

China y otros países asiáticos encontraron un inesperado aliado contra las barreras brasileñas a la importación de ropas y zapatos: la industria de vestuario y calzados de Estados Unidos. La asociación que representa al sector en ese país mandó una carta a la oficina de negociación comercial del gobierno estadounidense quejándose de las medidas proteccionistas adoptadas por Brasil.
Los productos se fabrican en terceros países, afirma la asociación, pero muchas de las marcas son estadounidenses y sustentan miles de empleos en Estados Unidos en actividades como investigación, diseño, marketing, ventas y logística. Exijo al gobierno que haga todos los esfuerzos para frenar esas medidas ilegales a través de la reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), dijo en la misiva Kevin Burke, presidente de la Asociación Americana de Ropas y Calzados (AAFA)
En agosto, el Fisco brasileño anunció procedimientos especiales de control sobre importaciones de vestuario, incluyendo inspección física, que puede demora hasta medio año. Brasil sostiene que la medida apunta a frenar importaciones fraudulentas, pero la industria estadounidense observa una embestida proteccionista.
La carta con las quejas se entregó a la oficina comercial americana, conocida por la sigla en inglés USTR, durante una consulta pública para subsidiar un informe sobre barreras comerciales a los productos y servicios de Estados Unidos. No siempre se incorporan las quejas al informe, que en general se divulga a inicios de cada año, y aún no está claro si el USTR pretende tomar alguna medida sobre ese tema.
Sin embargo, los reclamos contra Brasil exponen los dilemas de definir cuáles son los intereses comerciales nacionales en un mundo en que las empresas multinacionales producen y venden de forma globalizada. Hace algunos días, el Senado estadounidense aprobó un proyecto que prevé represalias comerciales para combatir el aluvión de exportaciones provocado por la subvaloración de la moneda china.
Estados Unidos venden algunos productos que fabrican a Brasil, por lo que pueden armar un caso en defensa de sus exportaciones. Pero, si el USTR adopta la posición de la industria de vestuarios y calzados, en la práctica Estados Unidos estará defendiendo sobre todo las exportaciones de China hacia Brasil.
El sector mantiene una postura coherente de defensa del libre comercio también en Estados Unidos, oponiéndose a las iniciativas para frenar productos chinos. Casi todas las prendas de vestir y calzados vendidos en Estados Unidos son importados.
En la carta al USTR, la industria americana atacó a países que impusieron barreras a las importaciones de vestuarios y zapatos. Argentina llevó el arte de las barreras no arancelarias a un nivel enteramente nuevo, afirmó Burke, quejándose de medidas como cuotas, precios mínimos y aprobaciones no automáticas de licencias de importaciones. Infelizmente, el gran vecino de Argentina más al norte, Brasil, está aprendiendo las lecciones, advirtió Burke.
En la misiva, recordó que en 2010, Brasil impuso un arancel antidumping de u$s 13,85 por par de todos los calzados importados de China. Pero además, Brasil impuso licencias no automáticas y requerimientos de origen para las importaciones de calzados de afuera del Mercosur.
Según Burke, Brasil estableció qué calzados deben importarse directamente del país de origen del producto, incluso cuando el zapato tiene el certificado de origen correcto. Ahora, Brasil expandió muchas de esas escandalosas y arbitrarias restricciones para las importaciones brasileñas de ropas y textiles, siguió el presidente de AAFA, al referirse a un conjunto de medidas adoptadas por el Fisco en agosto.
La carta menciona el monitoreo adicional, una inspección de excelencia y la liberación retrasada de determinadas mercancías. También se refiere a nuevos aumentos en tasas aduaneras en ropas, textiles y calzados importados. La única intención de esos esquemas es tornar casi imposible vender productos con fabricación y con marcas estadounidenses en el mercado brasileño, afirmó Burke.
Recordó que en los últimos doce meses concluidos en julio, las exportaciones de ropas y textiles a Brasil sumaron u$s 272 millones. Esas exportaciones de fabricación americana están en serio riesgo por las nuevas medidas restrictivas.










