Después de semanas marcadas por la falta de agua y las heladas, la campaña de trigo empezó a mostrar un giro inesperado con las lluvias asociadas al inicio de la influencia de El Niño.
Las precipitaciones mejoraron las reservas de humedad en la región núcleo y permitieron recuperar parte del potencial productivo, pero al mismo tiempo encendieron una nueva señal de alerta: el riesgo de enfermedades que pueden afectar tanto el rendimiento como la calidad del cereal.
La Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) calificó a la primera semana de octubre como un “punto de inflexión”.
Según el informe, las precipitaciones llegaron en un momento clave para la definición del rendimiento del trigo y, allí donde se acumularon más de 40 milímetros, comenzaron a recuperarse los potenciales de producción.

La región recibió en promedio 48 milímetros y los cuadros en condición regular se redujeron al 2% del área, mientras que el 63% de los cultivos se ubica entre excelente y muy buena condición.
La mejora también empezó a reflejarse en las expectativas de los técnicos. En buena parte de la región vuelven a proyectarse rindes superiores a los 40 quintales por hectárea, con zonas donde incluso esperan entre 50 y 60 quintales, aunque todavía por debajo de los valores excepcionales alcanzados en la campaña pasada.
Del alivio al nuevo desafío
Sin embargo, el cambio de escenario climático también modificó la principal preocupación de los productores.
Especialistas de AZ Group advirtieron que el actual ambiente, caracterizado por elevada humedad, días nublados, lluvias frecuentes y temperaturas templadas, genera condiciones muy favorables para el desarrollo de la fusariosis, una enfermedad que ataca al trigo durante la floración.
El problema no es menor. La enfermedad reduce el llenado de los granos, deteriora la calidad panadera e incluso puede generar toxinas que limitan su destino comercial.

A diferencia de otras plagas, una vez que aparecen los síntomas prácticamente no tiene tratamiento, por lo que el control depende de aplicaciones preventivas de fungicidas antes de la floración.
“El trigo tiene expectativas de una muy buena cosecha, siempre y cuando atraviese sin problemas los riesgos criptogámicos”, resumieron desde AZ Group. Según explicaron, muchos productores comenzaron a anticipar compras de fungicidas ante la expectativa de un año con mayor presión de hongos.
Un Niño que empieza a sentirse
El cambio de escenario no se limita al trigo. La GEA sostiene que comenzó a consolidarse una circulación con mayor aporte de humedad desde el norte y noreste del país, propia de un evento Niño, y anticipa que las lluvias continuarán alternándose con períodos de mejora durante los próximos días.
En la misma línea, el meteorólogo Leonardo De Benedictis, de AZ Group, prevé una semana con elevada humedad, abundante nubosidad, lloviznas y lluvias débiles sobre gran parte del centro del país, mientras que los acumulados más importantes volverán a concentrarse en Cuyo, el noroeste patagónico y el noreste argentino.
En esa última región, además, ya comienzan a observarse crecidas en los ríos Paraná y Uruguay por las abundantes precipitaciones registradas río arriba.
La siembra de verano
El exceso de humedad también empieza a influir sobre la campaña gruesa. En el caso del maíz temprano, las lluvias frecuentes se sumaron a las bajas temperaturas registradas durante septiembre y retrasaron la implantación en algunos lotes.

Desde AZ Group advierten que, si las demoras se prolongan, parte del área prevista podría trasladarse hacia maíces tardíos.
El nuevo escenario climático también comenzó a modificar la estrategia de los productores para la campaña gruesa. Según la Guía Estratégica para el Agro, la mayor disponibilidad de humedad derivada del fenómeno El Niño lleva a algunos productores a replantear el manejo de la soja, aunque sin alterar por ahora el área prevista.
En distintas zonas de la región núcleo los técnicos anticipan que podrían adelantarse las fechas de siembra en los mejores ambientes, utilizar variedades de mayor potencial, incrementar el uso de semilla fiscalizada e incluso modificar la elección de ciclos para aprovechar una primavera con mejores condiciones hídricas.
En otras áreas, en cambio, la estrategia seguirá siendo respetar las fechas óptimas de implantación y ajustar las decisiones según evolucione el clima durante las próximas semanas.
Desde AZ Group coinciden en que la soja es, por ahora, el cultivo menos comprometido por el actual escenario. A diferencia del trigo, todavía dispone de una amplia ventana de siembra durante octubre y principios de noviembre, por lo que el principal condicionante pasa por encontrar “piso” en los lotes para el ingreso de las sembradoras, más que por el calendario.
Con este nuevo escenario, la campaña agrícola dio un giro. Después de varias semanas en las que la mayor preocupación era la falta de agua, el foco pasó a estar en administrar el exceso de humedad y evitar que las enfermedades comprometan la cosecha que vuelve a perfilarse como una de las principales fuentes de producción y divisas para la economía argentina.

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