Gabriel Rubinstein, ex viceministro de Economía durante la gestión de Sergio Massa, advirtió este martes que cualquier candidato que dispute la presidencia contra Javier Milei generará automáticamente una expectativa de dólar más alto entre inversores y ahorristas, con el riesgo de desestabilizar la calma cambiaria que hoy vive la Argentina.
“Cualquiera que no sea Milei va a despertar la percepción de que el dólar va a estar más alto en el futuro”, sostuvo en el programa Ahora Play. “Puede ser alguien designado por Macri hasta Kicillof. Todos van a tener algún tipo de discurso de defensa de la industria y de defensa de la compra de reservas al Banco Central.”
Para Rubinstein, la tranquilidad cambiaria actual no descansa sobre fundamentos sólidos sino sobre un respaldo político explícito de Estados Unidos: “Es Trump ayudando a Milei. No es Estados Unidos ayudando a la Argentina”, explicó. Un paraguas que, por su propia naturaleza, es personal y no institucional, y que ningún otro candidato podría garantizar.
La advertencia cobra peso viniendo de quien viene. Rubinstein es conocido por su perfil ortodoxo dentro de la city porteña y no habla desde la oposición al modelo: “El ajuste fiscal de Milei es el que yo hubiera querido hacer con Massa, pero no pude para nada”, admitió.
Por qué el dólar está tranquilo y hasta cuándo
Rubinstein distinguió entre dos tipos de problemas: el de flujos y el de stocks. En el primero —exportaciones, importaciones, turismo, ingresos de capitales— el balance hoy es manejable: el dólar ahorro se lleva unos 2.000 millones por mes, las importaciones mantienen cierto nivel impulsadas por el consumo y las exportaciones compensan las salidas. “Más o menos ahí la vas llevando”, dijo.
El problema está en los stocks: los 120.000 millones de dólares equivalentes en pesos que circulan en la economía entre circulante, depósitos bancarios y bonos con vencimiento próximo. Ese volumen es la variable que el gobierno no puede controlar por la vía de la política cambiaria ordinaria, explicó Rubinstein. Si ante un resultado electoral adverso los tenedores de esos pesos deciden dolarizarse, ningún Banco Central tiene reservas suficientes para absorber esa demanda.
La estabilidad actual tiene además un segundo pilar: el esquema de bandas cambiarias, donde el mercado opera entre un piso y un techo fijados por el Central. Con el respaldo de Estados Unidos detrás, ningún operador financiero tiene incentivos para ir contra el peso: posicionarse un 5% o 7% por debajo del techo es la conducta racional.
“Es ridículo ir contra el que da la maquinita de dólares”, graficó. Y desde ahí, aclaró, el gobierno puede comprar reservas y mostrar una calma financiera que en los flujos tiene sustento pero en los stocks esconde una fragilidad estructural.
Las reservas y la pelea con el FMI
Rubinstein describió un malestar técnico del FMI con Argentina que, sin embargo, no escalará por el paraguas político de Estados Unidos. “[En] casi todos los temas estás medio mal”, sintetizó.
El conflicto tiene historia: apenas firmado el último acuerdo, con u$s 12.000 millones desembolsados, el vicepresidente del BCRA Vladimir Werning salió a decir públicamente que no necesitaban reservas. “Eso es como decirle al Fondo: te firmamos una cosa pero hacemos completamente otra”, resumió. Ese episodio dejó, según Rubinstein, un resentimiento que nunca se disipó del todo.
Todo el discurso oficial, que sostenía que Argentina no necesitaba acumular reservas y que solo compraría en el piso de la banda, quedó sepultado desde que el gobierno retomó las compras de divisas.
En lo fiscal, el panorama tampoco es prolijo: el gobierno prometió un superávit primario de 2,5% del PBI, el presupuesto contempla entre 1,3% y 1,5% y según trascendidos se habría comunicado informalmente un 2,2%. “Hay un malestar”, sintetizó, “pero no se va a transformar en algo importante” dado el contexto político.
Sobre la acumulación reciente de divisas, Rubinstein reconoció los logros pero advirtió que el problema es la retención: “La mayoría de los dólares se les van, no se quedan”. E insistió en que la prioridad debería ser otra: “En este momento tenés que dejar en segundo plano eso y comprar dólares y retenerlos en el Banco Central. Porque si no los retenés es un problema para el gobierno.”