La consultora Atlas Intel, en su trabajo conjunto con Bloomberg, publicó la edición de abril de 2026 de su monitor “Latam Pulse”. El informe ofrece un diagnóstico detallado sobre el humor social en la Argentina, en un momento donde la recomposición macroeconómica sigue siendo el eje central del debate público.
Los datos recolectados en el sondeo, al que tuvo acceso El Cronista, permiten observar cómo la marcha del programa de estabilización moldea el capital político de la dirigencia nacional en su conjunto.
El apartado más llamativo del estudio es el ranking de imagen de los líderes políticos, que presenta una novedad inusual en el tope de la tabla: el primer puesto en valoración positiva quedó en manos de una referente de la izquierda.
Myriam Bregman encabeza la lista con un 47% de imagen favorable frente a un 46% de rechazo, siendo además la única dirigente del listado que ostenta un diferencial positivo (+1pp), lo que sugiere una capitalización de cierto descontento en sectores específicos de la sociedad.
En el segundo y tercer lugar del ranking asoman los principales exponentes del kirchnerismo, quienes logran retener su núcleo duro de apoyo. El gobernador bonaerense Axel Kicillof registra un 46% de positividad y un 49% de negatividad, seguido de cerca por la expresidenta Cristina Kirchner, que obtiene un 41% a favor y un 53% en contra.
La figura de Javier Milei, por su parte, exhibe los síntomas lógicos de un desgaste asociado a la toma de decisiones para el ordenamiento de las cuentas públicas.
El Presidente se ubica con un 36% de imagen positiva y un 62% de negativa, retrocediendo un punto respecto al mes anterior. Pese a ser un llamado de atención para el oficialismo, estos números también puede ser interpretados como el costo asumido y previsible de ejecutar reformas estructurales profundas en la economía real sin anestesia.
Esta misma lectura se traslada a la evaluación general de la gestión libertaria. Ante la consulta sobre la aprobación o desaprobación del desempeño del mandatario, un 35,5% levanta el pulgar, mientras que un 63% se manifiesta en contra. A su vez, al calificar la administración, un 30,6% la considera excelente o buena, un 10,1% regular y un 59,3% mala o muy mala.
El rigor del escrutinio público también impacta sobre el resto de las figuras de La Libertad Avanza y el ecosistema gubernamental. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, retiene un 37% de imagen positiva y un 60% negativa, funcionando como la funcionaria de mayor solidez dentro del gabinete.
En cambio, el resto del oficialismo muestra mayores dificultades: el titular de Diputados Martín Menem anota un 29% a favor y 66% en contra, el asesor Santiago Caputo se ubica en 24% y 66%, la vicepresidenta Victoria Villarruel alcanza un 18% contra un 67% negativo, y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, registra un 16% de positividad frente a un nivel de rechazo del 75%.
El escenario no es mucho más alentador para los dirigentes de la oposición tradicional y el centro político, lo que confirma que la sociedad mantiene una mirada sumamente severa sobre toda la clase dirigente.
Mauricio Macri ostenta un 26% de imagen positiva y un 66% negativa, mientras que Sergio Massa cosecha un 28% y 60%, respectivamente. Más abajo aún en la consideración ciudadana aparecen nombres como Horacio Rodríguez Larreta (12% a favor, 72% en contra) o el expresidente Alberto Fernández, quien cierra la tabla con apenas un 10% de positividad y un contundente 81% de rechazo.
El mapa político que traza AtlasIntel expone a una ciudadanía al límite de sus esfuerzos económicos, donde prácticamente ninguna fuerza política logra salir indemne del proceso de transición. Para el Gobierno, el horizonte táctico reside en atravesar este momento sosteniendo la confianza de sus votantes incondicionales.
El pulso de la microeconomía: el puente de la transición
El concepto de “transición económica” encuentra su validación en el fuerte contraste que exponen los indicadores de confianza del estudio.
Existe una brecha notable entre la crudeza del presente y la esperanza depositada a futuro: mientras el Índice de Situación Actual se ubica en un terreno fuertemente negativo (-48,6), el Índice de Expectativas a seis meses exhibe una mejora sustancial (-19,5).
Esta dinámica dual se replica en materia de precios, donde la inflación percibida en el corto plazo muestra una curva al alza (31,7), pero la inflación esperada a futuro se mantiene aplanada en apenas 9,9. Los datos sugieren que la sociedad asimila la turbulencia del momento, pero aún le otorga un margen de crédito a la promesa de estabilización del programa oficial.
Sin embargo, el tránsito por ese “puente” hacia la normalización refleja un severo estrés en la microeconomía de los hogares. El monitor revela que un 50,1% de las familias ya cuenta con más de un trabajo o fuente de ingresos, y de ese universo, el 61% admite que lo hace estrictamente “para llegar a fin de mes”.
Las estrategias para lidiar con el reacomodamiento de los precios relativos son elocuentes: un 58,4% afirma haber ajustado su consumo general y casi la mitad (48,5%) tuvo que recortar gastos en alimentos.
Aún más sintomático de este escenario transitorio es el uso del crédito. Entre el 32,8% de los encuestados que debió endeudarse en el último año, un abrumador 82,8% destinó esos fondos a comprar comida y un 60,7% los utilizó para cubrir las facturas de servicios básicos como luz, gas o internet.