

Las elecciones presidenciales en la Argentina están sumidas en una dicotomía de preferencia sobre la nada misma. No hay elección racional. El peronismo K, a través de sus candidatos, propone seguir con este modelo y profundizarlo sobre los mismos eje, mientras que la oposición, encarnada principalmente por Mauricio Macri, pregona que la propuesta es el cambio, pero no hay propuestas concretas.
Se pretende que solo los slogans marquen el rumbo futuro del país. Es la estrategia histórica argentina fundamentada sobre amigo y enemigo. No existe una verdadera conciencia cívica de desarrollo y de bienestar estructural. Por eso es que la propuesta eleccionaria es de suma cero, carente de valor agregado: Campañas caras sin valor de ideas o debates.
Los argentinos se han olvidado de que alguna vez pertenecieron a un gran país, donde se pensaba, se discutía, se planificaba y se desarrollaban políticas de crecimiento social. Hoy apostamos por la inmediatez sobre lo trascendente. Se busca ganar con slogans y no con ideas. Somos vendedores, no estadistas. Son clientes, no ciudadanos.
Estas son las elecciones donde se habla más de las alianzas políticas por sobre la naturaleza sociopolítica de estas. Los slogans de esta campaña tienen caras y no ideas, y en consecuencia, lealtades y traiciones.
Hoy encontramos en las redes sociales la más clara expresión de la división que nos ha marcado: No importa como pienses o digas, si no estoy de acuerdo, estás equivocado. Peleas, maltratos y descalificaciones constantes entre los seguidores de los candidatos.
Los slogans confrontan y separan justamente porque carecen de las ideas que generan discusiones y acercan. La campañas en si mismas están planteadas como disolventes sociales involuntarias.
El emocionometro en las redes sociales nos dice que hay una gran frustración, angustia e incertidumbre personal y social generalizada. Los seguidores de la oposición creen que si perdemos se nos mata la esperanza, mientras que los seguidores del oficialismo que si perdemos se destruye lo logrado. La fiesta cívica de la democracia se opaca frente a la polarización.
El Cambio como slogan y la Continuidad son tan ridículamente lo mismo como verdad es que lo único permanente es el cambio. ¿Qué sigue un elector? A un candidato o a un modelo. En estas elecciones a ninguno de los dos, sino a los slogans planteados de estás con CFK o contra.










