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Un equipo internacional de astrónomos logró estudiar con un nivel de detalle sin precedentes a WD 1856 b, un exoplaneta gigante que desafía las teorías sobre la evolución de los sistemas planetarios.

Está ubicado a 81 años luz de la Tierra, y continúa orbitando una estrella que murió hace miles de millones de años y hoy es una enana blanca. Las nuevas observaciones realizadas con el Telescopio Espacial James Webb permitieron conocer mejor su composición, temperatura e historia.

Qué descubrieron los astrónomos sobre WD 1856 b, el planeta que sobrevivió cuando su estrella murió

Las observaciones revelaron que WD 1856 b es un gigante gaseoso con una masa cercana a ocho veces más que la de Júpiter, y una atmósfera compuesta principalmente de hidrógeno y helio, aunque contiene altos niveles de metano, superiores a los esperados.

Su temperatura ronda los 127°, un número mucho más elevado que el que se esperaba para un planeta que orbita una enana blanca.

El planeta que sobrevivió cuando su estrella murió y desafía todo lo que sabía la astronomía
El planeta que sobrevivió cuando su estrella murió y desafía todo lo que sabía la astronomía Chat GPT

¿Qué es lo llamativo de este fenómeno?

El planeta completa una vuelta alrededor de su estrella en apenas 1,4 días y se encuentra 50 veces más cerca de su estrella de lo que la tierra está del Sol. Esta cercanía es la que lo convierte en uno de los mayores misterios.

Esto es porque cuando una estrella similar al Sol se expande enormemente antes de convertirse en una enana blanca, debería destruir cualquier planeta cercano.

Según las hipótesis de los investigadores, existen dos posibilidades:

  • El planeta sobrevivió al ser parcialmente engullido durante la fase de gigante roja
  • Originalmente orbitaba mucho más lejos y migro hacia el interior millones de años después debido a la influencia gravitatoria de dos estrellas enanas rojas que forman parte del mismo sistema

La importancia para nuestro Sistema Solar: ¿Qué podría pasar con algunos de los planetas?

El análisis de esta situación abre posibilidades sobre lo que podría pasar con nuestro propio Sistema Solar dentro de 5.000 millones de años, cuando el Sol agote su combustible, se convierta en una gigante roja y engulla al menos a Mercurio y Venus.

Si bien el destino de la Tierra aún es incierto, los investigadores plantean que cuerpos más alejados como Jupiter, Saturno, Urano y Neptuno probablemente sobrevivan a esa transformación y continúen orbitando a la enana blanca en la que se convertirá nuestro Sol.