VÍAS NAVEGABLES

La hidrovía no merece decisiones contrarreloj

A siete días hábiles de finalizar la concesión, el silencio del gobierno respecto a los pasos a seguir empaña la trascendencia de esta vía de navegación troncal por donde sale el 80% de las exportaciones argentinas

 Desde hace 11 años se sabe que el contrato de concesión de la hidrovía vence el 30 de abril de 2021. Pasó la última parte del primer gobierno y toda la segunda presidencia de Cristina Kirchner, luego transcurrió el mandato de Mauricio Macri y finalmente, casi un año y medio de la actual gestión. Poco se hizo para llegar con los papeles en regla. La principal salida de las exportaciones argentinas se merecía al menos eso de parte de un estado nacional que engrosó sus arcas con las millonarias retenciones a las exportaciones recibidas durante todos estos años gracias en parte a una hidrovía profunda y señalizada las 24 horas del día y los 365 días del año.

Esta obra, con dragado de apertura y mantenimiento, arrancó hace 25 años y desde entonces muestra una intachable solvencia técnica. En 1995, los buques desde Rosario salían con 22.000 toneladas de carga y hoy lo hacen con 47.000. En aquél momento la capacidad de molienda de la Argentina era de 50.000 toneladas por día en todas las fábricas aceiteras y hoy se alcanzaron las 200.000 toneladas. Su continuidad en el tiempo explica las grandes cosechas que se fueron alcanzando, ya que el campo pudo cultivar más sabiendo que tenía una vía de salida eficiente de sus productos hacia el mundo. Explica también los más de u$s 6.000 millones de inversiones privadas en el racimo de terminales portuarias privadas que va desde Arroyo Seco hasta Timbúes, sobre el Paraná.

A días del vencimiento de esta concesión, todos esperan alguna decisión gubernamental que calme a un sector productivo y logístico desorientado ante tan largo silencio. Algo tendrá que decir el ministro de Transporte Mario Meoni el próximo 26 de abril, cuando se desarrolle la reunión del Consejo Federal de la Hidrovía. Y seguramente dirá lo que todo el mundo ya sabe y espera: habrá prórroga para el actual concesionario hasta que se elaboren los pliegos, se licite y se adjudique la obra. El tiempo que llevará tal trámite es un interrogante que al parecer ya dilucidó el artículo cuarto del decreto 949/2020 que puso en marcha la nueva licitación de la hidrovía. El mismo autoriza al Ministerio de Transporte a adoptar las medidas necesarias con el fin de garantizar la continuidad de la navegación de la hidrovía hasta que el nuevo concesionario asuma la operación del servicio. Teniendo en cuenta el tiempo necesario para lleva a cabo un proceso tan complejo, los retrasos producto de la pandemia, y la delegación de facultados al ministerio por dos años, el decreto posibilitaría extender la actual concesión hasta diciembre de 2022.

Los plazos calzarían a la perfección: un estudio ambiental del nuevo canal llevaría como mínimo 18 meses y además el nuevo operador debería tomar la concesión luego de haberse levantado la cosecha, para evitar eventuales dificultades. Si la cosecha culmina en junio o julio 2022, que el operador que surja de la licitación tome las riendas de la concesión entre octubre y diciembre de ese año figura más que razonable.

Mientras tanto, distintos actores y sectores aportan su grano de arena en la discusión con las ventajas y contras del caso. Siempre es buena la suma de ideas, pero también se sabe que cuantos más se sienten en la mesa, más largo será el proceso de toma de decisiones. A los más de 60 participantes del Consejo Federal de la Hidrovía ahora se sumó el Congreso Nacional que trabaja en el armado de una comisión bicameral de seguimiento,

y algo parecido se está gestando en la legislatura de la Provincia de Buenos Aires. La Federación Argentina de Yachting, pidió formalmente el dragado del canal que vincula a los clubes náuticos, postura que apoyó la Cámara de Constructores de Embarcaciones Livianas (Cacel). Río Feminista, articulación de mujeres y organizaciones que viven en el cauce del Delta del Paraná, también solicitó ser tenida en cuenta, y lo mismo ocurre con una infinidad de municipalidades situadas a la vera del río.

Si el gobierno no mete manos a la obra de inmediato, tampoco alcanzarán los dos años de plazo previsto en el decreto 949, de los cuales ya se evaporaron casi cinco meses.

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Comentarios

  • FJDA

    Francisco Javier de Amorrortu

    Hace 22 días

    Esta obra no empezó en 1995, sino en 1967 con la firma del contrato con la Halcrow, proyectista del aberrante ventury obrado en el arroyo Las Víboras.
    Jan de Nul tenía el 81% de las acciones, Kokourek el 8%, EMEPA otro 8% y un tercero el 3% restante. En el 95 EMEPA se quedó con el 50% y Jan del Nul el otro 50%.
    Desde entonces los radicales se financiaron con Hidrovía S.A. y Jan de Nul los tuvo que bancar partiendo al medio una torta donde los radicales ponían las boyas. La CARP sigue manejada por ellos. Y por supuesto, de hidrología de ríos de llanura no tienen el menor conocimiento. José Beni, el mismo que ahora preside la comisión de honor, fue el que autorizó el dragado del canal Vinculación para generar rellenos para un barrio cerrado que terminó clausurado por Arroyo Salgado. No superaba el 1,50 m de profundidad promedio. Lo llevaron a más de 20 mts. Alli podía fondear el acorazado Missouri. Pero el karma de estos dragados salvajes lo cargó el hijo de un radical que no podía estar ignorando esto. No es la Justicia la que resuelve estos karmas.
    La ignorancia sobre las energías presentes en el estuario, otro tanto. El Instituto Nacional del Agua sigue despistado con Newton durmiendo la siesta y el CONICET, que hoy administra con 2 personas en el SHN el control de las 12 boyas con que imaginan tener los datos para evaluar las deposiciones sedimentarias en el Emilio Mitre, sigue en la misma luna anterior, sin reconocer las energías convectivas presentes en el estuario, que el torpe ventury transforma en un infierno. El futuro de los 120 Km2 que median entre el frente deltario, Punta Lara, las riberas urbanas y el Emilio Mitre hoy cuenta con tan solo 80 cms de profundidad promedio. En 20 años no superará los 40 cms y entonces ya estaremos todos reconociendo el infierno de la reina del Plata. Hoy solo le llega la noticia de un apocalipsis.
    Los vuelcos de 4,3 millones de m3 diarios de efluentes por emisarios a ambos lados del canal de acceso generarán por capa límite térmica e hidroquímica la precipitación inmediata a la salida misma de las bocas difusoras cruzadas a 90º respeto de la dinámicas del estuario. Esa barrera termodinámica será el final de esta historia.
    Por eso es elemental que la hidrovía empiece a operar por el Guazú y en lugar de forzar su paso por la Barra del Globo para sumarse al canal uruguayo, lo haga bordeando el lado SO del Banco de Ortíz hasta empalmar frente a La Plata. De allí en más se sume al viejo canal de la Barra del Indio. Hagan tres contratos. De Rosario al Norte; de Rosario al estuario y del estuario al mar. Propongan a las empresas que se presenten a la licitación par el estuario llevar las profundidades a 50 pies en el término de 10 años. Y los estudios de esos compromisos vayan a cuenta de ellas y no del Estado. De esa forma evitan las posteriores excusas de errores de prospectivas.
    Si empiezan a estudiar los beneficios de suavizar los perfiles transversales que siguen a las soleras, tal vez acierten a resolver en buena medida los problemas de las deposiciones. Por eso, el primer paso es dejar a Newton que siga durmiendo su siesta y empezar a mirar por termodinámica de sistems naturales abiertos y enlazados. A los físicos en dinámica costera, hidrólogos, geólogos y sedimentólogos acredítenles el acceso a un buen tratamiento psiquiátrico. No es una broma. Es lo inevitable. Serán los últimos en despertar.

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