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A unos 80 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y a solo una hora de viaje en auto, aparece uno de los destinos que se consolidó como opción para desconectar sin irse lejos.
Se trata de Carlos Keen, pueblo del partido de Luján, que conserva el espíritu de las antiguas localidades ferroviarias, ofrece buena mesa, paisaje pampeano y un ritmo pausado que contrasta con el de la ciudad.
Un pueblo que se salvó gracias a la gastronomía
El tren dejó de pasar y la localidad pasó años en el olvido. Sin embargo, la actividad gastronómica, iniciada en 2001, evitó que el pueblito “refugio” desapareciera. Hoy es un polo gastronómico con más de 20 restaurantes y, según se informó, recibe en promedio unos 10.000 visitantes por fin de semana. Entre semana, en cambio, el ritmo es mucho más tranquilo.
Dónde comer: asado, pastas y cocina de campo
La parrilla es la gran protagonista. Entre los nombres más repetidos figuran El Molino, famoso por su asado a la cruz y con opciones vegetarianas y sin gluten, La Antigua Sodería y El Nene de Keen. Otra propuesta es Estación Keen, que ofrece parrilla libre y pastas caseras en un ambiente familiar, con salón, quincho y un amplio parque, y que admite mascotas.
Muchos locales trabajan con la modalidad de tenedor libre de asado, otra de las marcas registradas del pueblo, pensada para comer con calma y en abundancia.
Más que asado: vinos, ferias y museos
La oferta no se agota en la parrilla. En los alrededores, la finca Zaffratelli cultiva cuatro hectáreas de Malbec, Tannat y Chardonnay y suma al partido de Luján a la ruta del vino bonaerense, con degustaciones entre las vides.
A la vera de las vías funciona la Feria de Artesanos “Pueblo del Sol”, donde productores locales venden quesos de campo, chacinados, conservas y artesanías en cuero. Para los amantes de la historia, el Museo Rural exhibe herramientas y maquinarias de los primeros pobladores.
Qué visitar en Carlos Keen: el granero, la estación y la capilla
El granero es el gran ícono del pueblo. Frente a él está la estación, que fue el corazón de la vida local, y a pocos pasos se levanta la capilla San Carlos Borromeo.
Un paseo a pie por el casco histórico, con construcciones de fines del siglo XIX recicladas, alcanza para entender el encanto del lugar. A eso se suman experiencias que ganan terreno, como paseos en globo, cabalgatas y fogatas.
Dónde dormir: cabañas, casas de campo y glamping
Durante años la falta de plazas fue el punto débil del pueblo, pero hoy la oferta de alojamiento es más variada. Entre las cabañas, aparecen Descanso del Molino, con parque, pileta, salón de juegos, parrillas y check-in autónomo, y Los Plátanos Cabañas y Suites, que cuenta con pileta y cancha de tenis y recibe familias y mascotas.
También hay una decena de casas de campo y alquileres temporarios en plataformas online, varios con piscina, parque y cocina equipada. Para quienes prefieren el contacto directo con la naturaleza, existe la opción de camping y glamping en la zona.
Cómo llegar
En auto, se toma el Acceso Oeste hasta Luján y luego los caminos señalizados hasta el pueblo, o la ruta 8 si se viaja desde la zona norte. En transporte público, la línea 57 llega hasta la terminal de Luján y desde allí el colectivo 503 completa el trayecto.
