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Durante años, el avance de la medicina estuvo asociado al desarrollo de nuevos medicamentos o procedimientos cada vez más complejos. Hoy, sin embargo, el cambio de paradigma va un paso más allá. El objetivo ya no es únicamente tratar una enfermedad cuando aparece, sino anticiparse a su desarrollo, retrasar su progresión y preservar la calidad de vida de los pacientes durante más tiempo.

Ese enfoque atraviesa especialidades muy distintas. Desde la dermatología hasta la oftalmología y la endocrinología, la prevención gana protagonismo, el diagnóstico incorpora nuevas herramientas tecnológicas y la investigación clínica acelera la llegada de tratamientos que, hasta hace pocos años, parecían lejanos.

En dermatología, esa transformación comienza incluso antes de que aparezca cualquier lesión. Para Leisa Molinari, dermatóloga y fundadora del Centro Médico de la Piel, el desafío consiste en instalar una cultura del cuidado permanente. La especialista sostiene que el consultorio representa apenas unos minutos en la vida del paciente y que el verdadero impacto depende de los hábitos cotidianos.

Por eso propone pensar el cuidado de la piel como un ecosistema que combine educación, controles periódicos y rutinas diarias. En los últimos años, asegura, creció la conciencia sobre la importancia de protegerse del sol y de consultar preventivamente, un cambio que también se refleja en una mayor participación de los hombres en este tipo de controles. En paralelo, la innovación también apunta a ampliar las herramientas disponibles, con desarrollos que complementan la fotoprotección tradicional mediante antioxidantes y otros compuestos destinados a reforzar las defensas naturales de la piel.

Nuevas terapias

La lógica de adelantarse a la enfermedad también atraviesa la oftalmología, aunque con otro objetivo: evitar que patologías progresivas provoquen una pérdida irreversible de la visión. Aníbal Francone, jefe de Investigación de Charles Centro Oftalmológico, explicó que los avances en diagnóstico por imágenes y el desarrollo de nuevas terapias modificaron por completo la forma de abordar enfermedades de la retina.

Las tecnologías actuales permiten observar con un nivel de detalle impensado hace algunas décadas y evaluar con mayor precisión la respuesta a los tratamientos. Ese conocimiento impulsó el desarrollo de nuevos fármacos y abrió la puerta a terapias génicas y otras estrategias capaces de frenar la evolución de enfermedades hereditarias o degenerativas. Al mismo tiempo, la investigación clínica busca tratamientos más efectivos y duraderos que reduzcan la frecuencia de las intervenciones sin perder eficacia.

La investigación también ocupa un lugar central en la endocrinología, donde los avances de los últimos años cambiaron radicalmente las alternativas disponibles para enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad. Laura Maffei, endocrinóloga, investigadora clínica y directora de Maffei Centro Médico e Investigación Clínica Aplicada, recuerda que décadas atrás existían fuertes prejuicios sobre los ensayos clínicos, una percepción que comenzó a modificarse gracias a mayores estándares regulatorios y a una comunicación más transparente con los pacientes.

Según explica, el desarrollo tecnológico y el uso de herramientas de inteligencia artificial permiten procesar información con mayor velocidad, optimizar el diseño de los estudios y acelerar la llegada de nuevos tratamientos sin resignar los controles de seguridad. A eso se suma un contexto regulatorio que volvió a posicionar a la Argentina como uno de los principales polos de investigación clínica de la región, con un creciente número de estudios internacionales.