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América Latina y el Caribe crecerá 2,1% en 2026 según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a pesar de los escenarios de volatilidad tanto por los aranceles de Estados Unidos como por el conflicto en medio oriente.

Para Argentina, el BID prevé un crecimiento superior al 3%, un recorte de un punto respecto de la proyección de 2025, pero duplicando el crecimiento esperado para otros grandes países de la región como Brasil y México. Con esta estimación, se ubica en línea con las expectativas del FMI, que proyectó un crecimiento del 4% para el año, casi el doble del promedio regional (2,3%).

El crecimiento de la región irá en línea con el promedio en el largo plazo y desde el BID destacaron la resiliencia de la actividad, aunque agrega que “acelerar el crecimiento inclusivo requerirá marcos macroeconómicos sólidos y reformas estructurales ambiciosas, junto con esfuerzos para aprovechar las oportunidades tecnológicas y de materias primas en medio de crecientes riesgos globales".

La proyección refleja una desaceleración gradual en comparación con el 2,2% anual registrado en 2025.

El informe destaca además que los niveles de desempleo en la región se han mantenido bajos y la inflación ha sido contenida en gran medida, mientras mejora la confianza inversora.

Además, da cuenta de niveles de endeudamiento históricamente bajos.

Por último, advierten que se bien se registraron logros en la región, “el crecimiento aún es insuficiente para cerrar las brechas de ingresos” y se mantienen niveles de deuda pública elevados, además de registrarse el aumento en el pago de intereses que ejerce presión sobre las finanzas públicas y las cuentas externas.

“Los países deben acelerar el crecimiento impulsado por la productividad, fortalecer las finanzas públicas y aprovechar las nuevas oportunidades que ofrecen la digitalización, la inteligencia artificial y la energía para elevar los niveles de vida y construir economías más resilientes e inclusivas”, dijo Laura Alfaro Maykall, economista jefe y consejera económica del BID.

Entre las limitaciones que encontraron para la región se destacan el débil crecimiento de la productividad, las condiciones de financiamiento todavía restrictivas por el nivel de las tasas de interés en el mundo, lo que se traduce en mayor costo de endeudamiento y presión fiscal y sobre las finanzas públicas, lo que recorta el margen de maniobra de las políticas públicas.

Argentina

El caso local ya se destacó en 2025 por posicionarse como el país con mayor crecimiento de la región. Para el BID, su desempeño fue similar al registro que otorgó a China.

Hacia 2026, mientras que en enero recortó la proyección para China, Argentina se mantiene encima del 3% y en el último mes mejoraron las expectativas para la actividad en 2026.

“Argentina se está recuperando con fuerza de la recesión, con un crecimiento previsto del 4,3% en 2025″, indicaron.

Litio, uno de los minerales críticos que Argentina puede aportar tanto a China como a Estados Unidos

El país es además uno de los grandes beneficiados en un sector que desde el BID destacan como factor que impulsará la actividad en la región: los minerales críticos.

Argentina firmó un acuerdo con Estados Unidos para consolidar un mercado común en occidente que priorice estos minerales, estabilice sus precios (en especial el del litio) y produzca stocks para hacer frente a shocks de producción.

“La creciente demanda mundial de minerales críticos asociados con la transición energética y la digitalización ofrece una fuente potencial de inversión, exportaciones y ganancias de productividad para algunas partes de la región”, plantearon desde el BID.

Para aprovechar esa coyuntura, debe darse la implementación de políticas que fortalezcan las instituciones, la infraestructura, el capital humano y garanticen que la riqueza de los recursos se traduzca en crecimiento duradero.

El organismo destacó la menor tasa de desocupación en la región, aunque advirtió que la baja de la tasa de natalidad entorpece el crecimiento empujado por el trabajo, lo que fuerza a la región a reorientarse en búsqueda de la mejor productividad.

“Las persistentes barreras estructurales y sociales siguen limitando las oportunidades económicas de las mujeres en América Latina y el Caribe. Una limitación fundamental es la distribución desigual del trabajo de cuidados no remunerado”, marcaron.

Para fomentar la resiliencia, recomienda reconstruir el espacio fiscal, reforzar las anclas fiscales y mantener el acceso al mercado, mejorar la flexibilidad del tipo de cambio, mejorar el diseño de la política fiscal, fortalecer los amortiguadores externos y las reservas para “mantenerlas sólidas para reforzar la confianza durante los episodios de endurecimiento financiero mundial, en particular para países con regímenes cambiarios fijos o muy controlados y con acceso limitado a fuentes diversificadas de financiamiento externo”.

También propone mejorar la resiliencia externa mediante herramientas de gestión de riesgo y profundizar los mercados financieros nacionales para ampliar la base de inversión y la expansión de los mercados de deuda en moneda local, algo que ya fue priorizado por el Gobierno argentino.