Se verifica en estas horas una reacción del Gobierno nada alentadora, muy parecida a la observada en el pasado en muchas administraciones cuando llegan las malas noticias: ante la adversidad, la radicalización. Nunca retroceder, doblar la apuesta, buscar chivos expiatorios, huir para adelante.
La forma agresiva de responder cuando llegan los disgustos, cae la ponderación en las encuestas, la economía tarda en derramar, no cede la inflación, y aparecen funcionarios sospechados de acciones inadecuadas con inevitables consecuencias políticas y judiciales. Un comportamiento que en el pasado nunca trajo buenos resultados ni para el país ni para los gobiernos que se enfrascaban en esa vorágine de la cual es cada vez más difícil salir.
El fenómeno de la radicalización merece destacarse, porque ha sido la inmediata consecuencia que ha tenido la doble Nelson que hoy golpea al oficialismo: una economía que derrama muy desparejo y las sospechas alrededor de casos que contradicen la batalla moral que dice librar el oficialismo: el caso Adorni, la estafa Libra y ahora el papelón de los funcionarios y políticos VIP acomodados, que accedieron a generosos créditos hipotecarios en el Banco Nación.
El extremo de esta lógica para gobernar se padeció a pleno en la era Kirchner, aunque también hubo, con menos intensidad, intolerancia y acusaciones de complots cuando aparecían problemas y objeciones en gobiernos anteriores. En verdad el mensaje había sido anticipado por el Presidente Milei al presentar el Estado de la Nación en la Asamblea Legislativa. Su gobierno, afirmó, es atacado por un conglomerado de medios, empresarios y políticos que resultan los perdedores del modelo inaugurado el 10 de diciembre de 2023.
Frente al caso Adorni que se va agravando semana a semana, el Gobierno ataca a los periodistas que investigan e informan las novedades. Aprovecha el Presidente la oportuna filtración de una supuesta operación de inteligencia rusa en Argentina en 2024 destinada a pagar notas en medios que reflejaban las dificultades del Gobierno. Con ese relato, demoniza a todo el periodismo. La verdad es que la mayoría de los medios y periodistas profesionales reconocidos no tienen ninguna vinculación con el caso, que naturalmente merece ser investigado y debidamente aclarado.
Incluye revelaciones extrañas, como que con “apenas” 300 mil dólares --diría Adorni-- se puedan pagar 250 o 300 notas en la Argentina. Como quiera que sea, ya el Presidente anunció que irá hasta las últimas consecuencias contra los medios, los calificó como traidores a la Patria y sus fans en las redes durante la Semana Santa le reclaman que de una vez por todas meta preso a un periodista. ¿Un delirio? ¿Lo que no hizo Cristina, lo hará finalmente Milei?
También el ministro de Economía aprovecha el clima de camorra instalado. Le viene bien para desmarcarse de quienes lo miran a él y a su equipo a la hora de explicar por qué el Gobierno cae en las encuestas. A los economistas que le advierten que el plan no está funcionando y que debería aprovechar la lluvia de dólares que viene del campo y Vaca Muerta para liberar el mercado de cambios, levantar el cepo y comprar todas las reservas posibles, les responde que le dan ganas de “cagarlos a patadas en el culo”. Y en voz baja explica además que los ruidos políticos en el gabinete le complican la gestión porque generan desconfianza.
Es que las últimas novedades lo obligan a ser prudente aun en este rubro, ya que también él tiene su propio dolor de cabeza: algunos de sus subordinados y espadas más activas que lo defienden en medios y redes resultaron beneficiados con los créditos hipotecarios VIP del Banco Nación para funcionarios, políticos y jueces.
Doble incomodidad para el titular del Palacio de Hacienda, después de que su colega de gabinete, la ascendente Sandra Petovello, echó inmediatamente al funcionario que había logrado el crédito VIP, entendiendo que aun sin cometer delito penal, se había aprovechado del cargo para que le aprueben la carpeta. Se agregan así más ingredientes al complot para afectar la reactivación. Están ahora los rusos, también los economistas que reclaman liberar el dólar y son acusados de promover devaluación en combinación con empresarios y medios. Todo para crear mala onda y espantar inversores.
Está por cierto el riesgo político, que es real, pero se agiganta porque frecuentemente es utilizado por el Gobierno para explicar por qué no estalla la confianza en Argentina a pesar de todo lo que hace e hizo Milei. La única verdad es la realidad: un bono local en dólares que vence en 2028, antes de saber si Milei será reelecto, rinde casi 9%, 4 puntos más que el título igual, pero que vence durante este primer mandato en 2027.
Los tropiezos políticos y económicos del gobierno reabren el debate sobre la continuidad del modelo después de 2027. La forma en que el peronismo, Cristina Kirchner y Axel Kicillof festejaron el fallo por la estatización de YPF revela que hay un sector político en el país que no se arrepiente de nada. Es más, afirman que el camino es la estatización y que el país debería agradecerles por tener YPF y Vaca Muerta.
El propio Milei y su equipo económico serán ahora puestos a prueba. Con la inflación acelerada al 3% mensual, en el marco de la Guerra en medio Oriente, el Gobierno le pidió a YPF una tregua con el precio de las naftas. Se anunció un virtual congelamiento voluntario por 45 días. Hábil declarante, Horacio Marín explicó que se trata de una decisión empresaria, no política, para cuidar a los consumidores. No es un control de precios, está claro, y para no afectar a los accionistas, explicó que en el futuro, si baja el precio del petróleo, la empresa no bajaría las naftas para compensar. Habrá que seguir la evolución del petróleo y esperar al día 46. Los mercados, afuera y adentro, estarán atentos a las señales.
También al mercado de cambios y sobre todo el nivel de reservas. Siguen negativas sin contar los préstamos externos, a pesar de que el Tesoro y el Central compran dólares todos los días. Y no termina de bajar el riesgo país. Por eso la mayoría de los economistas serios y pro mercado en el país recomiendan aprovechar el momento dulce de la oferta de dólares del campo para acelerar al máximo la compra de dólares y liberar el cepo a las empresas.
Aún si el dólar subiera hoy de 1400 a 1600 o 1700, es mejor sincerar el precio este año y que no se siga atrasando contra la inflación. Acumular tensiones y atraso cambiario e ingresar así en el año electoral sería más riesgoso, a juicio, por ejemplo, de Domingo Cavallo, Miguel Ángel Broda o Carlos Melconian. Veremos si las dificultades se disipan o acumulan. Y si el ánimo en el gobierno es escuchar o radicalizarse.