Los niveles de morosidad y el estrés en la cadena de pagos plantean un escenario de consumo presionado por la necesidad de cubrir las deudas y los gastos fijos, que corren al crédito de su rol de promotor de la actividad que supo tener hasta mediados de 2025 que sirvió para recuperar la caída de 2024.
Para este año, la atención se centra en la desinflación, la normalización del costo del crédito y la recuperación del poder adquisitivo. Mientras el Gobierno apuesta a dinamizar la actividad con los dólares del colchón.
La tasa de irregularidad en el sistema trepó al 13%, con mayor presión sobre las entidades no financieras, como las fintech, donde fue del 24,6%. Los créditos de montos menores a $1 millón presentan una mayor morosidad que los de montos superiores, más vinculados a la banca tradicional.
Este escenario de estrés en el financiamiento plantea un desafío para el consumo y la actividad en su conjunto. “Las eventuales recuperaciones del poder adquisitivo no irán sólo a incrementar la demanda interna, sino también a repagar deudas viejas”, deslizaron desde la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia.
Es así que la posibilidad de que el crédito recupere su rol como motor de actividad dependerá de la recuperación del salario real y la normalización de la tasa de interés. “El crédito fue en 2025 un amortiguador del ajuste en la actividad; sin embargo, en 2026, su capacidad de seguir cumpliendo ese rol será -de no mediar un cambio en los ingresos- necesariamente más limitado”, agregaron.
El consumo masivo ya de por sí mostró un desempeño dispar, pero la nueva incertidumbre es por los bienes durables, que impulsaron actividad en crisis como la construcción a partir del crédito hipotecario, que hoy se concentran en el Banco Nación, que en octubre dio 3 de cada 4 créditos, según estimó el economista Federico González Rouco.
Los motores
El año ya muestra una amplia disparidad. Los patentamientos abrieron el año con una suba del 174% mensual tras registrar 66.080 vehículos, aunque la dinámica entre los durables tampoco es uniforme. Mientras que el indicador de consumo de la Cámara Argentina de Comercio reflejó una caída en enero de 0,8% interanual y una suba del 0,7% contra diciembre en términos desestacionalizados.
La cámara conducida por Mario Grinman anticipó que “el consumo de bienes durables pone en suspenso su marcha tras meses de notable mejoría”.
Hacia adelante, son estos los que probarán en los próximos meses si pueden ganar terreno en el consumo de los hogares “desplazando a los de consumo masivo, o la composición del consumo de los hogares tiende a una mayor estabilidad relativa en esta dimensión, sin mayores cambios”.
“Nuestra proyección es de crecimiento para el consumo privado, pero leve”, sostuvo Claudio Caprarulo, director de Analytica. Coincidió en este punto Leonardo Alaniz, de Scentia, sostuvo que esperan una recuperación vinculada al dinamismo de los canales tradicionales, como almacenes y autoservicios, y por una lenta recuperación del poder adquisitivo. “Hay mucho consumo demorado en bienes de uso, autos, capacidad de ahorro, que va a dar una capacidad más lenta que la recuperación total de la economía”, marcó Alaniz.
Entre los factores que podrían explicar la recuperación, Caprarulo destacó “la desaceleración de la inflación, principalmente a partir del segundo trimestre, que permitiría cierta recuperación del consumo masivo mientras la apreciación cambiaria empujaría el consumo de los bienes durables. De todas formas, sin una mejora sostenida en el ingreso disponible de las familias no podemos proyectar un cambio marcado en la tendencia”.
Las familias no solo se ven presionadas por el pago de deudas, sino también por el aumento de los gastos fijos. El gasto en cuotas de créditos representa el 26,3% de la masa salarial, mientras que los gastos fijos demandan el 22,7% de los ingresos, un 7,4% más que hace dos años, según Empiria. Según Indec, el 53,5% de los supermercadistas encuestados consideran que la demanda es una traba para su actividad.
Pedro Martínez Gerber, economista de PxQ, sumó que además de la recuperación del crédito, que puede influir más en los bienes durables y semi-durables, el consumo de las familias “depende más del poder adquisitivo”. “La evolución de la masa salarial es el indicador a seguir para entender qué puede pasar con el consumo masivo”.
“La perspectiva no es muy auspiciosa, sobre todo para el consumo masivo”, agregó Martínez Gerber, que puntualizó que se superpone la pérdida del poder adquisitivo con la pérdida de empleo que le quita a los trabajadores capacidad de negociación.
Respecto de la recuperación del salario, Federico Pastrana, de CP Consultora, anticipó que la pauta salarial que rigió los años anteriores ya se rompió, pero no superan la inflación: “La pauta está rota. Varios acuerdos cerraron en enero por encima del 2% mensual. El promedio de las paritarias del mes fue por encima de eso. Pero siguen quedando debajo de la inflación mensual, por lo que no recuperan. En febrero esperamos que sea similar y recién en marzo veremos la reapertura de paritarias”.