

El más horrendo atentado de la historia argentina sucedió en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle Pasteur 633, en la sede de la AMIA.
El 18 de julio de 1994 a las 9.53, un coche bomba impactó contra el edificio más emblemático de la comunidad judía argentina, asesinando a 85 personas, hiriendo a otras 300 y arrasando todo lo que estaba a su alrededor.
El terrorismo fundamentalista golpeó en nuestro país, anticipando lo que años más tarde enlutaría al mundo entero con los ataques en Nueva York, Madrid, Londres y Bombay, entre muchos otros.
Pasaron 20 años y la herida sigue abierta. Una herida que no puede cicatrizar sin verdad y sin justicia.
Y desde esa convicción asumimos la responsabilidad de mantener viva la memoria de quienes fueron masacrados, asumiendo la voz de aquellos cuya historia fue brutalmente interrumpida.
El terrorismo no conoce de género, edad, religión o nacionalidad. Sólo busca imponer condiciones a través de la muerte y el dolor.
Pero la sociedad argentina respondió con dignidad. Un solidaridad emocionante llegó desde cada rincón para ayudar en lo que fuera posible y para reunirse en un reclamo inclaudicable por justicia.
Desde AMIA, elegida como blanco del atentado por tratarse de una institución social y comunitaria, tuvimos la certeza, aún cuando todo era escombros y confusión, que había que volver a levantarse. Que ese debía ser el mejor homenaje con quienes ya no están.
Son 85 historias que no pudieron seguir su historia. Hombres, mujeres, chicos, grandes, judíos, católicos. Todos habían comenzado el día con los pequeños objetivos cotidianos: trabajar, estudiar, ir al médico, pagar los impuestos, empezar una dieta, comprar un regalo, volver a su casa.
Pero el odio por las diferencias y la intolerancia les arrancó el mañana. Los dejó sin futuro, sin sueños y nos quitó a cada uno de nosotros la posibilidad de compartir un momento con ellos.
Tenemos un compromiso con la memoria de las víctimas y no descansaremos en nuestra lucha.
El lema de este año dice 20 Años. Ni un día de olvido. Y eso es lo que sentimos. Porque no queremos ni podemos permitir que a pesar de tanto tiempo, nos hagan bajar los brazos.
Seguimos de pie porque aprendimos que la ausencia de justicia nos convierte en un país más vulnerable y que la impunidad es una burla cruel para las 85 vidas truncadas por la bomba.
AMIA es una institución llena de vida. Lo era en 1994 cuando celebraba los 100 años de su creación y lo es ahora, en el año de su 120 aniversario, con cientos de programas, proyectos y actividades que brindan respuestas destinados a transformar la realidad de miles de chicos, jóvenes, adultos y mayores.
Esa es la forma que AMIA, la comunidad judía y la sociedad argentina toda, eligieron para responder ante la agresión de quienes desprecian los principios básicos de la democracia, la diversidad, el pluralismo y el respeto.
Porque tenemos memoria, ¡exigimos justicia!










