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El último dato oficial de actividad económica trajo cierto alivio para el gobierno de Javier Milei. El EMAE mostró una suba interanual del 5,5% y consolidó el rebote respecto de los peores meses de la recesión registrados al inicio de su gestión.

Exportaciones en alza, superávit fiscal, inflación en descenso. Los números grandes mejoran. Pero detrás de esos indicadores, ocurre algo diferente y en simultáneo. Hay cada vez queda menos dinero disponible después de pagar la luz, el gas, el agua y el colectivo. Esa tensión entre una macroeconomía, que parece haberle encontrado la mano el Gobierno, y una microeconomía que todavía no llega al bolsillo.

Hay una expresión en economía que describe con precisión lo que muchas familias argentinas sienten en su vida cotidiana: income squeeze, o “compresión del ingreso disponible”. La gente gana los mismo en términos nominales, pero cada vez más una porción creciente de ese ingreso se destina a pagar servicios que no tienen sustituto, como la luz, el gas, el agua, el transporte. Por ejemplo, Lo que antes sobraba para el supermercado, el cine o el ahorro, hoy se va antes de que la billetera pueda decidir otra cosa.

En la Argentina de 2026, este fenómeno tiene una causa específica y bastante identificada por algunos analistas identificada, que afecta a la corrección de los subsidios estatales a la energía y el transporte, los cuales durante años mantuvieron artificialmente bajos los precios de esos servicios.

¿Qué es el efecto squeeze?

El término income squeeze (o “efecto exprimidor”) describe una situación en la que los ingresos de los hogares quedan comprimidos entre, por un lado, salarios que crecen a un ritmo moderado y, por el otro, precios de bienes o servicios esenciales que suben mucho más rápido. El resultado es una reducción del ingreso disponible, es decir, el dinero que queda después de pagar lo ineludible. Esto ocurre a pesar de que el ingreso nominal no haya caído.

Tal como indica el Informe Focus Market, la Consultora dirigida por Damián Di Pace, y según la teoría económica, se trata de lo que los especialistas denominan “inflación por corrección de precios relativos”, que difiere de la inflación monetaria pura en tanto responde a un reordenamiento de precios y no a un exceso de dinero en circulación.

En Argentina, y según Di Pace, este squeeze tiene la particularidad de ocurrir por una “normalización de precios relativos” que estuvieron “artificialmente reprimidos por años de subsidios financiados con emisión monetaria”.

Una deuda recurrente, pero que ahora se paga diferente

Durante años, el Estado argentino financió parte del costo de la electricidad, el gas y el transporte de cada hogar. En 2023, el gasto en subsidios energéticos alcanzó los 2.654 millones de dólares, y el de transporte, 1.008 millones adicionales, sumando unos 4.092 millones entre energía, transporte y agua, equivalentes al 2,3% del PBI.

Para financiar esa diferencia, el Banco Central transfería pesos al Tesoro. Así, solo en 2023, los adelantos transitorios del BCRA sumaron $ 1,77 billones. En 2026, ese número es cero, explica Di Pace en su informe.

Según el Ministerio de Capital Humano de la Nación, que publica el índice RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables), el salario promedio formal pasó de $239.883 en marzo de 2023 a $1.734.357 en marzo de 2026, una suba del 623%. Sin embargo, ese crecimiento quedó muy por debajo de la mayoría de los servicios públicos, cuyo atraso tarifario se venía acumulando por años.

El Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) registra que la tarifa eléctrica residencial acumuló una suba del 1.070% en ese período, mientras que el Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS) da cuenta de un aumento del 1.930% en la tarifa de gas residencial. Ambos organismos coinciden en que los incrementos responden a la necesidad de reflejar los costos reales de producción y distribución, que durante años fueron cubiertos por el subsidio estatal.

Fuentes: Focus Market en base a RIPTE (Ministerio de Capital Humano); tarifas ENRE, ENARGAS, Secretaría de Transporte, IIEP UBA, ENACOM, Comparación marzo 2023 – marzo 2026

Como señala el informe de Focus Market, “el ciudadano pagaba una factura de luz barata, pero pagaba en otro lado: a través de precios más altos en el supermercado, en el alquiler, en todo.” Al cerrar esa canilla, el costo de producir y distribuir energía y transporte comenzó a trasladarse directamente a las facturas de los usuarios.

El proceso, técnicamente llamado corrección de precios relativos, es doloroso en el corto plazo, pero muchos economistas lo consideran necesario para “ordenar las cuentas públicas y, en definitiva, reducir la inflación estructural”.

Los números que indican qué tan grande fue el ajuste

En diciembre de 2023, un hogar tipo del AMBA pagaba unos $ 3.664 por la electricidad y $ 1.380 por el gas. Hoy, esas mismas facturas rondan los $ 42.887 y los $ 28.025, respectivamente.

Según datos del informe de Focus Market en base a RIPTE, ENRE, ENARGAS, Secretaría de Transporte, IIEP UBA y ENACOM, la variación acumulada entre marzo de 2023 y marzo de 2026 fue:

  • Colectivo (por viaje): +3.138%
  • Agua: +2.236%
  • Subte: +2.079%
  • Gas: +1.930%
  • Electricidad: +1.070%
  • Salario formal (RIPTE): +623%

La siguiente comparación muestra cómo cambió el peso de cada servicio como porcentaje del salario:

Servicio% del salario 2023% del salario 2026
Colectivo (60 viajes/mes)1,3%5,8%
Agua0,6%2,0%
Subte (30 viajes/mes)0,7%2,0%
Gas0,6%1,6%
Electricidad1,5%2,5%
Medicina prepaga (fam. 4)43,8%40,0%
Colegio privado16,1%11,9%
Seguro de auto7,1%5,9%

Los servicios privados, como medicina prepaga, colegios, seguros, también subieron, pero lo hicieron acompañando la inflación. Su peso en el salario bajó. Los servicios públicos subsidiados, en cambio, tenían tanto retraso acumulado que su corrección multiplicó varias veces la inflación general.

Al respecto, Damián Di Pace, director de Focus Market, señaló: “La reducción de subsidios nacionales implica, en el corto plazo, una compresión del ingreso disponible de las familias argentinas porque aumenta el peso de tarifas y servicios sobre el presupuesto mensual. Sin embargo, desde una mirada macroeconómica, corregir estos desequilibrios es necesario para ordenar las cuentas públicas, reducir emisión monetaria y generar condiciones más sostenibles para bajar la inflación en el mediano plazo.”

La baja de la inflación: de 25,5% mensual a 2–4%

El proceso de corrección de precios relativos dejó su huella en el índice de precios. Según el INDEC, en diciembre de 2023, con el primer gran ajuste tarifario en marcha, la inflación general fue del 25,5% en un solo mes. El IPC de regulados llegó al 26,6% en enero de 2024, al 21,1% en febrero, al 18,1% en marzo.

Desde ahí, la tendencia fue de baja sostenida: 4,2% en mayo de 2024, 2,4% en octubre, y desde entonces oscilando entre el 2% y el 4% mensual. En 2026, el IPC de regulados corre por encima o en línea con el general.

Entre enero de 2023 y marzo de 2026, la inflación acumulada fue del 875% en el índice general y del 1.120% en el componente de precios regulados, es decir, 245 puntos porcentuales más.

El subsidio esconde emisión e inflación Fuentes: Focus MarketFocus Market

Como indicó el informe de Focus Market, “esa brecha es exactamente la magnitud de la distorsión que se estaba corrigiendo”. Y agregó: “La inflación de 2024 no fue solo inercia: fue en buena parte la factura diferida de años de precios artificiales pasando al frente de golpe”.

Di Pace precisó además que “lo que hay de inflación hoy no es del mismo tipo que la de 2023. Ya no es inflación por exceso de emisión monetaria, el grifo de los adelantos transitorios está cerrado. Es, en buena medida, el reordenamiento final de precios relativos que todavía no terminó de acomodarse”.

El impacto en el consumo: el supermercado paga la cuenta

Cuando los servicios básicos consumen una porción mayor del sueldo, algo debe ceder. Y lo que cede, en general, es el gasto discrecional: el supermercado, el shopping, el comercio minorista.

El índice de ventas en supermercados desestacionalizado pasó de 93,1 en febrero de 2023 a 81,8 en febrero de 2026: una caída del 12,1% en términos reales.

“El dinero no desaparece: cambia de destino. Lo que antes se gastaba en el supermercado hoy se va en el colectivo, el subte o la factura del gas".Focus Market

Desde Focus Market indicaron que “es como si uno de cada ocho productos que se vendían en 2023 hoy simplemente no se vendiera, como si todos los supermercados del país cerraran un día y medio por mes comparado con tres años atrás.” Asimismo, los shoppings cayeron un 2,3% en el mismo período.

Los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sostuvieron en su índice de ventas minoristas que el piso se tocó en enero de 2024 con una caída interanual del 28,5%. En enero de 2025 llegó a crecer un 25,5% interanual, traccionado por la baja de la inflación y cierta recuperación del salario real. Pero desde mayo de 2025 el índice volvió a territorio negativo y en abril de 2026 marca una caída del 1,3% interanual, todavía por debajo de los niveles de fines de 2023.

Ese estancamiento del consumo no es un dato menor en términos macroeconómicos. El consumo privado representa aproximadamente el 70% del PBI. Varios análisis advierten que si continúa sin recuperarse con fuerza, su freno actuará como un techo sobre el crecimiento agregado, más allá de lo que aporten el agro, la energía o las exportaciones.

La recuperación existe, señalan distintas consultoras, pero con una composición distinta a la de otros ciclos expansivos, la cual indicaron que deberían estar menos apoyadas en el mercado interno y más dependiente de sectores exportadores y de generación de divisas.

El caso de los electrodomésticos es el más ilustrativo del cambio de comportamiento. En 2023, las ventas de línea blanca crecieron un 124% nominal; en 2024, un 159%. Con una inflación del 211% anual, comprar una heladera era una forma de protegerse de la depreciación del peso. En 2025, ese crecimiento cayó al 36,3%, acompañando la baja de la inflación y la disolución del incentivo de “ahorrar en bienes”.

La única excepción notable es la de los autos 0 km. Según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), los patentamientos de enero a marzo pasaron de 77.404 unidades en 2023 a 106.994 en 2026, un salto del 38%, impulsados por la reactivación del crédito prendario y la demanda acumulada de años de restricciones a las importaciones.

Como resumió el informe de Focus Market, “el dinero no desaparece: cambia de destino”. “Lo que antes se gastaba en el supermercado hoy se va en el colectivo, el subte o la factura del gas”, precisó.

El ajuste tarifario sigue en curso, remarcó el informe. Por ejemplo, las líneas de tren del AMBA tienen aumentos escalonados programados hasta septiembre de 2026. Para usuarios con SUBE registrada, la tarifa de la sección más corta (hasta 12 km) pasa de $ 330 en mayo a $ 530 en septiembre. Los viajes más largos, de más de 24 km, van de $ 528 a $ 848. Quienes viajen sin SUBE registrada pagarán tarifa plana de $ 1.100 en mayo a $ 1.700 en septiembre.

La contracara del squeeze: cuentas ordenadas y fin de la emisión

Toda corrección de este tipo tiene dos caras. Según el informe, el costo es visible y se siente de inmediato en el bolsillo. El beneficio es más gradual y menos palpable, pero no por eso menor.

En 2023, el déficit primario fue del 2,9% del PBI. La proyección para 2026 es un superávit del 1,5%, un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años.

Los adelantos transitorios del BCRA al Tesoro, que en 2023 sumaron 1,77 billones de pesos, son hoy cero. Según la CEPAL, en su análisis sobre política fiscal en América Latina, cuando los procesos de corrección de subsidios se sostienen con disciplina fiscal, tienden a generar condiciones más estables para el crecimiento en el mediano plazo, aunque el costo social de corto plazo requiere políticas de compensación focalizadas.

El principal desafío del ajuste de subsidios es su efecto sobre el consumo y el poder adquisitivo de los hogares. No obstante, si la economía no corrige precios relativos y mantiene esquemas financiados con emisión o endeudamiento, el resultado suele ser más inflación y mayor deterioro del salario real. En ese sentido, el costo actual busca evitar una erosión todavía más profunda de los ingresos de los argentinos en el futuro”, remarcó Di Pace.

Así también lo expresó Di Pace al referirse al origen del problema: “Durante años, la economía argentina funcionó con precios relativos distorsionados, donde tarifas, energía y transporte quedaron artificialmente atrasados frente al resto de los bienes. Cuando esas correcciones se postergan, el costo termina apareciendo vía inflación, déficit fiscal o pérdida de reservas. La normalización tiene impacto en el bolsillo, pero evita desequilibrios aún mayores hacia adelante.”

La inflación acumulada desde enero de 2023 a marzo de 2026 fue del 875%, mientras que el salario promedio formal subió un 623%. Esa diferencia representa la pérdida de poder adquisitivo real que sufrieron los trabajadores formales en ese período. Las familias están reasignando su gasto hacia servicios más caros, con un ingreso que en términos reales vale menos que hace tres años.

La discusión de fondo pareciera estar en si se puede transformar esa estabilidad de la macro en mejora del ingreso, del consumo y de la actividad en la economía real. Por lo pronto, Federico Moll, director de Ecolatina, para 2026 no se espera un boom en recuperación de salarios ni de consumo. El índice Líder de Di Tella ya registró en abril una caída en el Índice de Difusión hasta el 20%, lo que indica que cada vez menos sectores acompañan el crecimiento agregado.

Por último, según deja entrever el informe de Di Pace, eso explica buena parte de la presión que se siente en el consumo cotidiano y también “por qué la recuperación del poder adquisitivo es la otra cara indispensable de cualquier proceso de normalización que se pretenda sostenible en el tiempo”.