

La humanidad que no lleva registros del pasado, los factores de poder, los intereses económicos, los prejuicios, la intolerancia, el poder y la mismísima locura, todo junto, tiene mucho que ver con la continuación de las guerras, cada vez con nuevas características.
Precisamente el 1 de septiembre pasado se cumplieron 75 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939,que se llevó a la tumba. entre 65 y 70 millones de seres humanos. La cifra fue siete veces mayor a las de las víctimas de la Primera Guerra Mundial.
No se conocieron recordatorios de importancia en el viejo continente, ni en el Asia Pacífico donde se desarrollaron las matanzas crueles y masivas, los enfrentamientos bélicos de gran envergadura. Incluso no trascendieron homenajes en países que decidieron la suerte de toda una generación. En cada pueblo, en cada iglesia, en cada calle de las principales ciudades de Inglaterra y Francia están los nombres de aquellos jóvenes que pelearon anónimamente por causas que seguramente no conocían o creían defender las patrias de sus ancestros. Muchos no conocieron ni el amor, ni la poesía, ni los viajes, ni las grandes creaciones. Entre 1914 y 1918 se decidió la suerte caprichosa de los Imperios y el deseo de algunos países de tener mayor participación política y económica. Entre 1939 y 1945 se luchó contra la expansión nazi y contra la voracidad japonesa y la italiana fascista.
Los textos de historia informan que en la Segunda Gran Guerra los soldados aliados, con excepción de los rusos que fueron invadidos con saña despiadada, no sabían por qué se los convocaba. Contra quién pelearían. Desconocían las razones de tanto esfuerzo.
Confidencias recientes que avalan documentos anteriores de escasa circulación indican que tanto Roosevelt como Churchill sabían todos los pormenores del exterminio definitivo de los judíos europeos por lo menos desde comienzos de 1942. Pero se negaron a bombardear las vías que llevaban a los campos de la muertes y no lo señalaron en sus discursos porque no les convenía que a alguien se le ocurriera decir que esa guerra era para defender a los judíos, habida cuenta del extendido antisemitismo. No era político hacerlo.
Por todo ello tuvo gran importancia la creación de la Comunidad Europea. Su principal objetivo fue y sigue siendo consolidar la paz definitiva y la unidad en una Europa desgarrada desde hace siglos, a través de la integración, los buenos negocios, el mejor intercambio.
La Segunda Guerra no terminó del todo cuando se dijo que había concluido. Los desplazamientos humanos a partir de 1945 por los cambios de fronteras causaron centenares de miles de muertos. Muchos de los que quisieron volver a sus hogares y reclamar sus pertenencias fueron asesinados. El hambre y la desesperación se extendieron hasta 1950, por lo menos, pese a la aplicación del Plan Marshall en Europa por 50.000 millones de dólares. Y la tensión fue persistente a partir de la guerra fría. Con conflictos y persecuciones por regiones.
En 1950 en Corea se enfrentó Occidente contra el comunismo. Y en Indochina los comunistas echaron a los franceses. Después siguieron las guerras de la independencia con las colonias que se desprendían de las metrópolis. En India, Mahatma Gandhi fue desbordado y se enfrentaron con mucha sangre hindúes contra musulmanes. En Argelia, ex héroes de la Resistencia francesa contra la ocupación alemana, convertidos en oficiales del Ejército de su país persiguieron, torturaron y asesinaron a los que querían desprenderse de la no tan admirada París.
La Guerra de Vietnam, otra llamarada de la guerra fría, mató a 50.000 norteamericanos y a 4 millones de vietnamitas Con el tiempo, para sobrevivir, y con capitales europeos y estadounidenses Vietnam se convirtió en factoría de exportación asiática. En Africa, desde fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta hasta hace poco, casi no hubo país en paz en ningún rincón. Fue otro escenario de la guerra fría y de luchas tribales donde regímenes de déspotas y corruptos eran sucedidos por militares con influencia comunista y luego volvían los echados o sus amigos o parientes. O militares pro-occidentales.
Afganistán, Irak fueron otros campos de experimentación, de masacres, de desidia y de arbitrariedad. En Medio Oriente, Israel pudo firmar la paz con Egipto y con Jordania pero sigue un desacuerdo brutal con gran parte de los palestinos y con otros países de la región. No bastaron ni las guerras de 1948, ni las de 1956, 1967 y 1973, ni las entradas en El Líbano para evitar los colapsos que se siguen sucediendo.
Ahora ya estamos frente a un nuevo tablero de conflictos que no serán fáciles de erradicar. Los desalmados musulmanes yidahistas matan lo que encuentran al paso, desatan el furor de la metralla contra otros musulmanes, decapitan prisioneros, amenazan tanto en Irak, como en Nigeria y hasta con voluntarios occidentales entre sus tropas.
Es como si nos rigiera un destino trágico de no poder tener paz duradera, ni diálogo civilizado ni razonabilidadentre humanos.













