En esta noticia
El superávit fiscal es el ancla innegociable para el gobierno de Javier Milei y, por lo tanto, si el equilibrio de las cuentas públicas lo permite, la actual administración dejó en claro desde un principio que avanzaría con la reducción y eliminación de impuestos.
En poco más de 26 meses, el Ejecutivo redujo los Derechos de Exportación (DEX) al campo —retenciones— y aranceles a la importación (textiles, calzado y bienes de capital), y además suprimió el impuesto PAIS, los aranceles a la importación de celulares y, recientemente con la aprobación de la reforma laboral, los impuestos internos vinculados al consumo (automóviles, telefonía celular y más).
Sin embargo, la estrategia del Gobierno para bajar impuestos requirió de una reducción del gasto público que, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), fue del 5,7% en términos del PBI durante los primeros 26 meses. No obstante, solo el 9% de la baja del gasto total anual (0,54% del PBI) derivó en la reducción de tributos y la eliminación del impuesto PAIS.
En Argentina, hay alrededor de 150 impuestos entre los distintos niveles de gobierno (Nación, provincias y municipios), aunque el problema no radica en la cantidad sino en que ciertos gravámenes entorpecen la competitividad. El dilema en cuestión es que 12 tributos (entre ellos Ingresos Brutos, los Derechos de Exportación, el impuesto al Cheque y las tasas municipales) concentran el 95% de la recaudación.
El verdadero desafío no es eliminar los impuestos de baja recaudación, sino deshacerse de “los malos impuestos que recaudan mucho”. Así lo considera Osvaldo Giordano, economista y presidente del IERAL de la Fundación Mediterránea.
Entre los tributos más distorsivos, el impuesto a los Ingresos Brutos representó el 4,1% del PBI en 2025, seguido por el impuesto a los Créditos y Débitos bancarios con el 1,7%. En menor medida, los Derechos de Exportación aportaron el 1,4% y la Tasa de Seguridad e Higiene, el 0,7%.
En un encuentro organizado junto a César Litvin, tributarista y socio del estudio Lisicki, Litvin & Abelovich, Giordano afirmó que, si bien Argentina tiene una presión tributaria de 27 puntos del PBI, eso no implica que tenga “altos impuestos”.
“Cuando uno mira la alícuota general del IVA en Argentina es 21%. Es bastante parecida a la que aplican países desarrollados, un poco más alta que la de Latinoamérica, pero tampoco hay ahí un desfasaje tan grande. Si lo comparamos con Uruguay, que le va bastante mejor, ellos tienen un IVA más alto que la Argentina. Por lo tanto, tampoco hay que quedarse con la idea de que si bajo un poco la alícuota del IVA me voy a salvar de este problema”, ilustró.
El economista está convencido de que el problema es que el sistema tributario está contaminado por malos impuestos. “Esa debería ser la reforma tributaria. No cómo bajar un impuesto, sino directamente cómo eliminarlos. Es decir, no es que tengamos un impuesto a los Ingresos Brutos muy alto, es que otros países no tienen Ingresos Brutos. No es que tengamos retenciones muy altas, los otros países no aplican retenciones. Y lo mismo con impuesto al Cheque, las tasas municipales o el impuesto a los Sellos. Ahí está el meollo”, sostuvo.
La dificultad de reducir o eliminar los “malos impuestos” no pasa únicamente por un aspecto recaudatorio, sino también por cómo se distribuye esa recaudación entre los distintos niveles de gobierno.
“Esperar a reducir gradualmente el gasto público y a que la economía crezca para luego bajar los impuestos no es coherente con las necesidades de las empresas”, consignó Giordano.
Impuestos: las medidas que proponen los especialistas para “oxigenar” el sistema tributario
En una entrevista con El Cronista, el presidente del IERAL reiteró la necesidad de llevar a cabo un “Súper IVA”, una propuesta que consiste en unificar tres impuestos (IVA, Ingresos Brutos y tasas municipales) con el objetivo de ganar transparencia y competitividad.
“En el medio de toda esta burocracia y todos estos problemas tenemos un montón de incumplimiento, que explica un poco por qué la carga tributaria promedio no es tan alta, pero para el que paga es altísima”, señaló.
Como antecedente, señaló la reforma fiscal impulsada por Brasil, con horizonte en 2033, que busca unificar y simplificar el sistema de consumo mediante la creación de un IVA Dual (nivel federal y subnacional —estatal y municipal—) y la eliminación de cinco tributos.
César Litvin, por su parte, propuso medidas específicas para aliviar la presión fiscal sobre los contribuyentes.
Al igual que Giordano, coincide en que Ingresos Brutos es el impuesto más distorsivo del sistema tributario. Si bien tiene un gran peso en términos de recaudación (cuatro puntos del PBI), el problema es el tributo en sí por su efecto acumulativo en cascada.
Por ello, el abogado tributarista propone “gravar solamente la venta minorista” —tal como sucede en Estados Unidos— o implementar un IVA provincial, en línea con la propuesta del “Súper IVA” que presentó su colega.
“El problema de Ingresos Brutos es el impuesto en sí. Es decir, no me cambia mucho si una provincia con mucho esfuerzo —y podemos hablar de experiencias en este sentido, me pasó a mí como ministro de Córdoba— dice ‘bueno, bajo un poco Ingresos Brutos’. Un tremendo esfuerzo desde el punto de vista fiscal y para el contribuyente no le cambia mucho la realidad, porque en realidad el problema es el impuesto en sí y no si la alícuota es 2,5% o 2,2%“, apuntó el presidente del IERAL.
Por otro lado, Litvin también sugirió abordar un aspecto clave del impuesto a las Ganancias: extender la amortización acelerada a todas las inversiones, no solo al RIMI y RIGI.
“En el medio hay empresas que no son pymes y que no les alcanza con 200 millones para invertir [mínimo de inversión para adherirse al RIGI]. Puede haber inversiones de 10, 20, 30, 40 y 50 millones de dólares que no tienen ningún beneficio. Me parece que la amortización acelerada debería ir para todos, porque esto va a generar más inversión y más trabajo”, remarcó.
Pero no fue la única sugerencia. También instó a modificar los quebrantos impositivos. “Tienen que estar no solamente actualizados, sino sin límite de tiempo. Las grandes inversiones requieren un tiempo muy largo de espera hasta generar utilidades. ¿Por qué vamos a limitar a cinco años? En el mundo la mayoría de las jurisdicciones no pone límite al cómputo de quebranto", consignó.
En otro orden de prioridades —siempre que el orden fiscal lo permita—, el especialista pidió avanzar con la eliminación de otros “impuestos malos” —Giordano dixit—, entre ellos los Derechos de Exportación (DEX), el impuesto a los Créditos y Débitos bancarios (impuesto al Cheque), impuesto a los Sellos —catalogado por Litvin como un tributo de la Edad Media— y todos aquellos gravámenes que son de escasa recaudación.
“Creo que hay que ir hacia el círculo virtuoso de la riqueza a partir de menos impuestos, más inversión, más empleo, más consumo, más actividad económica, menos planes sociales, menos pobreza y menos gasto público”, sostuvo.
Las reformas pendientes, según el FMI
El Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó la segunda revisión del programa con Argentina —firmado en abril de 2025— y, con ello, el Gobierno podrá acceder a un nuevo desembolso de u$s 1000 millones.
El organismo destacó la aprobación de leyes en el Congreso (Presupuesto 2026 y reforma laboral, entre otras) y el plan de acumulación de reservas a partir de los ajustes monetarios y cambiarios, pero instó a llevar a cabo reformas del marco tributario, previsional y fiscal que contribuyan a mejorar “aún más la calidad y la solidez de este pilar fiscal”.
En el frente fiscal, además, señalaron que el superávit continuará siendo el eje fundamental del programa, “en consonancia con un superávit primario del 1,4% del PBI este año”.
En el acuerdo original y en la primera revisión se había fijado una meta para este año equivalente al 2,2% del PBI. En el Presupuesto 2026, en cambio, se fijo como meta un superávit del 1,5% del PBI.