

Según la consultora Mercer, el 70% de las personas en Argentina atraviesa algún nivel de estrés financiero, un dato que confirma lo que ya se observa en las empresas: la preocupación por el dinero se volvió un ruido constante en el trabajo, altera el sueño, tensa los vínculos y vuelve difícil concentrarse.
Quienes conviven con ansiedad financiera suelen despertar con la sensación de que algo está pendiente. El cuerpo se activa antes que la razón y aparece ese estado de alerta que cuesta apagar. La neurociencia muestra que la incertidumbre económica enciende los mismos circuitos que reaccionan frente a una amenaza concreta. Por eso la tensión muscular, el insomnio y la irritabilidad aparecen sin aviso.
La ansiedad también empuja a la procrastinación financiera. Cuando la preocupación crece, muchas personas evitan abrir el resumen, revisar gastos, o enfrentar una deuda. La mente busca alivio rápido y piensa que postergar ayuda a bajar la incomodidad.
El problema es que la evitación amplifica lo pendiente y agranda la angustia. A veces la persona cree que se desorganiza o que le falta voluntad, cuando en realidad está intentando protegerse del malestar.
En momentos de tensión aparece otro fenómeno que explica mucho de nuestro comportamiento como consumidores. Comprar genera un pico de dopamina que produce una sensación breve de placer y control. Funciona como una pausa emocional.
En cambio, pagar produce un efecto contrario. La salida de dinero activa una sensación de pérdida y el cerebro registra ese movimiento como algo desagradable. La compra entusiasma, el pago incomoda. Esta asimetría explica por qué tantas personas consumen impulsivamente cuando están angustiadas.
El informe evidencia que la salud financiera forma parte del bienestar emocional. Una persona que carga preocupaciones económicas sostiene un nivel de tensión que afecta su capacidad de decidir, su energía laboral y su forma de vincularse.

Muchas empresas ya reconocen que el estado financiero de sus equipos influye en la productividad, la creatividad y la motivación. Entienden que la ansiedad económica desgasta y que un empleado angustiado rinde peor, llega menos descansado y se expone más a errores y estafas.
Estoy cansado, jefe
Vivimos en una época donde el rendimiento se transformó en mandato. Ser eficientes, estar disponibles, avanzar rápido, resolver siempre, producir sin pausa. Ese modelo nos deja exhaustos.
El filósofo Byung-Chul Han describe una sociedad que se exige hasta el límite y que se culpa cuando no llega. El estrés financiero encaja perfectamente en esa lógica. Para muchas personas la economía personal se vuelve una medida de valor, un examen permanente, una presión que nunca afloja.
El estrés financiero crece en esa cultura del autoexigirse. Una cultura que transforma cada error en frustración y cada deuda en falla personal. Es un relato cruel que ignora la realidad económica y carga todo el peso en la mente de quien ya está agotado.
En un país donde tantas personas viven con estrés, cuidar la salud financiera es una manera de cuidar la vida. Y también un modo de salir, aunque sea por un momento, de esa sociedad del cansancio que deja tan poco espacio para respirar.















