Alberto está bailando en la cubierta del Titanic

Raul Baglini, un economista y político de la UCR, le dio su nombre a una hipótesis que se conoció como el teorema de Baglini: cuanto más cerca se está del poder más sensatos y razonables se vuelven los enunciados políticos.

El teorema parecía estar funcionando respecto a las posiciones económicas que Alberto Fernández y sus referentes estuvieron divulgando hasta el viernes pasado. Conocer las ideas y planes del candidato que colectó la mayoría de los votos en las PASO es fundamental dada sus probabilidades de alcanzar la presidencia. Porque a cualquiera que ejerza el gobierno futuro le va a resultar muy difícil gobernar si la economía no se estabiliza, comienza a crecer y genera empleo.

Debe tenerse en cuenta que este año registraremos ocho años de regresión en el PBI per cápita, que la tasa de inversión está en sólo el 16.9% del PBI, que nuestro valor agregado industrial (una buena representación de nuestra productividad total) y nuestro PBI es un cuarto que el de Australia, y que tenemos graves dificultades para acceder al financiamiento. Son éstos sólo algunos factores que demuestran nuestro estado actual.

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Argentina necesita volver a generar inversiones, única fuente del crecimiento, y recuperar credibilidad. Para ello se requiere estructurar un programa que deberá, necesariamente, ser acordado con el FMI, nuestro único financista. ¿Se respetará el derecho de propiedad y los contratos? ¿Habrá corrección macroeconómica? Una carencia de programa serio y un no-acuerdo con el Fondo nos puede llevar a muchos años de estancamiento, atraso y más pobreza y desigualdad.

Hasta el viernes, Fernández y su equipo descartaron la posibilidad de que bajo su presidencia el país declare la cesación de pagos, así como un pedido de quita "porque la actual es una deuda tomada hace dos años por un gobierno democrático" afirmaron.

Propusieron "hablar con los acreedores para ver cómo resolvemos el tema; eso es todo". Siguieron afirmando que la prioridad uno de su eventual administración será Vaca Muerta para fomentar allí la inversión extranjera y la exportación de petróleo y gas.

Respecto de los flujos de capitales pretenden reinstalar el "encaje" para desalentar el ingreso de capitales financieros especulativos e implantarse plazos para la liquidación de las exportaciones.

En cuanto a las reformas posibles, aspiran a un acuerdo de precios y salarios donde, en su concepción, participen empresarios, sindicatos y gobierno. Nada de sus afirmaciones hasta aquí preocuparía demasiado a economistas, políticos y ciudadanos con una valoración de la racionalidad económica y, como desarrollo más abajo, a especialistas en crecimiento económico.

Sin embargo, el martes pasado, los trascendidos sobre la reunión que mantuvieron miembros del FMI con Alberto Fernández y parte de su equipo técnico, cayeron muy mal en un mercado "sensible" a las señales políticas. Luego de la reunión se divulgó un documento en donde se criticó duramente el accionar conjunto del gobierno y del FMI en cuanto al abordaje político y económico sobre la crisis cambiaria de 2018 y el intento de estabilizar la macroeconomía.

¿Cuál es la posición del Frente de Todos: la del Fernández racional, "modo Baglini", o la del Fernández que, supuestamente, juega a la desestabilización del Gobierno? Pareciera estar bailando "en la cubierta del Titanic".

Volvamos al tema del crecimiento económico. Para percibir la mejor manera de generarlo es útil recurrir a los estudios realizados por especialistas. Uno es el informe encargado en 2008 por el Banco Mundial a los premios Nobel Michael Spence y Robert Solow, que tomó como objeto de análisis 13 países que desde 1950 experimentaron un crecimiento anual promedio del 7% por 25 años o más.

Las conclusiones a las que se arribaron es que para crecer en forma sostenida hay que aprovechar al máximo la economía global, mantener la estabilidad macroeconómica, lograr altos niveles de ahorro e inversión, dejar que el mercado asigne los recursos, tener gobiernos comprometidos, creíbles y capaces y mantener un marco institucional en el cual se respete el derecho de propiedad y los contratos puedan ser cumplidos.

Cabe destacar que los gobiernos de las economías analizadas no buscaron exclusivamente el libre mercado, sino que ellos implantaron una variedad de políticas para diversificar exportaciones y mantener la competitividad. Ello incluyó el diseño de política industrial para incentivar inversiones en nuevos sectores, manejaron los tipos de cambio, llevaron a cabo controles de los flujos de capital y acumularon reservas.

El informe reconoció que estas políticas heterodoxas son altamente controversiales por sus riesgos y beneficios y por ello recomendó su transitoriedad. Y que no es justificable asignar recursos a cualquier actividad que busque el beneficio económico y necesite subsidios permanentes o distorsiones de precios para sobrevivir.

Otra fuente es el economista Dani Rodrik, que presenta como materia de análisis a Corea del Sur y Taiwan, países que han mostrado un crecimiento del 9% entre 1960 y 1990 y lo hicieron mediante políticas heterodoxas: ninguna de las dos llevó a cabo desregulaciones o liberalizaciones muy significativas de su comercio o sistema financiero hasta bien entrados los años 80.

Confiaron en sus empresas públicas y llevaron a cabo políticas industriales que tomaron forma de créditos dirigidos, protección al comercio, subsidio a las exportaciones incentivos fiscales y otras intervenciones focalizadas. Incluso, en el caso de Corea alentó la inversión extranjera. En el caso de Chile que creció desde 1975 hasta nuestros días a una tasa promedio del 5% anual y que adoptó casi todas las prescripciones del llamado "Consenso de Washington" nunca privatizó su empresa estatal minera, Codelco.

En el caso de los asiáticos como el de nuestros vecinos, nunca dejaron de respetar lo que Rodrik denomina "principios económicos de primer orden": protección de derechos de propiedad, cumplimiento de contratos, competencia basada en el mercado, incentivos apropiados y corrección macroeconómica.

En suma, a partir del respeto de los principios básicos hay que adaptar las estrategias de crecimiento a las particularidades temporales del contexto internacional, donde a pesar de la coyuntura actual, será la tecnología y la innovación las que marquen el tono de la revolución de los países. No se trata tanto de la forma; ¡se trata de hacerlo bien! Esperemos que, pese a las vicisitudes actuales, nuestros futuros gobiernos aprendan las lecciones que nos dejan aquellos países que crecen.

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