Con la voluntad de ayudar a que baje el riesgo país, se reactive el crédito, despegue el consumo y la economía, el ministro Luis Caputo sorprendió hace semanas con una serie de pronósticos extremadamente alentadores para el futuro. Primero dijo que vienen ahora los 18 mejores meses de la historia económica del país, y remató afirmando que para Javier Milei las elecciones del año que viene van a ser “un paseo”. Agregó la semana pasada algo más audaz, que hasta podría resultarle un boomerang.
Contra la estrategia que venía presentando el oficialismo en términos electorales, el Ministro explicó que a su juicio no hay incertidumbres políticas que pongan en duda la continuidad de Milei para un segundo mandato. “Cero riesgo kuka”, sentenció con el dato engañoso que los gobernadores de PJ aliados al Gobierno no quieren saber nada con Cristina y Compañía. Como entonces no habría posibilidad de que regrese al poder el estatismo económico que representa Cristina Kirchner o Axel Kicillof, existe riesgo político cero en la Argentina para el futuro del actual modelo capitalista.
Probablemente ni el propio titular del Palacio de Hacienda se crea del todo ese argumento, que además podría colocarlo en una situación incómoda: cualquiera podría preguntarle entonces qué pasa, si finalmente el problema no sería él y su plan económico. Si fuera cierto que hay “cero riesgo kuka”, ¿por qué cuesta tanto que baje la inflación y el riesgo país? Algo pasa que no se logra del todo convencer a la gente con capacidad económica a que compre menos dólares y consuma más, que se reactive la demanda de crédito para inversiones. Se suman cada vez más economistas serios con objeciones al programa, dado el atraso cambiario con reservas netas que siguen siendo negativas.
Y como se viene advirtiendo en esta columna, absolutamente todos los estudios de opinión conocidos coinciden en que a la hora de evaluar la caída del Gobierno en las encuestas, pesa más el malhumor social por las dificultades económicas cotidianas que los disgustos políticos en los que está cada vez más enredado el oficialismo. Para la dicha o desgracia de los ministros de Economía en la Argentina, en la consideración pública importa más el bolsillo que cumplir la promesa de honrar a la Moral como política de Estado.
La realidad es que resulta obvia la presencia de riesgo político en la Argentina. Tanto por el pasado como por el presente, ni hablar si ahora se incluye el momento mundial. Lo inquietante del caso local es que la economía podría estar ahora afectada por un triple embrujo de riesgos cruzados. No está claro que alguno sobresalga, en todo caso podrían determinar efectos imprevisibles.
El llamado “Riesgo K”, en rigor se presenta hoy por partida doble. Por un lado la variante “kuka”, ya que no desaparecieron los temores a que el país regrese al modelo intervencionista, estatista y de impuestazos que representa Cristina, libre o encerrada, con sus nuevas y viejas máscaras más o menos presentables para el electorado independiente. En Wall Street el recuerdo de la experiencia fallida de Macri sigue presente. Es cierto que el elenco económico del ex presidente de Boca es prácticamente el mismo que el de Milei, pero las condiciones macro de hoy son más sólidas que las de 2018/2019. Como quiera que sea, los bonos que vencen después de 2027 rinden 200 o 300 puntos básicos más que los que terminan con el actual mandato del Presidente.
Y para colocar deuda afuera, finalmente el Gobierno tuvo que pedir primero la garantía del Tesoro de EE.UU. que fue negada, y ahora por suerte aceptó ser avalista el Banco Mundial, el BID y otros organismos. Pero cuidado que usar tanta garantía estatal para que los inversores internacionales presten no necesariamente bajaría el riesgo país. Aumenta la deuda con los Estados, sea el Tesoro o los organismos multilaterales. No se los puede defaultear ni renegociar quitas en las deudas con esos acreedores privilegiados en caso de una crisis. Significa más riesgo para los tenedores privados de bonos a los que sí habría que perjudicar, peor si cambiara de rumbo el futuro político en el país.
Lo novedoso es que aparece otra variante de riesgo K, una cepa que no puede decirse que sea nueva, pero que surge cada vez más en conversaciones entre hombres de negocios, entre ellos y con funcionarios. Entre funcionarios también, sobre todo del área económica, preocupados por sacarse la responsabilidad por los problemas de imagen del gobierno. Todo en estricta reserva y silencio, ya que se trata de un caso extremadamente sensible. Ese nuevo riesgo K tiene que ver con las dificultades que supuestamente Karina Milei le genera a su hermano en la gestión de Gobierno.
Desde el manejo del caso Adorni, la cada vez más polémica y cuestionada gestión en el área de Justicia a la hora de nombrar los nuevos jueces y fiscales, o el armado político contra el PRO y gobernadores aliados en Capital y las provincias. Se suman lógicamente a estos argumentos todos los rincones del Estado y los medios que simpatizan con Santiago Caputo, rival declarado de Karina. De allí aparece el rumor muy creíble que se lanzó para alimentar intrigas entre el Presidente, Karina y el Ministro de Economía. Llegó a oídos de los hermanos Milei que en la reunión que promocionó Mauricio Macri con el empresario Paolo Rocca, del que mejor se habló del actual gabinete fue justamente de Luis Caputo.
No todos tienen esa consideración tal alta del equipo económico. Al doble riesgo K, se suman cada vez más especialistas que apuntan un tercer ingrediente: el “Riesgo C o T”, en referencia a los problemas técnicos y de resultados que tiene el propio plan económico. Es la mirada de quienes recuerdan que en 2025 fue también la economía la que llevó a la derrota del Gobierno a manos de Kicillof en las elecciones de Buenos Aires. Ese resultado agravó la corrida financiera y si no hubiera existido el salvataje del Tesoro de EEUU el programa no llegaba a fin de año. Aún con leves mejoras en el arranque del segundo trimestre, lo que dejó el primero en materia económica fue muy pobre para la sociedad y el Gobierno.
Inflación en alza, salarios y poder adquisitivo en baja y la economía sin mejoras para la mayoría de los sectores, agudizando los problemas en los rubros que más empleo contratan. Se objeta que no se termine de levantar el cepo y que no se logre acumular reservas.
El cuarteto Melconian, Santangelo, Szewach y Pablo Goldín explican el problema: al haber levantado el cepo a las personas, el actual régimen le permite al público comprar dólares en el mercado oficial donde venden los exportadores y compran los importadores. De allí que todo el superávit de comercio exterior no queda en el Tesoro o Banco Central, ya que se lo llevan las compras de dólares para atesoramiento y turismo, en un promedio de 2000 a 2500 millones por mes hasta ahora. El argumento sería que si se va a mantener el cepo y el control de cambios, que ese régimen no termine vaciando las reservas como ahora. Peor además si, como en la actualidad, hay que pagar los vencimientos de deuda cash porque no se logra aún tener un riesgo país que permita financiarse normalmente en los mercados internacionales.