El mercado global comienza a transitar un momento potencialmente bisagra. Las últimas señales desde el frente geopolítico sugieren cierta voluntad de desescalada, aunque en un entorno que sigue siendo profundamente dependiente de titulares y, por lo tanto, extremadamente sensible a cualquier novedad.
Aun así, la sola posibilidad de una resolución parcial del conflicto empieza a filtrarse en precios y, más importante aún, en el posicionamiento. Durante el último mes, la dinámica dominante fue clara: desarme de riesgo, compresión de múltiplos y posicionamiento marcadamente defensivo que derivó en un mercado global fuertemente sobrevendido.
Este proceso no sólo dejó activos en niveles atractivos desde valuación, sino que además generó un desequilibrio técnico relevante: el trade más crowded pasó a ser el short de equity.
En este contexto, cualquier noticia positiva, y en particular una vinculada al fin del conflicto, tiene el potencial de gatillar un ajuste violento vía short covering, con rallies que, por su propia naturaleza, suelen ser rápidos, desordenados y de gran magnitud.
Un aspecto particularmente relevante es que esta corrección no discriminó calidad. Activos de alta capitalización y fundamentos sólidos fueron castigados junto con el resto del mercado. Compañías tecnológicas líderes como Microsoft y Meta acumulan caídas del orden del 30% desde sus máximos, lo que sugiere que el ajuste fue más un fenómeno de desarme generalizado que de deterioro específico.

En este sentido, el mercado enfrenta una situación poco habitual: sobreventa técnica combinada con compresión en activos de alta calidad, lo cual abre la puerta a rebotes significativos ante un cambio de narrativa.
En paralelo, el principal driver macro del último mes ha sido el petróleo. Su escalada, inducida por el conflicto, reconfiguró de manera abrupta las expectativas de inflación y, con ello, el comportamiento de la curva de tasas. El mercado pasó rápidamente a pricear una dinámica más restrictiva por parte de la Reserva Federal, lo que se tradujo en una suba particularmente agresiva en el tramo corto.
Sin embargo, este movimiento es altamente dependiente del shock energético. Si el petróleo deja de ser un problema, las tasas también deberían dejar de serlo.
De hecho, comienzan a observarse señales incipientes de estabilización en tasas. Esto reabre la posibilidad de un escenario que había quedado desplazado: una Fed menos restrictiva, más enfocada en sostener la economía que en combatir una inflación persistente. En ese marco, el mercado podría volver a transitar un régimen de reflación con tasas más contenidas y dólar débil.
En el universo de commodities, el petróleo sigue siendo la variable crítica. A pesar de la posible desescalada, continúa operando muy recalentado, reflejando la incertidumbre respecto de la normalización, particularmente en zonas sensibles como el Estrecho de Ormuz. Mientras tanto, los metales preciosos comienzan a reaccionar positivamente ante la baja de tasas, insinuando un rebote tras haber sido castigados. Los agrícolas, que habían capturado parte de los flujos en este entorno, podrían enfrentar presiones bajistas si el shock petrolero se disipa y las rotaciones recientes comienzan a revertirse.
Un punto adicional no menor es que este eventual cambio de régimen ocurriría sobre una economía ya desacelerada. Esto implica que, aun cuando la inflación inducida por energía ceda, el componente de actividad podría seguir debilitado, reforzando la necesidad de una política monetaria más acomodaticia.

En consecuencia, el mercado podría anticipar una normalización hacia condiciones financieras más laxas, lo cual amplificaría aún más el potencial de recuperación en activos de riesgo.
En definitiva, el mercado parece estar saliendo de una fase de pánico táctico. Todo sigue dependiendo de la próxima noticia, pero la diferencia es que ahora el posicionamiento juega a favor de los bulls. Luego de un marzo en donde perdieron claramente el control, comienzan a reaparecer con argumentos más sólidos.
Si el conflicto encuentra un desenlace, el cambio de régimen podría ser rápido y profundo, reactivando dinámicas que habían quedado interrumpidas y reposicionando al riesgo global en el centro de la escena. A no relajarse todavía.
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