

Los argentinos asumen la grieta como parte de su ADN. Miran los libros de historia y encuentran, en todas las páginas, bandos enfrentados. En el siglo pasado, ese proceso se profundizó cuando algunos sectores más radicalizados de la política se abrazaron a la dialéctica como forma de construir una visión del mundo, proponiéndose como síntesis de posturas antagónicas. Tercera posición o tercer movimiento histórico, se volvieron entonces opciones tan naturales como la izquierda o la derecha. Pero hoy, el principal factor detrás de esa grieta no es la ideología, sino la asimetría informativa. En el mundo, hay muchas discusiones de políticas públicas que ya se dieron de baja. Pero en la Argentina eso todavía no sucedió. La política doméstica sigue reflotando esquemas que fueron reemplazados en otras latitudes por fórmulas que tratan de combinar un desarrollo de base progresista, con esquemas que podríamos denominar pragmáticos antes que dogmáticos.
Lo que queda por delante, entonces, es entender que las grietas que tanto nos marcaron a los largo de la historia, ya no son funcionales para diseñar el futuro. La cantidad de asignaturas irresueltas que presenta la Argentina es tan larga, que no debería haber movimiento político que esté en contra de resolverlas. Sin embargo, lo que predominan son las diferencias. A veces la traba viene del pasado, a veces de cuestiones laterales, a veces de debates meramente instrumentales.
La sociedad argentina tuvo muchas oportunidades para encontrar un camino propio de crecimiento. Pero el tiempo las aleja, porque va sumando nuevos problemas y actualizando viejas diferencias. Cada elección se presenta como una chance de enfrentar los dilemas de siempre, y a medida que vemos como el mundo avanza, el deseo de dejar atrás ese pasado de frustración se hace más fuerte. Por eso el aniversario que se producirá en 2023 puede convertirse en un nuevo factor de estímulo para el cambio: la democracia argentina cumplirá cuarenta años, un plazo que puede transformar el sendero de decadencia en un horizonte de esperanza.
Anoche, el Cippec recogió ese espíritu para lanzar su propuesta Democracia #40D. Como organización representativa de la sociedad civil, identificó cinco grandes metas posibles y convocó a todos los sectores que tengan ese espíritu de progreso, a ser parte de un nuevo consenso. Apuntar a una justicia educativa, trabajar en la reducción de la pobreza, potenciar la matriz productiva, lograr una transición verde justa y garantizar la estabilidad macroeconómica, son pilares que se pueden construir en un diálogo intergeneracional, ya que su base no es solamente lograr el compromiso de un gobierno, sino de los que vienen. El tiempo pasa sin que lo importante le gane a lo urgente. Es hora de fijar prioridades.














