Qué decía Vilma Ibarra de Cristina en el 2015

El Cronista la entrevistó en mayo de ese año, cuando publicó su libro Cristina versus Cristina. Allí, la ex senadora y diputada mostraba las contradicciones del "relato" de la Presidenta, analizando sus intervenciones y discursos, antes y después de llegar al sillón de Rivadavia.

"La supervivencia del relato es un objetivo central para Cristina. Ella cree que de eso depende el lugar que ocupará en la historia y también la posibilidad de conservar importantes cuotas de poder y condicionar a los gobiernos". Esta es la tesis que sostiene Vilma Ibarra, exsenadora y diputada nacional, en Cristina versus Cristina.

El libro, de corte autobiográfico pero profundamente documentado con citas, intervenciones en el Congreso y notas periodísticas, refleja cómo la Presidenta fue a lo largo de los años mutando su discurso y acomodando sus posturas a fin de consolidar su espacio de poder.

¿Qué la llevó a escribir este libro?

- Terminé mi mandato en diciembre de 2011 y volví a dedicarme a mi actividad profesional como abogada. Pero sigo de cerca la política y por eso tuve la necesidad de reflexionar sobre una etapa de la que, como legisladora, fui protagonista. Explicar es explicarse. Y yo, que había ingresado al Senado en 2001 con (la lista de Rodolfo) Terragno por el Frepaso, ni siquiera había votado a (Néstor) Kirchner en 2003, pero me sentí muy identificada con su política de Derechos Humanos, y con la mejora en los indicadores sociales que se vió a lo largo de su mandato. Pero al mismo tiempo, creo que parte de ese camino se fue desandando en el gobierno de Cristina, especialmente durante su segundo mandato, y esto se ve claro en los temas de corrupción. La Presidenta era una ferviente defensora de la transparencia durante los gobiernos de Menem y la Alianza, propiciando la renuncia o la destitución de funcionarios sospechados de malversación. Pero hoy con su silencio protege a (Amado) Boudou y a (César) Milani, con el argumento de que la justicia no se expidió sobre su culpabilidad.

Usted cuenta en uno de los capítulos su primer encuentro con la Presidenta, siendo ambas senadoras. ¿Qué impresión le causó?

- Corría el año 2001, y si bien ambas estábamos en el Senado, yo no tenía trato con Cristina. La primera reunión se armó por iniciativa de Alberto Fernández y Aníbal (Ibarra), para analizar las posibles candidaturas en la ciudad de Buenos Aires.Recuerdo que (Cristina), apenas me vio me dijo: ¿Así que vos sos la hermana de Aníbal? Pero eso no me molestó. Las mujeres estamos acostumbradas a que nos referencien si tenemos un hermano, padre o pareja que ha tenido visibilidad pública Más allá de eso, me pareció una mujer muy decidida y combativa, pero a la vez muy agradable. De una gran inteligencia y capacidad discursiva. Donde ella está, se convierte en el centro

Justamente en su libro usted se dedica a mostrar las contradicciones de ese discurso

- Cristina siempre se mostró como una persona de fuertes convicciones, capaz de sostener las decisiones que toma. Pero la realidad muestra que ella es capaz de fijar una posición sobre un tema, y al tiempo defender con la misma vehemencia lo contrario.

¿En qué temas viró de postura la Presidenta?

- En el combate a la corrupción, por ejemplo. En 1996, desde el Senado, le pidió la renuncia al entonces ministro de Defensa Oscar Camilión -sospechado por el tráfico de armas a Croacia y Ecuador-, argumentando que "los ciudadanos tenemos derecho a que nos gobiernen personas intachables". Hoy, sin embargo, el tema corrupción desapareció de su discurso. También hubo cambios en temas vinculados al Federalismo. Cuando estaba en el Congreso, Cristina defendía la coparticipación federal a las provincias más chicas. Pero hoy desde la Presdencia les niega recursos a varias de ellas. O cuando en 2005 dijo en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado que era necesario "conservar las mayorías calificadas de las dos terceras partes (del Congreso) para la selección y destitución de jueces en el Jury de enjuiciamiento. Sin embargo, una vez en el Gobierno, la ley de Democratización de la Justicia, salió por mayoría simple.

¿Y respecto al papel del Congreso?

- Como legisladora, Cristina defendía el rol del Congreso. Y como presidenta, terminó dictando DNUs (decretos de necesidad y urgencia), evitando que el Congreso opine.

Su discurso económico, ¿fue siempre el mismo?

- Cristina en su momento apoyó las privatizaciones y la reelección de Menem. Hay versiones taquigráficas de sus intervenciones en el Congreso... Desde su bancada, bregaba por la transparencia y las cuentas claras. Pero desde el Ejecutivo desestructuró el sistema de estadísticas del Indec... Yo lo denuncié cuando estaba en el Senado, y el Gobierno nunca me lo perdonó. También se oponía a los blanqueos, y su administración estableció uno. Por un lado, ataca al HSBC por el lavado de dinero, y por el otro, sus leyes le permitirían a los titulares de las cuentas traer de nuevo la plata sin pagar un centavo...


¿Y qué hay de su defensa de los Derechos Humanos, en esto sí se mantuvo?

- Muchos acusan a Cristina y Néstor de no haber actuado en defensa de los Derechos Humanos durante la dictadura. Pero lo cierto es que, una vez retornada la democracia, su política en este sentido ha sido consistente. Lo que hubo fue una "reescritura hacia atrás", para mostrar una épica que no fue. De hecho, Cristina no peleó por la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto final, sino sólo por su derogación, lo cual impedía revisar las causas. Recién cuando Néstor Kirchner asumió como presidente y pidió la anulación de estas leyes, Cristina argumentó en este sentido.

¿Fue este acomodamiento del discurso cuando se está en el poder lo que la hizo alejarse de la política?

- No estoy alejada de la política. Mi libro es profundamente político. Simplemente no estoy participando de las contiendas electorales, aunque me interesa su desarrollo. En este momento, estoy apoyando, desde afuera, a Margarita Stolbizer. Creo en lo que ella representa: decencia e igualdad. Es lo que necesitamos en Argentina.

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