En Argentina, tenemos una nutrida historia de amenazas de crisis financieras que incluso, a veces, terminan ocurriendo con sus derivaciones asociadas. Por eso, no es raro ver que se intente evitarlas apelando a diversas acciones, entre ellas diferentes tipos de canjes de deuda, algunas disruptivas. Más allá del análisis de la operación de manejo de pasivos particular recientemente encarada por el Gobierno, sería importante generar condiciones que eviten su recurrencia y, de existir, que los canjes sean un elemento complementario de un contexto económico-político que permita superar las causas que lo motivaron.
Si bien la métrica de la foto de la deuda consolidada del sector público en términos del PBI muestra que no es holgada, tampoco se ve tan comprometida, aunque existen dificultades propias que complican una solución. Señalamos algunas para considerarlas en un esquema que forme parte del contexto que justifique la "compra" de tiempo que dan estas operaciones de canje de deuda:
- Estancamiento secular: la tendencia de la película de actividad de los últimos años muestra una economía cuyo PBI prácticamente no crecedesde 2011 -y una caída del PBI per cápita de 9% desde ese año hasta 2021-. Se perciben dificultades para la producción de bienes y servicios, que resultan en pérdidas relativas de eficiencia y competitividad. Se complementa con dificultades de nuestra participación en el comercio internacional.
- Fracturas en el aparato económico-social: disfunciones dadas por mayores brechas entre sectores económicos y segmentos de la población que tienen oportunidades diferenciadas por tratamientos -formales o informales- que no solo generan perspectivas distintas sino también tensiones sociales.
- Determinado manejo político: las elecciones muchas veces sirven para comparar ideas, fomentar innovación, crear oportunidades, evaluar capacidades de las personas, entre otros beneficios. En ese sentido, el ejercicio de la democracia tiene sus ventajas, cuando es bien entendida y aplicada. Sin embargo, localmente aparecen sesgos personalistas con aspiraciones fundacionales que no son leídas como reforzando instituciones debilitadas. En consecuencia, llevan a actitudes defensivas que se relacionan con pérdida de confianza en la moneda e incertidumbres, que resultan en salida de recursos, que afectan, entre otros, al desarrollo.
- Finanzas públicas: con un importante y creciente nivel de gasto público, en una economía con dificultades para un crecimiento sostenido es difícil financiar "genuinamente" un déficit fiscal persistente.
- Deterioro de la moneda y esquema cambiario: la recurrencia de desequilibrios e incertidumbres terminan afectando la confianza en la moneda local, lo cual profundiza el proceso de inestabilidad y sus consecuencias.
Aparte, y muchas veces asociado a las cuestiones de fondo mencionadas, existen características de la deuda puntuales a tener en cuenta:
- Sensibilidad a fluctuaciones cambiarias: el 60% de la deuda consolidada total del sector público argentino es en moneda extranjera -comparado con 30% de la de Colombia y 7% de la de Brasil, por ejemplo-. Dada la historia de respeto de los contratos locales y su manejo, se hizo difícil, no imposible, generar amplias fuentes de financiación. Sin embargo, las disparidades entre los parámetros de evolución de las obligaciones de pago y los ingresos para su atención dan lugar a importantes alteraciones en el peso de la deuda vinculadas a la evolución cambiaria.
- Tipo de acreedores: la mayor o menor estabilidad de la deuda también se asocia a la composición de los acreedores. Algunos tienen un horizonte de inversión de más largo plazo (ej, compañías de seguro de vida o fondos de pensiones) mientras que otros usan los instrumentos gubernamentales como mecanismo complementario al sistema de pagos, que implicaría un corto plazo pero con perspectivas de renovaciones. Por otro lado, en nuestro caso, por múltiples razones, sería deseable llegar a una madurez que permita dejar de tener al FMI como acreedor relevante.
- Perfil de vencimiento de los instrumentos: En los términos descriptos, surgen conductas de ahorristas que llevan a un acortamiento de plazos de financiación que significan mayor vulnerabilidad ante las necesidades de fondos del deudor.
La percepción general de las dificultades mencionadas tiende a generar potenciales salidas de capitales, con efectos sobre la inflación, ingresos, eficiencia y uso de recursos. Por otro lado, estas pautas de conducta pueden complicar las perspectivas de un manejo ordenado que posibilite el desarrollo de la economía, afectando a los indicadores sociales, la capacidad de generar crédito y elevar el costo de capital para encarar un futuro promisorio.
Lograr alterar los términos y condiciones de pago de los vencimientos de obligaciones significa que se supera por un tiempo la necesidad más inmediata de pagos a un costo determinado, sin extinguir la obligación. Logrado esto, la prioridad debería ser aportar soluciones basadas en decisiones de responsabilidad propia, teniendo como objetivo un futuro económico y socialmente posible.
En este sentido, hay algunas iniciativas que se podrían ir tratando, como, por ejemplo, marcos normativos para movilizar inversiones sin pausa en ámbitos sostenibles según las mejores prácticas actuales.
En cualquier caso, es de suma importancia sostener y recomponer el crédito local e internacional para tener acceso a fuentes de financiamiento compatibles con una estrategia de largo plazo. No falta mucho tiempo para demostrarlo ante los próximos vencimientos de capital de la deuda reestructurada en 2021. Llegar bien significa atravesar positivamente los próximos meses. Una transacción financiera puede ser un aporte a la solución de los problemas de fondo para que el camino por recorrer. Es decir, un puente a la superación de los desafíos, vigentes desde hace tanto tiempo.