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Burbujas en las pistas

El titular de la marca de sidra lidera el campeonato de la categoría monomarca Fiat Abarth Competizione. Además, a los 34 años, planea dar el salto al TC 2000 para 2015. Cómo divide su tiempo entre ambos roles.

Fabricante de sidra y piloto de carreras. Los dos roles se conjugan en el perfil de Hugo Ballester, titular de la empresa La Farruca, quien de lunes a viernes dirige su compañía y los fines de semana acelera a fondo en la categoría Fiat Abarth Competizione. Los autos, reconoce el empresario de 34 años, siempre fueron una de sus pasiones y, si bien nunca se dedicó a esta profesión, supo encontrar los caminos para poder correr en un circuito. “Empecé en los track days, que son carreras a contrarreloj con autos de calle en las pistas. Fui campeón de la marca BMW y ahí pensé que por ahí tenía condiciones para correr”, cuenta Ballester a RPM.
Su primera vez arriba de un auto de carrera fue en 2009, en la categoría Fiat Línea Competizione. “Fue en el autódromo de Chaco. Fui a mi primera carrera pensando que iba a ganar, pero clasifiqué 18. Fue increíble la experiencia, pero volví muy decepcionado por el resultado”, rememora. Desde ese entonces, Ballester participa en las sucesivas categorías monomarca que acompañan las presentaciones del Super TC 2000 en distintos puntos del país, con buenos resultados. Fue subcampeón en 2013 con los Punto Abarth y es líder del campeonato esta temporada.
“Con el tiempo, uno va aprendiendo lo que es un auto de competición. Pero es difícil para los que no somos profesionales, porque a veces no tenemos contacto con el auto por tres semanas y se pierde sensibilidad. Como preparación, voy al gimnasio y trato de escaparme de la oficina una hora al autódromo para andar en karting”, relata el empresario. Su victoria el año pasado, en el circuito callejero de Buenos Aires, está entre sus momentos más recordados: “Había 50.000 personas pendientes de lo que estaba haciendo arriba del auto. Se te ponían los pelos de punta ver tanta gente”.

El nuevo desafío
Los buenos resultados en las monomarca estimularon a Ballester, quien decidió dar un paso más en el automovilismo y sumarse, a partir de la próxima temporada, al TC 2000. “Tenía que dar el salto ahora. Después es cada vez más difícil hacer el pase a algo más competitivo”, explica Ballester, quien ya tuvo su carrera debut en la categoría este año, el 4 de agosto, en Río Cuarto, a bordo de un Fiat Línea del equipo Pro Racing. “Me sorprendió la simpleza con la que se maneja; no sentí un cambio tan grande al pasar de los Punto. El plan, ahora, es todo el año, y seguramente cuando empiece la temporada, va a ser complicado estar adelante. Pero mi objetivo es estar entre los ocho o 10 primeros en la primera mitad del año”, se entusiasma.
Para el cambio de categoría, Ballester está trabajando en el armado de un nuevo equipo, que evalúa dos posibles marcas para sus autos. El salto, no obstante, también representa nuevas exigencias en el plano económico. El costo de cada carrera en la Fiat Abarth ronda los $ 60.000, mientras que para el TC 2000 el monto se duplica, hasta los $ 120.000. Hasta aquí, Ballester utilizó a su marca de sidra como sponsor, pero para el próximo año buscará nuevos auspiciantes. “La idea es solventar al menos la mitad del presupuesto con publicidad de terceros”, completa.
Por otra parte, el paso de una categoría de aficionados a otra profesional, como el TC 2000, implicará una mayor preparación física y mental. Las carreras son más largas y pilotos se dedican desde jóvenes al automovilismo. “Cuando corrí en TC 2000, los 45 minutos de carrera se me hicieron pesados. Es difícil estar siempre con la cabeza 100 por ciento enfocada. Voy a tratar más la parte de gimnasio y trabajar con algún personal trainer que se dedique al automovilismo para ganar reflejos y concentración, que es lo que más me cuesta", concluye Ballester, quien espera descorchar con sidra.
// Esteban Lafuente.

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