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En un escenario de alta tensión global y baja competitividad por la suba de costos que desató el conflicto en Medio Oriente, los exportadores de la Argentina denuncia que la deuda millonaria por reintegros que el Gobierno paga “a discreción” asfixia a las empresas y limita la capacidad de generar más dólares.

El planteo fue parte central de una presentación que realizó la Camara de Exportadores de la República Argentina (CERA), a un año del “Liberation Day” donde analizó cómo se encuentra el país en el nuevo mapa mundial.

Fernando Landa, presidente de CERA explicó que la creciente rivalidad geopolítica, especialmente entre Estados Unidos y China, está redefiniendo las reglas del comercio y la inversión.

En ese sentido, destacó la competencia estratégica entre grandes potencias en tecnología, recursos estratégicos, defensa y gobernanza global; la reconfiguración de cadenas de comercio e inversión y el debate creciente sobre el rol del dólar en los sistemas de pagos internacionales.

Para Argentina, la región de Medio Oriente tiene relevancia comercial ya que es proveedor clave de fertilizantes utilizados en la producción agrícola argentina; aun así, las importaciones alcanzaron a u$s 683 millones (0,9%) mientras las exportaciones sumaron u$s 4656 millones en 2025 (5,3% del total).

Sin embargo, en lugar de estar concentrados en sortear las dificultades y aprovechar oportunidades que surgen por la mayor demanda de alimentos, energía y recursos naturales que favorece a la Argentina, los exportadores se enfocan en la batalla local.

A la carga tributaria local que se ubica en niveles elevados en relación con otras economías de desarrollo similar se la demora en la devolución de impuestos, como el IVA o los reintegros a la exportación, lo que genera acumulación de créditos fiscales en las empresas.

En febrero de 2025, los exportadores recibieron “0” en concepto de reintegros lo que generó ira, tras meses de “excesivas” demoras. Antes los reclamos a las autoridades de Economía, en el mes de marzo se hizo una devolución de u$s 45 millones en IVA y u$s 47 millones en reintegros, aun así, la cifra se encuentra “muy por debajo” de la media histórica, plantearon las autoridades de CERA.

Fuente: CERA - Atrasos en el pago de reintegros

El cero es un número muy particular. Es difícil que sea casual. Cero reintegros es una decisión”, señalaron. Además indicaron que mientras las exportaciones crecen (10%), los reintegros y devoluciones caen entorno al 28%.

Estos movimientos dejan ver que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) maneja “como la llave de un grifo” las devoluciones, se quejan, y ponen en duda el resultado de superávit fiscal, una de las metas clave del orden macroeconómico que del Gobierno de Javier Milei.

Estamos relevando casos de más o menos ocho meses de atraso. Tengo este papel que dice que me tendrías que devolver tantos dólares y me lo emitiste en septiembre del año pasado y estamos en marzo y todavía no me lo pagaron”, graficó Landa.

De acuerdo con el diagnóstico de CERA, estas demoras terminan implicando un costo financiero adicional para el sector exportador, ya que las compañías mantienen inmovilizados recursos durante largos períodos mientras esperan las compensaciones del Estado.

Aunque no arriesgan un número final, las empresas advierten que estas demoras contribuyen a sostener el superávit fiscal y, en forma indirecta, financian al sector importador. “El Estado centraliza los dólares generados por las exportaciones y luego decide cómo se distribuyen, lo que indirectamente termina financiando otras operaciones de la economía, incluidas importaciones”, dijo Landa.

El sistema funciona de manera acumulativa: al exportar, las empresas pagan impuestos internos que luego deberían ser devueltos porque el destino final de la producción es el mercado externo. Sin embargo, ese proceso suele extenderse en el tiempo y generar un cuello de botella financiero.

Un sistema que asfixia

Para los exportadores, el problema no es sólo la demora sino también la imprevisibilidad del sistema. Las devoluciones no siguen un cronograma claro y pueden variar de manera abrupta mes a mes.

No es que uno sabe que le van a devolver diez millones por mes. Un mes te pagan cinco, otro veinte y otro cero. ¿Cómo planificás así una empresa?”, cuestionaron.

El puerto de Qingdao, en la provincia de Shandong, en el este de ChinaFuente: XinHuaLi Ziheng

El esquema además genera un círculo financiero complejo: para recibir reintegros las empresas deben estar al día con todas sus obligaciones fiscales. Pero si la devolución se demora, muchas compañías se quedan sin liquidez para cumplir con esos pagos.

El escenario de devoluciones es asfixiante, porque si las empresas demoran el pago de cargas sociales pierden los reintegros”, explicaron.

Incluso cuando el Estado reconoce el atraso, el mecanismo de actualización resulta desfavorable. Mientras el fisco cobra intereses más altos por deudas tributarias, paga una tasa menor por las devoluciones pendientes. “El Estado básicamente se está financiando con nuestra plata, a una tasa más baja que la que nos cobra”, señalaron.

Impacto en el superávit fiscal

En el sector exportador entienden que las demoras responden a la prioridad que el Gobierno otorga a las cuentas públicas. Dado que las devoluciones impactan directamente en el resultado fiscal, postergar pagos ayuda a sostener el superávit en términos de caja.

Si yo te pago, mi superávit cae. Si no te pago, miro la caja y estoy bien”, resumieron durante la exposición.

Por eso, agregan, el debate no pasa por cuestionar el rumbo macroeconómico sino por revisar algunos mecanismos que afectan la competitividad y frenan el ingreso de más dólares al país.

En un contexto internacional cada vez más competitivo, sostienen que la Argentina debería reducir fricciones internas si busca expandir sus exportaciones. “No pedimos subsidios. Lo que pedimos es que no nos pisen: que nos devuelvan el IVA y los reintegros en tiempo y forma”, afirmaron.