Un ministro al mando, FMI, señales fiscales: el manual anticrisis no cambia

El presidente Alberto Fernández, al igual que varias figuras de la coalición gobernante, no dejan pasar la oportunidad de echarle la culpa a Mauricio Macri de las penurias actuales de la Argentina. Es una reacción política, sin duda. Porque si hay algo de lo que se han dado cuenta los actuales funcionarios es que cuando una situación compleja se transforma en crisis, las recetas a las que se puede apelar no son tan distintas. El manual peronista funciona mientras hay recursos, pero ante la escasez de dólares, el sendero por el que se mueve el Gobierno es el mismo que recorrió Macri.

Cuando Martín Guzmán fue ungido coordinador de la estrategia económica, por encima del resto de sus pares del gabinete, enseguida apareció en el recuerdo la transformación de Nicolás Dujovne en ministro coordinador. Fue en mayo de 2018, cuando el mundo emergente se sacudió tras la suba de tasas que aplicó EE.UU.

El empoderamiento de Guzmán y Dujovne no solo representó el fracaso de una forma de diseñar la política económica (tanto Alberto como Mauricio apostaron al consenso forzoso de voces diferentes en lugar de preferir un liderazgo ordenador). También estuvo ligado a la necesidad de apelar al FMI como ancla fiscal y financiera. El actual ministro de Economía apuesta a la buena sintonía que tiene con la actual directora ejecutiva, Kristalina Giorgieva. Macri también le había puesto fichas al vínculo que Dujovne construyó con Christina Lagarde, la antecesora de Giorgieva.

La tormenta que padeció Macri y la que hoy azota al gobierno de Alberto Fernández arrojará otras similitudes, sin dudas. Guzmán es heterodoxo en términos de deuda, pero en materia fiscal se formó en las mismas aulas de la Universidad de La Plata que Ricardo López Murphy transitó como docente.

Por eso las señales que empezó a emitir de manera más reciente fue el pago al BCRA de algunos miles de millones de adelantos transitorios recibidos por el Tesoro. Es una forma de convalidar la teoría (no compartida del todo por otros integrantes del gabinete económico) de que la emisión monetaria no es inocua cuando se habla de inflación. Los analistas, no obstante, se preguntan cómo hará para no usar esa receta en el 2021, considerando que el Presupuesto incluye una suba real del gasto.

La pregunta del millón es: si se usan remedios parecidos, hay que esperar resultados parecidos? La probabilidad de que eso ocurra es alta. Lo que cabe mencionar también es que la demanda creciente de dólares por parte de empresas y ahorristas también desemboca en este callejón sin salida. A la Argentina no le fue bien con las devaluaciones de 2018 y 2019. Algo no hacemos bien. Deberíamos dejar de ser un caso de estudio para los extranjeros y empezar por ver de qué manera no tropezar con la misma piedra, por enésima vez.

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