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Dormir bien no depende solamente de cuántas horas se pasa en la cama. Algunos hábitos cotidianos, entre ellos la alimentación, también pueden estar relacionados con la manera en que el cuerpo descansa durante la noche.

Un estudio publicado en Nature Health analizó justamente este vínculo y encontró que consumir alimentos con mayor densidad de fibra durante el día se asoció con indicadores favorables del sueño durante esa misma noche.

Para llegar a estos resultados, los investigadores trabajaron con datos correspondientes a 4.793 noches-persona. Los participantes registraron su alimentación en tiempo real, mientras que diferentes dispositivos portátiles permitieron medir las etapas del sueño.

¿Qué hábito de alimentación podría ayudar a dormir mejor?

Uno de los resultados más claros estuvo relacionado con la fibra. Una mayor densidad de este componente en la alimentación diaria se asoció con una mayor proporción de sueño profundo y sueño REM, dos etapas vinculadas al descanso.

En concreto, los investigadores observaron un aumento de 0,59 puntos porcentuales en el sueño profundo y de 0,76 puntos porcentuales en el sueño REM. Al mismo tiempo, se registró una disminución de 1,35 puntos porcentuales en el sueño ligero.

También apareció otro resultado. Una alimentación con mayor densidad de fibra se relacionó con una frecuencia cardíaca nocturna promedio 1,14 latidos por minuto más baja.

¿Qué relación encontraron entre los alimentos vegetales y el descanso?

La fibra no fue el único punto que analizaron los investigadores. El trabajo también tuvo en cuenta la variedad de alimentos de origen vegetal consumidos durante el día.

El trabajo analizó cómo las elecciones alimentarias de un día podían relacionarse con el descanso de esa misma noche.Shutterstock

Una mayor diversidad de estos alimentos y un consumo más alto de alimentos vegetales enteros se asociaron con una frecuencia cardíaca nocturna más baja.

El estudio también evaluó los horarios de las comidas. Por ejemplo, consumir una mayor proporción de la energía diaria durante las seis horas anteriores a acostarse se relacionó con unos 7,7 minutos adicionales de sueño, pero también con una frecuencia cardíaca nocturna algo más elevada.