Zoom Editorial

Confianza, la condición que todos piden y nadie termina de entregar

La primera plana del Poder Ejecutivo nacional asegura, en público y en privado, que aspiran a cerrar un acuerdo con el FMI. La mayoría de los analistas privados coinciden con esa visión, porque saben que no hay capacidad de pagar la deuda al organismo, con lo cual el único camino es refinanciarla. Y sin embargo, hay inversores, empresarios y otro grupo de analistas que siguen pensando en que hay una parte del Gobierno que está dispuesto a inclumplir, y que todos los planes que ponen sobre la mesa son una expresión de deseos que no valen más que el papel en el que está escritos.

La Argentina paga un altísimo precio por esta brecha entre optimismo y pesimismo. Es muy común escuchar, como parte de la sabiduría popular, que en este país a la larga "lo barato sale caro". Es una frase que, en política, se asocia a todas las vertientes del populismo, ya que traduce la promesa de lograr grandes resultados pero haciendo pocos sacrificios. Es la primera reacción que viene a la mente cuando el Gobierno dice que quiere firmar con el FMI pero sin hacer ajuste. Es algo que se puede intentar, pero ¿se puede hacer? ¿Cuál sería la alternativa si ese planteo sigue siendo rechazado como hasta ahora?

Hay que reconocer que tanto el Presidente como sus principales ministros han desplegado, en las últimas jornadas, un esfuerzo notorio por establecer un canal de diálogo directo con el mundo empresario. En todos esos encuentros le piden a sus interlocutores gestos de confianza hacia el Gobierno. Lo que no terminan de asimilar es que se trata de un paso largo y complejo de dar, ya que en dos años de gestión hubo muchos más gestos en sentido contrario, difíciles de borrar.

Cuando un decreto que sale en el Boletín Oficial sin mediar una anticipación previa, cambia todas las reglas de juego de un sector incluso contra la opinión de algunos funcionarios o miembros de la coalición de Gobierno, se genera una cicatriz que no desaparece de un día para el otro. Cada sector de la economía tiene por lo menos un antecedente de este estilo (algunos más).

¿Habrá forma de que todas las partes involucradas cuantifiquen alguna vez el alto costo que genera este círculo de desconfianza? El BCRA proyecta para 2022 un ajuste cambiario gradual cercano a la inflación. Días más tarde, el mercado calcula una inflación mayor a 50% y una suba del dólar cercana a 60%. El Gobierno dice que quiere acordar y los bonos caen. Identifica a EE.UU. como el rival a persuadir en el Fondo, y horas después asume la presidencia de un ente regional que defiende a todos sus enemigos declarados.

Fernández y Guzmán quieren que Washington avale un gesto (uno más) de confianza del FMI. Miran su historial de promesas y se preguntan quién tiene que cambiar de actitud. En ese punto estamos.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios