La nueva estrategia tiene ideas clásicas que le caen bien al FMI

Los inversores deberán asimilar desde hoy un cambio sensible que hubo en la política económica. No se tradujo aún en medidas, pero es probable que haya novedades esta semana. Martín Guzmán quedó a cargo de definir la estrategia que busca implementar el Gobierno para salir del pozo de la incertidumbre.

La razón básica es política: el funcionario es uno de los pocos hombres del gabinete económico que tiene el respaldo completo de Alberto Fernández y de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Ahí no hay grietas: la decisión es poner todas las fichas a un solo número. Ahora solo hay que esperar que transcurra el juego.

El titular de Economía se transformó en vocero el viernes pasado, cuando expuso ante los empresarios en el Coloquio de IDEA. Habló del dólar, de la brecha con los dólares financieros, de la emisión monetaria y la inversión en pesos. Todas sus palabras buscaron transmitir la idea de que hay un rumbo de acción más definido, aunque todavía falta otros resultados maduren un poco más, como la baja de retenciones.

Fernández había optado, desde el arranque de su gestión, por un equipo coral, en el que Guzmán estaba centrado al 100% a la reestructuración de la deuda, y en el que otros economistas que lo acompañaron durante la campaña se repartieran el resto de los roles. Pero el Presidente se dio cuenta de que en los momentos de crisis hace falta una voz de mando, y que él no estaba preparado para laudar entre posturas técnicas.

Fernández tiene una relación de muchos años de amistad con Miguel Pesce, iniciada a partir de la militancia del presidente del BCRA en el radicalismo porteño. En 2004, cuando Alberto era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Pesce fue ministro de Economía de la intervención de Santiago del Estero y luego fue vice del Central entre 2005 y 2012. Entiende política y entiende el momento. Por eso sabe que su rol será seguir apoyando al Presidente y permitir que Guzmán se ocupe de dar las noticias.

En esa línea, el mensaje que pasó el titular de Hacienda apunta a hacer creíbles las promesas de que no hará falta aplicar una devaluación (entendida como un salto brusco en el tipo de cambio). Su objetivo es dar señales de que la inflación no se acercará a las proyecciones pesimistas del REM. Por eso adelanto que se enviará un proyecto al Congreso para limitar la asistencia del BCRA al Tesoro, dando certidumbre a las proyecciones de inflación (el mismo viernes cancelaron $ 6000 millones de adelantos). También se habla de fijar metas de agregados monetarios para contener la emisión.

Ninguna innovación, sino ideas clásicas que le gustan al FMI. Incluso por esa razón son conceptos a los que apelaron Alfonso Prat Gay y Nicolás Dujovne durante la gestión anterior. No hacen magia. Todavía hace falta que entren dólares.

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