudarlo. Así se transformó en el Ministro del Interior más controlado desde el inicio de la democracia.

No usa el despacho que le corresponde al Ministro, sino el que usualmente utiliza un secretario de Estado. La oficina ministerial le quedó para el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Tampoco pudo designar al personal que esperaba. No un segundo, ni un tercero, ni siquiera un vocero. Además del titular del Renaper, cuya designación fue oficializada la semana que pasó, tiene muy poco equipo. La jefa de prensa, por ejemplo, trabaja pero desde afuera. Y, por supuesto, las responsabilidades de Santilli están muy acotadas.

No solo mantiene las reuniones con los gobernadores con Adorni al lado, sino que el Jefe de Gabinete lo acompañó a Santilli hasta a saludar a la Sala de Periodistas. No lo dejan solo ni en eso. De hecho, su relación con los periodistas acreditados cambió drásticamente. Antes iba y venía y hablaba, en off y en on, con la destreza que todos le conocen: sabe no decir nada cuando nada quiere decir.

Tampoco los libertarios le aceptan eso. Quizás porque temen por sus ambiciones a ser gobernador de la provincia de Buenos Aires, lo que nunca ocultó.

Los libertarios no van a permitir que utilice el cargo para posicionarse.

Santilli se quejó durante años por la desconfianza que Mauricio Macri le demostraba. A él, y a todos los peronistas del PRO. Y se quejaba. Ahora no puede. Por eso, un amigo que lo conoce mucho dice: “Yo sabía que iba a ser así, por eso jamás quise un cargo con ellos”.