La escalada en el precio internacional del petróleo producto de la guerra en Medio Oriente tiene impactos directos en el metro cuadrado de las familias. Desde las subas del litro de nafta, el impacto en la inflación de marzo y hasta la problemática con los colectivos, debido a la disparada del gasoil y la necesidad del Gobierno nacional de incrementar los subsidios.

Con el anuncio de una tregua por 15 días anunciada el martes a la noche por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el barril de crudo se desplomó, al caer de u$s 110 a u$s 94, según el mercado de futuros Brent. Sin embargo, con las denuncias de Irán de que no se cumplieron los puntos solicitados, volvieron a cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde circula un quinto del petróleo global. Ello llevó a un recorte de la caída, y el precio del petróleo se encuentra en torno a los u$s 96 el barril este jueves a última hora.

Con el devenir de los hechos en Medio Oriente, el petróleo registró una baja de 11% en una semana. Sin embargo, no hay que esperar una caída en el precio de los combustibles. El litro de super se mantendrá entre $ 2000 y $ 2100 en el AMBA y la premium por encima de los $ 2300 el litro.

Desde que comenzó el conflicto, el barril trepó casi 50%, dado que a fines de febrero se encontraba en u$s 72. En marzo, los combustibles subieron en promedio 20%, con diferencias entre estaciones de servicio y diversas zonas del país.

Para entender el motivo detrás de que una baja del precio internacional del crudo no implique un descenso en el precio del litro de nafta hay que entender la política de precios de YPF, la principal petrolera del país que en estaciones de servicio tiene un market share del 55%, por lo que sus decisiones inevitablemente impactan en el resto de las marcas.

El miércoles primero de abril, en la previa a los feriados de Semana Santa, el CEO de YPF, Horacio Marín, anunció un mecanismo de amortiguación o “buffer” de precios para estabilizar el precio de las naftas por 45 días, es decir, hasta mediados de mayo. Marín aseguró que no se trató de un “congelamiento”, sino de un “acuerdo entre privados”.

Este acuerdo de precios internos consiste en que las refinadoras (como las de YPF) dejaron de comprarle a las productoras de petróleo el barril a precio de “paridad de exportación”, sino que pactaron un precio más bajo. Según fuentes del mercado, las refinadoras compraban el barril a un precio cercano a los u$s 90, por debajo de los u$s 110 que cotizaba hasta la semana pasada.

Marín informó que cuando bajara el precio internacional del crudo, ahí se iban a compensar las diferencias. Aunque el petróleo internacional cayó recientemente a niveles de u$s 95, sigue estando por encima de los u$s 90 que pagan las refinadoras locales. Por lo tanto, no hay una baja real en el costo del insumo de las productoras de combustible que pueda trasladarse al surtidor. Incluso, aunque la hubiera, cuando eso ocurra deberá compensarse el “crédito” que quedó a favor de las operadoras. Por tratarse de un “acuerdo entre privados”, no hay información pública al respecto.

Otro factor clave es el desfase temporal en la formación de precios, vinculado a la estrategia de micropricing que aplican petroleras como YPF. Cuando el barril se disparó, el traslado a surtidores no fue inmediato, sino que se dio de manera gradual y con cierto rezago. Por eso, ahora ocurre lo mismo a la inversa: una baja del Brent no implica una reducción automática en el precio de la nafta. Desde el sector explican que los precios no se ajustan día a día, sino en función de tendencias más consolidadas, en un contexto de alta volatilidad internacional. “No nos apuramos para subir ni para bajar”, sintetizan en la industria, donde sostienen que las decisiones se toman mirando promedios y no picos puntuales.

Además, en el caso de que efectivamente se consolide la tregua y baje el precio internacional del crudo, el Gobierno podría aprovechar para actualizar el impuesto a los combustibles, el cual mantuvo retrasado para neutralizar impactos en el precio final. En abril, directamente decidió posponer su aplicación. Se trata de un tributo clave que tenía el Gobierno este año para sostener la recaudación y el superávit fiscal, lo que neutralizaría cualquier posible reducción en el precio final.

Un punto que levantaron las estaciones de servicio es que los municipios hagan su aporte impositivo y bajen las tasas viales, donde hay zonas que ascienden a 4,5% del litro de nafta.

También hay que tener en cuenta que, incluso aunque se terminara la guerra, la estabilización de los precios globales no será inmediata debido a la recomposición del mercado después de 40 días de virtual cierre del Estrecho de Ormuz y a los daños en la infraestructura energética. Se estima que un barril en la zona de los u$s 60 recién podría verse hacia finales de 2027. Ese era el valor que se esperaba en enero de este año para 2025.