

Me sentí honrado y encantado cuando supe que el presidente argentino Javier Milei le regaló un ejemplar de mi libro, Defendiendo lo Indefendible I, a todo su gabinete. Tengo una deuda de gratitud enorme con este hombre, quien es uno de mis héroes por haber aportado una enorme libertad económica a su país. En su relativamente corto mandato, no solo está haciendo que Argentina sea “Great Again”, sino que lo está haciendo para todo el mundo. Milei ha demostrado a todos que incluso un país devastado por el socialismo puede volver a alcanzar la prosperidad.
A raíz del honor que representa para mí este gesto hacia mi libro, se han publicado más de dos docenas de artículos en la prensa argentina sobre este evento. Algunos de ellos han sido elogiosos, muchos han sido críticos, y algunos extremadamente tal. Lamentablemente, no puedo responder individualmente a cada uno de estos comentarios. Pero al leerlos todos, noté que muchos tienen en común mi tratamiento de tres elementos: la prostitución, la usura y la extorsión.

Yo soy libertario, y como tal, abordo todos los temas, incluidos estos tres, desde esta perspectiva. Esta filosofía es una teoría de la ley justa. Proclama que un sistema legal adecuado prohibiría todas las invasiones, toda violencia iniciada contra personas inocentes, o la amenaza de las mismas. Solo se prohibirían actos como el asesinato, el robo, el hurto, el fraude, el incendio premeditado, el secuestro, la esclavitud, la violación, etc. Todo lo demás sería legal.
Ahora, pensemos en la prostitución (entre adultos que dan su consentimiento, por supuesto). Yo, personalmente, me opongo a ella, y con vehemencia. No querría que mi esposa, mi hija, mi hermana, ninguna de mis parientes femeninas, ninguna de mis amigas, de hecho, ninguna mujer del planeta, se dedicara a esta práctica. Lo ideal sería que las mujeres, y también los hombres, mantuvieran relaciones sexuales basadas en el amor, la benevolencia, la atracción, etc., y no para ganar dinero.
Pero esa no es la pregunta que se plantean los libertarios. Más bien, la pregunta que se plantean es, ¿debería encarcelarse a las personas por dedicarse a esta práctica? La filosofía de la libertad responde rotundamente que no. La prostitución es un delito sin víctimas; no es ningún delito. Eso en cuanto a la deontología.
¿Pero qué hay del pragmatismo? ¿Qué efectos prácticos tendría la criminalización de la prostitución? ¿Acabaría esta con la profesión más antigua del mundo? Obvio que no. En cambio, la empujaría a la clandestinidad. Los delincuentes, sí, los delincuentes propiamente dichos, victimizarían a las mujeres. Al ser ilegal, las mujeres involucradas no podrían pedir protección a la policía. Las pruebas que respaldan esta afirmación abundan: la prostitución es legal en el estado de Nevada y en muchos países europeos, así como en otros lugares. Prácticamente no hay vulneraciones de derechos ni violaciones. Los clientes tienen la garantía de un servicio libre de enfermedades. ¿Realmente queremos meter a todas estas personas en la cárcel? Ninguna persona decente desearía eso.
Usura. Eso significa cobrar una tasa de interés más alta de lo que algún burócrata entrometido considera apropiado. Pero los controles de precios, sean del tipo que sean, perturban la economía, como demuestra cualquier curso de economía básica. Un techo de precios crea necesariamente escasez, ya sea para viviendas residenciales (¡menos mal que el presidente Milei eliminó el control de alquileres!), préstamos o cualquier otra cosa. Con las leyes contra la usura, los prestatarios desesperados recurrirán a los usureros de barrio, que les romperán las piernas por no pagar o los asesinarán para dar un ejemplo a otros. A esas personas les conviene mucho más acudir a un banco que les cobre un tipo de interés «usurario», que seguirá siendo inferior al del mercado negro, y que solo los demandará legalmente por impago.
En cuanto a la extorsión, ¿qué es esto? Imaginá que un delincuente se te acerca y te dice: «Tenés una tienda muy bonita, sería una pena que le pasara algo. Dame dinero y te voy a proteger». O: «tenés una hija muy bonita», etc. Afirmar que yo, siendo libertario, respaldaría una amenaza así, es nada menos que tergiversar a propósito lo que escribí en mi libro; si no es este el caso, es entonces tener un coeficiente intelectual tan bajo que no se explica cómo es posible que una persona así sea periodista para empezar. Con columnistas de este tipo, no es de extrañar que Argentina esté en tan mal estado. La tarea aparente del Sr. Milei es mejorar la economía de esta gran nación, pero parece que su trabajo también consistirá en limpiar los establos de Augías de editorialistas como estos.
Mis críticos más acérrimos odian este libro mío. Se enfurecerán aún más si llegan a leer los otros libros de la serie, Defendiendo II y III.
El Dr. Walter Block es un reconocido economista y teórico libertario estadounidense. Actualmente es titular de la cátedra Harold E. Wirth en la Escuela de Negocios de la Universidad Loyola Nueva Orleans. Es autor de más de 600 artículos académicos y de su célebre libro Defendiendo lo Indefendible.













