Desde enero de 2026, cargar combustible en los Estados Unidos dejó de estar supeditado únicamente al precio por litro o por kilovatio. Las estaciones de servicio ya comenzaron a mostrar una nueva información obligatoria en los surtidores que consiste en el costo medio estimado por cada 100 kilómetros recorridos, según el tipo de energía utilizada.
El objetivo de este cambio es ofrecer datos más claros y comparables para los conductores en un contexto de creciente diversidad de opciones de movilidad.
La medida, que rige en todo el país, se suma al valor tradicional del combustible y apunta a traducir el gasto energético a un dato más cercano a la experiencia real de conducción. De esta forma, el usuario no solo ve cuánto paga al momento de cargar, sino también cuál es el impacto económico concreto de recorrer una determinada distancia en su día a día.
Cómo funcionarán las estaciones de servicio desde ahora
Según informó Trackography, la nueva información debe aparecer directamente en el surtidor, en un lugar visible, y no en carteles secundarios. Hasta ahora, los precios se expresaban en distintas unidades según el tipo de energía: litros para gasolina y diésel, kilovatios hora para vehículos eléctricos y otras medidas para combustibles alternativos, lo que dificultaba la comparación directa.
Con la nueva normativa, todas las opciones deberán incluir también una escala común: el costo por cada 100 kilómetros. La estimación se basa en consumos estandarizados y permite comparar, por ejemplo, cuánto cuesta recorrer la misma distancia con gasolina, diésel, electricidad u otras alternativas disponibles en la estación.
El objetivo del cambio
El objetivo central de la medida es mejorar la transparencia y ayudar a los conductores a comprender mejor el gasto asociado a sus desplazamientos habituales. Un trayecto diario al trabajo, un viaje de fin de semana o el kilometraje anual dejan de depender de cálculos mentales o suposiciones y pasan a expresarse en un dato concreto y fácilmente interpretable.
Además, la exhibición del costo por distancia recorrida permite dimensionar el impacto de pequeñas diferencias de precio. Una variación mínima cada 100 kilómetros puede transformarse, al cabo de un año y miles de kilómetros, en un ahorro o un gasto significativo dentro del presupuesto familiar.