Desde calzado hasta caucho, pasando por empresas que abastecen al sector energético como las metalúrgicas: ningún rubro de la industria de la Provincia de Buenos Aires se salva de un proceso de achique con despidos de hasta el 75% del personal.
En un encuentro organizado por la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA), empresarios de distintos sectores manufactureros y representantes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) compartieron una preocupación común: cómo sostener la producción y el empleo en actividades intensivas en mano de obra que sienten con mayor fuerza el cambio de modelo económico.
Alejandro Gentile, presidente de la UIPBA, advirtió que la situación comienza a reflejarse en los indicadores de la provincia. Buenos Aires ya perdió unas 1400 industrias y cerca de 45.000 puestos de trabajo, una tendencia que, aseguró, podría profundizarse si no se modifican las condiciones de competitividad. “En el último mes perdimos otras 100 empresas”, señaló.
Los actores del principal cordón industrial del país coincidieron en que el desafío dejó de ser únicamente la apertura de las importaciones y pasó a ser la competencia desleal en un escenario atravesado por la caída del mercado interno, el contrabando, la informalidad y el avance de las plataformas internacionales de venta directa.
De la apertura a la competencia desleal
Uno de los cambios más notorios respecto del debate que dominó el último año es que ninguno de los empresarios planteó volver a cerrar las importaciones. Por el contrario, el consenso fue que la economía necesita integrarse al mundo, pero bajo reglas que permitan competir en igualdad de condiciones.
Irini Wentinck, titular de WTK Conductores Eléctricos, sostuvo que las importaciones forman parte del funcionamiento normal de la industria porque muchas empresas necesitan insumos del exterior. Sin embargo, advirtió que resulta muy difícil competir con países que desarrollaron durante décadas políticas industriales, escalas productivas y estructuras de costos completamente diferentes.
“Las importaciones no son malas per se; son malas cuando tenemos que competir de manera desleal”, dijo Gentile y nombró entre los principales problemas el contrabando, la competencia informal, la presión tributaria y el ingreso de productos que no enfrentan los mismos costos que la producción local.
La discusión también incorporó un fenómeno relativamente nuevo para buena parte de las pymes industriales: el crecimiento de las plataformas internacionales de comercio electrónico.
“Antes competir con China implicaba tener un margen de 60 o 90 días. Hoy con Shein llegan en diez días a la puerta de la casa”, ejemplificó el titular de UIPBA. “Ese producto, ese zapato, esa remera, esa olla... no paga ni Ingresos Brutos ni tasas”, cuestionó y contrastó con la carga impositiva que soporta la industria nacional.
Pymes, caída del consumo y nuevos competidores
“Sabíamos que este cambio de modelo nos iba a poner rápidamente a competir con el producto importado. Lo que no imaginábamos era encontrarnos con un mercado que cada día consume menos”, explicó Mariano Mayo, que redujo de 60 a 15 el personal en su fábrica de calzados.
Según describió, muchas fábricas realizaron inversiones para mejorar productividad y eficiencia, pero hoy enfrentan un problema distinto: la combinación entre una demanda deprimida y costos elevados dificulta sostener tanto las plantas industriales como las redes comerciales.
Desde el sector metalúrgico, Adrián Pérez, secretario general de la UOM Quilmes, Varela y Berazategui, sostuvo que la situación también se refleja en el empleo. Afirmó que muchas empresas trabajan con niveles muy bajos de utilización de capacidad instalada y advirtió que la pérdida de puestos registrados golpea especialmente a la provincia de Buenos Aires. “Las familias llegan al 15 del mes”, dijo en reclamo por la caída del poder adquisitivo del salario.
Además, apuntó contra el aumento de la precarización laboral al contar que “en un radio de seis kilómetros tenemos dos empresas con la misma actividad y la nueva es apenas un galpón, con muy baja calidad de higiene y seguridad, no sumó empleo de calidad, sino informalidad”.
El reclamo: una “cancha pareja”
Más que pedir un cierre de la economía, los industriales concentraron sus reclamos en reducir lo que definieron como la “mochila” con la que compite la producción local.
Entre los puntos mencionados aparecieron la eliminación gradual de Ingresos Brutos para la industria, la reducción de la carga impositiva, el combate al contrabando y la informalidad, mayores controles sobre las importaciones ilegales y una ampliación de la base tributaria para aliviar la presión sobre las empresas formalizadas.
En ese punto también hubo coincidencias con el sindicalismo. Pérez sostuvo que las inspecciones deberían concentrarse en los sectores informales y no únicamente sobre las empresas registradas, mientras que Mayo reclamó que sea el Estado quien amplíe la base de contribuyentes para reducir la presión sobre quienes ya operan dentro del sistema.
Gentile fue un paso más allá y planteó que la discusión debería involucrar no sólo a empresarios y trabajadores, sino también a municipios, provincias y Nación. “Tenemos que borrar la grieta”, afirmó, al reclamar una agenda común para recuperar competitividad.
El dirigente cerró con una definición que sintetiza la preocupación que atravesó toda la jornada: “En el conurbano no hay soja, no hay gas, no hay petróleo; hay comercio e industria”.
Abajo del escenario, más de un empresario pyme reconoció que espera al 31 de diciembre para definir el cierre. La principal razón es que no quieren recurrir a endeudamiento y ya no tienen “espalda”.
Recalculando
Patricia Malnati lleva tres décadas al frente de Jomsalva S.A., una pyme de Merlo que fabrica compuestos de caucho para abastecer a industrias de autopartes, calzado, bicicletas y otros productos de goma.
La empresa importa las materias primas, desarrolla formulaciones específicas para cada cliente y produce un insumo que luego otras fábricas transforman en piezas terminadas. Sin embargo, ese lugar dentro de la cadena productiva es hoy, según explica, el más vulnerable frente al nuevo escenario comercial.
“La pieza de goma china nos está matando”, resumió en diálogo con El Cronista. El problema, explicó, no es que ingresen más insumos para producir en el país, sino que cada vez llegan más productos terminados, lo que llevó a muchos de sus propios clientes a abandonar la fabricación para convertirse en importadores.
“Mi cliente ya no necesita el compuesto de caucho porque directamente importa la pieza”, señaló.
La empresaria asegura que la situación se agravó por el crecimiento del contrabando y la subfacturación, especialmente en algunos segmentos como las cubiertas para bicicletas. “No competís en los mismos términos, competís contra algo totalmente distinto”, afirma.
El impacto ya se refleja en la estructura de la empresa. De los 40 empleados que tenía, hoy conserva 15, y reconoce que atraviesa momentos decisivos, analizando alternativas que le permitan reordenarse y seguir en carrera.
Malnati sostiene que incluso los sectores que hoy concentran inversiones, como la minería y Vaca Muerta, no lograron compensar la caída de la actividad. “Tengo clientes que trabajaban para Vaca Muerta, pero el distribuidor salió a importar y mi cliente también perdió el comprador”, indicó.
Para ella, el desafío no pasa por volver a cerrar la economía, sino por una transición que permita adaptarse a un escenario que considera irreversible. “La apertura mostró en qué lugar estamos industrialmente. No quisiera volver a una economía cerrada, pero abrir así no fue acertado”, concluyó.