

Fumar es un hábito mal visto, pero los cigarrillos siguen en venta y un 33% de la población argentina los consume: así es como nace
, el cigarrillo electrónico, creado para el mercado nacional, pero fabricado en China, donde es altamente popular, así como en Europa.
Lo testeamos, y a diferencia que con la tecnología convencional, esta vez tuvimos que ‘ponerle el cuerpo’ para probar como se siente.
El cigarrillo electrónico funciona usando una batería recargable, un atomizador y un cartucho-boquilla que cuando se “fuma calienta la sustancia saborizada y transforma los componentes en vapor que es inhalado y circula por los pulmones como si fuese una nebulización.
Según Sebastián Gómez, una de los caras visibles detrás de los $ 3,5 millones que demandó instalar la marca en nuestro país, Oxigen no provoca adicción, ni es perjudicial para la salud. Estas afirmaciones están respaldadas por el aval de la
Fundación Favaloro, el INAME (Instituto Nacional de Medicamentos) ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología) y el INAL (Instituto Nacional de Alimentos), entre otros.
Volviendo a la experiencia de usuario, al probarlo por primera vez no se siente como un cigarrillo convencional; el sabor no es exactamente al del tabaco, aunque el vapor simula en un 90% al humo y hasta resulta refrescante porque no se siente la sequedad que produce la combustión del cigarrillo.
En nuestro país se comercializarán por ahora los sabores tabaco, tradicional, frutilla, vainilla, y menta. Ninguno de los cartuchos posee nicotina, por lo cual no produce cáncer, a diferencia de otros productos similares que se venden en el exterior o por los sitios de subastas, que sí vienen con ese alcaloide.
Lo notable del Oxigen, y que llamó mi atención, fue que usándolo en un ambiente social, charlando y escuchando a mi interlocutor, olvidé que estaba fumando ‘electrónico’ o ‘vapeando’ como se dice en el primer mundo, y sentí una notable baja de la ansiedad que ocurre cuando los fumadores estamos en lugares libres de humo.
De hecho, ‘vapear’ (utilizar un cigarrillo electrónico) no está prohibido por ninguna ley, ya que el acto de inhalar vapor no produce olor en el ambiente ni deja rastros en la ropa.
A mi gusto hubiese preferido una textura más rugosa para la parte que simula ser el papel del cigarrillo, y un sabor más similar al del tabaco en la sustancia presentada para copiar ese gusto. De los que probé, el más concordante con el dejo del cigarrillo fue el sabor a menta. Otra diferencia es que entra más aire que en la experiencia de fumar, así que por momentos da la sensación de que se nos quedo sin agua el mate.
También el peso es mucho mayor que el de un cigarrillo convencional, por lo que resulta imposible mantenerlo pendulando del labio sin que se caiga. Es para tener en la mano. Humphrey Bogart abstenerse.
Los precios y comercialización que ya fueron publicados por
, equiparan aproximadamente a los gastos de un fumador frecuente.
En mi caso, todavía tengo el prurito de ‘vapear’ en el colectivo o en la sala de espera de terapia intensiva de alguna clínica sin ser despedido a palazos. El cigarrillo electrónico puede que se imponga en los que quieren dejar de fumar o los que quieren comenzar a ‘vapear’ entre cigarrillos de tabaco, pero como dije al principio, la imagen del hombre que fuma -vista de lejos- sigue estigmatizada.










