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Hace algunas semanas, el ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que el dato de actividad económica de febrero podría registrar una caída. Esta semana, el INDEC ratificó sus dichos, aunque el funcionario justificó el resultado: “El mes contó con dos días hábiles menos que en 2025, además de haberse registrado un paro general”.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se contrajo un 2,6% frente a enero y cayó 2,1% en la comparación interanual. El nivel de actividad sigue siendo un punto de debate en un contexto donde la economía se sitúa en una tendencia “con forma de K”.
“En los primeros dos meses, la actividad acumula una caída de 2,3%. La baja de febrero deja un arrastre de -0,2% para lo que resta del año”, consignan desde la consultora LCG.
Los sectores muestran un desempeño heterogéneo: los vinculados al comercio exterior —en particular el agro y la energía— traccionan el crecimiento, mientras que los más intensivos en empleo, como el comercio, la industria y la construcción, siguen rezagados.
La incógnita es si los sectores “perdedores” comenzarán a recuperar terreno, especialmente porque el último dato del EMAE muestra que la demanda interna no logra recuperarse, afectada por la caída del poder adquisitivo y la falta de acceso al crédito.
La evolución del salario real es una variable clave para que el consumo interno reactive sectores como la industria y el comercio. En comparación con noviembre de 2023, los salarios de los trabajadores formales del sector privado cayeron en términos reales un 3,5% a febrero de 2026. El análisis, procesado por el IARAF, tomó en consideración el último dato disponible: en febrero, los salarios privados registrados (2,4%) crecieron menos que la inflación mensual (2,9%).
El punto es que, para que los ingresos recuperen terreno, el índice de inflación tiene que desacelerarse. En ese sentido, algunas consultoras estiman que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril estaría por debajo del 3%, luego de que en marzo se ubicara en 3,4%.
Analytica proyecta, al término de la tercera semana de abril, un índice en torno al 2,8% mensual, lo cual implicaría una desaceleración de 0,6 puntos porcentuales. El objetivo de base es que esa tendencia a la baja se sostenga en los próximos meses.
En un encuentro organizado por BAVSA, el economista Fernando Marull proyectó un escenario base de crecimiento moderado de la actividad para los próximos meses, pero aclaró que se necesitarán ciertas condiciones: un rebote de los salarios reales y una menor tasa de interés.
“La clave es la inflación, que tiene que bajar para que los salarios reales reboten. Si no baja la inflación, mi escenario de rebote moderado no se va a cumplir, ni el del Gobierno de ‘los 18 mejores meses’. Si los salarios siguen cayendo, empezamos a pensar que el apoyo al Gobierno va a ir bajando y se configuraría, no el escenario que uno tiene, sino un escenario negativo —al que hoy le asigno baja probabilidad— en el que la actividad no reactive”, sostuvo el socio de FMyA.
La erosión del poder adquisitivo se profundiza y, por lo tanto, presiona las negociaciones salariales al alza. En concreto, la desaceleración de la inflación es una condición sine qua non para que la economía siga dinamizándose bajo parámetros de normalidad.
“La recuperación del salario, consumo, ahorro e inversión serán consecuencia gradual, aunque a distintas velocidades”, explicó Fernando Baer, economista jefe de Quantum Finanzas.
Ahora bien, una tasa de inflación más baja no es suficiente para reactivar el consumo. Es evidente que hay una recuperación desigual, con minería, agro e intermediación financiera empujando, pero con sectores muy débiles (industria, comercio y construcción) que son, precisamente, los más intensivos en empleo.
Para que el consumo repunte, se necesita que la mejora en el salario real esté acompañada de una recuperación del empleo. Los últimos datos dan cuenta sobre las marcadas diferencias sectoriales.
Según datos publicados por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, “Industria y Comercio siguen liderando la pérdida de empleo desde septiembre de 2025″. Ambas caídas, señalaron, acompañan la contracción del nivel de actividad sectorial. En el caso puntual de la industria, se perdieron casi 73.000 puestos en más de dos años, de los cuales alrededor de 43.000 corresponden al período enero 2025-enero 2026.
Hay algo paradójico. Entre enero de 2025 y enero de 2026 se observa que algunos sectores reducen la cantidad de trabajadores en un contexto de crecimiento del nivel de actividad del sector: Intermediación Financiera (+26% en actividad, -3% en empleo), Agro y pesca (+41% y -1%) y Minería (+17% y -8%), entre otros.
Financiamiento
Pero también hay que poner bajo la lupa al financiamiento, ya que la normalización del crédito es un factor relevante para reactivar la producción.
Justamente, la desaceleración de la inflación contribuirá a una mejora en el nivel de actividad con tasas a la baja. Sin embargo, si el IPC “no se relaja”, las tasas se mantendrán altas y volátiles, tal como comentaron a El Cronista hace algunas semanas.
“Desde el punto de vista del acceso al financiamiento del sector privado, hoy las tasas en pesos son altas en términos reales, pero si se desarrollara más el mercado de capitales, los bancos podrían mejorar las condiciones de acceso mediante una mejor administración de los riesgos“, apuntó Baer.
En las últimas semanas, Caputo puso énfasis en esta cuestión. El ministro considera que los “dólares del colchón” deben volcarse al sistema financiero para fomentar el crédito al sector privado y permitir que la economía crezca.
“En el corto plazo, la variable clave es la recuperación del salario real. Si la inflación baja y los ingresos le empiezan a ganar, eso es lo que primero puede reactivar el consumo. El crédito viene después. Es importante para que la recuperación sea más amplia, sobre todo en bienes durables e industria, pero depende de lo anterior", advirtió Leonardo Anzalone, economista y director de CEPEC.
Desde su punto de vista, cualquier intento de reactivar el consumo vía financiamiento —que en la actualidad crece en segmentos puntuales, como en el caso de los créditos hipotecarios— “queda limitado si no hay una mejora real en los ingresos“.