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Corea del Norte volvió a enviar un mensaje claro a la región: la modernización militar avanza sin pausa y ahora lo hace con una exhibición pública de alto impacto. En la antesala del Noveno Congreso del Partido del Trabajo, el régimen presentó 50 nuevos lanzadores del sistema KN-25, un movimiento que refuerza tanto su narrativa política como su capacidad operativa real.
El despliegue masivo confirma que el programa dejó atrás la fase experimental y se integra de lleno en la estructura del Ejército Popular de Corea.
La nueva arma de Corea del Norte que preocupa a Estados Unidos
El KN-25 es descrito por Pyongyang como un sistema de lanzamiento múltiple de cohetes de gran calibre, pero analistas militares y autoridades de Corea del Sur lo clasifican como un misil balístico de corto alcance, debido a su tamaño, trayectoria y rendimiento.
Entre sus características más relevantes:
- Calibre de 600 mm
- Alcance estimado de 330 a 380 kilómetros
- Propulsante sólido de una etapa
- Lanzador móvil sobre vehículo pesado con cuatro tubos
- Intervalos de disparo de hasta 20 segundos entre proyectiles
Este perfil técnico lo ubica en una zona intermedia entre la artillería convencional y los misiles balísticos tácticos, ampliando el abanico de opciones ofensivas del régimen.
Las primeras pruebas públicas del sistema se realizaron en agosto de 2019, con impactos en el Mar de Japón tras recorrer cerca de 380 kilómetros y alcanzar altitudes próximas a los 97 kilómetros, una trayectoria superior a la de cohetes tradicionales.
Movilidad, precisión y estrategia de “disparar y moverse”
Uno de los elementos centrales del KN-25 es su movilidad por carretera. El sistema se transporta en un lanzador erector móvil, lo que permite ejecutar ataques rápidos y reubicarse antes de que los radares enemigos identifiquen el punto de origen.
Esta táctica, conocida como “shoot and scoot”, complica:
- La detección por contrabatería
- Los ataques preventivos
- La neutralización temprana de plataformas
Además, informes oficiales norcoreanos aseguran que el misil cuenta con un sistema de guiado autónomo, posiblemente basado en navegación inercial con apoyo satelital y resistencia a interferencias electrónicas.
Si se confirma esa capacidad, el KN-25 no solo ampliaría el alcance, sino también la precisión de impacto, aumentando el riesgo sobre bases aéreas, centros logísticos e infraestructuras estratégicas en Corea del Sur.
Mensaje político y expansión industrial
La entrega pública de 50 lanzadores no es un gesto aislado. Representa un salto industrial que sugiere producción en serie y despliegue estructurado dentro de las fuerzas de cohetes.
Durante la última prueba reportada, el líder norcoreano Kim Jong-un supervisó personalmente el ejercicio, vinculando el desarrollo del sistema a la estrategia de disuasión estratégica del país.
Según el parte oficial, cuatro proyectiles impactaron un objetivo marítimo a 358,5 kilómetros, cifra coherente con los datos difundidos por autoridades surcoreanas.
Más allá de la península, la evolución del arsenal norcoreano complica los cálculos de seguridad regional. Al difuminar la frontera entre artillería pesada y misil balístico, Pyongyang multiplica los vectores de ataque disponibles en un eventual escenario de crisis.
Para Seúl, Tokio y Washington, el avance del KN-25 obliga a revisar sistemas de defensa antimisiles, redes de alerta temprana y doctrinas de respuesta rápida frente a una amenaza cada vez más móvil, precisa y políticamente instrumentalizada.