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Ópera más allá del Teatro Colón: el circuito off que atrae nuevos públicos

Ya sea para llevar el género al público más joven u ofrecer una alternativa profesional a la sala lírica más importante del país, un grupo de compañías trabaja con los mismos standards que el circuito comercial, pero desde el off.

"La viuda alegre" (Foto: prensa Juventus Lyrica)

La escena de la ópera en la Argentina ha sido confinada desde principios del siglo XX, cuando las oleadas inmigratorias de españoles e italianos dieron vuelo al género en el país, a las paredes del Teatro Colón. El monumental edificio dominaba por su casi perfecta acústica, sus escuelas de arte y por ser el único lugar donde una compañía podía desarrollarse como tal, con temporadas programadas con anticipación y fondos para llevarlas adelante.

Para fin el siglo XX, esa escena se había ampliado. El Teatro Colón desbordaba de talento y quienes se quedaban en las segundas líneas como reemplazantes o en el coro tenían mucho para mostrar. Ya sea para llevar la ópera al público más joven u ofrecer una alternativa profesional a la sala lírica más importante del país, surgían por lo bajo compañías que empezaron a trabajar con los mismos standards que el circuito comercial, pero desde el off.

Juventus Lyrica, Buenos Aires Lírica y Sol Lírica son tres de las compañías que pisan fuerte en la escena independiente con programaciones que, con el objetivo de ofrecer algo más que piezas taquilleras, oscilan entre los clásicos y los textos no tan difundidos. Programan entre tres y cinco óperas por año en teatros como el Avenida, el Coliseo y el Empire. Cada obra lleva entre un año y seis meses de preparación hasta que se apagan las luces, se abre el telón y empieza a sonar la orquesta.

“Nosotros surgimos en 1998 dentro del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón; nos dimos cuenta que había un material importantísimo de voces jóvenes que no tenían posibilidades reales de actuar ni de formarse profesionalmente porque la formación era más bien académica”, recuerda María Jaunarena, directora ejecutiva de Juventus Lyrica en diálogo con Cronista.com La impronta de la compañía es la juventud y los nuevos públicos. No solo dan oportunidades a voces emergentes sino también formación;  apuestan por artistas argentinos y de países limítrofes que puedan proyectar sus carreras en el exterior. “Muchas veces cantantes que se formaron en Juventus y que ahora actúan en Francia o Italia vuelven a protagonizar determinados títulos. El público está presenciando voces que están en los teatros más importantes del mundo”, explica. En mayo abrirán la temporada con “Norma” (Bellini) y en septiembre y noviembre le seguirán “Turandot” (Puccini) y “El conde Ory” (Rossini), respectivamente.

En 2002 aparece en la escena Buenos Aires Lírica, una compañía donde el foco está puesto en ofrecer un espectáculo de la misma calidad que las producciones más importantes. Su director general, Frank Marmorek, considera que la ópera “es un género que tiene ciertas exigencias de producción, de calidad y estéticas. Nosotros queremos responder a eso. Lo contrario serían experiencias de fiestas de fin de año. Hay ciertos requisitos que cumplir y tratamos de hacerlo”. Han puesto en escena 70 óperas y este año –en su 15° aniversario- programaron “L’incoronazione di Poppiea” (Monteverdi), “Egmont” (Beethoven) y “Sueño de una noche de verano” (Mendelssohn), “La scala di seta” (Rossini), “La boheme” (Puccini) y “Ba-Ta-Clan” (Offenbach).

"Manon Lescaut" (Foto: prensa Buenos Aires Lírica)

En Buenos Aires Lírica las exigencias no son solo para adentro del cuerpo de trabajo, sino también hacia fuera. “Tenemos un compromiso con el público que consiste en liderarlo, no seguirlo. Que el público nos diga que quiere escuchar “Carmen” no basta. Te damos “Carmen”, pero también otras cosas”, afirma su director.

Ulises Maino preparaba su tesis sobre el género operístico cuando con Gabriel Vacas empezaron a pensar en poner en escena una obra. Con el primero al frente de la dirección orquestal y el segundo en la artística realizaron su primera producción en 2014, “La Finta Giardiniera” (Mozart). Luciana Bianchini, una socióloga fanática de la ópera, les propuso dar un salto y formar una compañía. “Cuando lo conozco a Gabi le dije que si tenía ganas lo podía ayudar desde mis conocimientos, que era estudiar el campo de la ópera off. Veía cosas que pasaban en otros lados que podíamos evitar que nos pasen a nosotros”, describe a Cronista.com. Sol Lírica busca, por un lado, cubrir una demanda: darle lugar a cantantes, músicos, vestuaristas y escenógrafos que no se insertan en el Teatro Colón o que solo forman parte del coro estable. Por el otro, acompañar las producciones con un eje investigativo donde se relevan los públicos que asisten. Al mismo tiempo, saben que es fundamental la institucionalización para posicionarse como agentes culturales. “No todas las compañías dejan de producir por cuestiones económicas, sino por cuestiones organizativas”, detalla Bianchini, y sostiene que es necesario “crear una marca, un perfil y pensar qué tenemos de parecido y qué de diferente con otras compañías”. Por estos días terminan de delinear la programación para 2017, que ya saben contará con reposiciones de “Il mondo della luna” (Haydn) por el éxito alcanzado el año anterior.

"Il mondo della luna" (Foto: Noelia Pirsic para Sol Lírica)

Cubrir los costos y las expectativas

Los costos de producir ópera en Argentina y en el resto del mundo no se cubren con lo recaudado en la boletería. Se necesitan mecenas, sponsors y asociaciones de amigos, entre otras herramientas, para llevarla adelante. El trabajo artesanal, la competencia con otros consumos culturales y los prejuicios respecto al género operan en contra, así como una economía local impredecible que impide comprometer fondos con más de un año de anticipación.

“Estamos hablando de arte y es algo que comercialmente no es tan atractivo como otras actividades, como las deportivas”, reflexiona Marmorek. A su vez, sostiene que “la ópera no es la clase de actividad que hoy tenga un público masivo, sobre todo en las generaciones más jóvenes”. “Estamos en la época de las redes sociales, de internet y de distracciones que no cuadran con un arte que se inventó hace siglos y que requiere paciencia, tiempo, interés y concentración. Por ello estamos ofreciendo esta temporada, a la par de los tradicionales, espectáculos más breves e inmediatos”, agrega.

Para Jaunarena, ahorrar en costos sería traicionar al género. “La ópera se quedó en el tiempo en el sentido de que no pudo incorporar como otros rubros el adelanto técnico para ser más eficiente. No se puede hacer una ópera con pista para ahorrar recurso humano porque traiciona”, indica.

Foto: prensa Juventus Lyrica
"Madama Butterfly" (Foto: prensa Juventus Lyrica)

Además de la venta de entradas y de los abonos anuales, las tres compañías reciben fondos de privados a través del Régimen de Promoción Cultural porteño (Ley de Mecenazgo) y sponsors, entre otros. No producir con lo justo permite darle espacio a piezas menos conocidas. En Juventus Lyrica, explica su directora ejecutiva, “los abonados constituyen casi el 50% del presupuesto y eso hace que tengamos la posibilidad de programar títulos que no son tan taquilleros. Si no existiese el abono tendría que programar todo el tiempo “Traviata””.

A la hora de la financiación, Bianchini también pone el foco en los públicos y en la programación. En Sol Lírica, como en el resto de las compañías, el desafío pendiente es atraer nuevos espectadores sin perder la excelencia. “Hay mucha oferta cultural en Buenos Aires y uno tiene que hacer un producto de calidad y que lo vayan a ver. Ahí tenés el tema del público” y resalta el equilibrio que debe existir entre las preferencias del director y lo que la gente quiere ver.

"Il Signor Bruschino" (Foto: Pau Pau Glickman para Sol Lírica)

Desacralizar para atraer

A lo largo de los años, un poco alimentado por el inconsciente colectivo y otro poco por la tradición, se creó un reglamento implícito que todo buen espectador de ópera debe cumplir si pretende ser tratado como tal. Saber cuándo aplaudir, cómo vestir y conocer la pieza constituyen algunos de las reglas no escritas. Aunque en las primeras décadas del siglo pasado el género congregó en Argentina a espectadores de todas las clases sociales, con el correr de los años se afianzó como un espectáculo reservado y destinado a una elite económica y cultural que podía considerarse a sí misma como buen público. En el siglo XXI, el circuito independiente intenta romper los prejuicios y acercar la ópera a nuevas audiencias y, especialmente, al público joven.

"Ernani" - (Foto: prensa Buenos Aires Lírica)

“Muchos de los prejuicios alrededor del género son económicos, o cómo ir vestidos o cuándo aplaudir. El público de la ópera se ha encargado de mirar mal a los que aplauden fuera de tiempo”, sostiene Jaunarena. En Juvents Lyrica se propusieron “desacralizar el género” para que pueda ser disfrutado por cualquiera independientemente de la condición socioeconómica y la edad. Apuestan por un abono sub 45 “para que la gente se anime a cruzar esa barrera de ir la ópera por primera vez”.

Buenos Aires Lírica cree en adaptar la programación para sumar nuevos adeptos. “La época de oro ya pasó, el público está mermando. Nosotros estamos trabajando sobre otras versiones del espectáculo que puedan resultar atractivas a un público nuevo sin descuidar al núcleo de melómanos duro que siempre apoyaron esto”, explica Marmorek.

Bianchini aporta una mirada sociológica al tema. “La historia de la ópera está asociada a los inmigrantes y sectores populares ¿Qué está operando para no creer en ese ideal de que la ópera puede ser para todos?”, se pregunta y apunta a una elite que perpetuó ese protocolo implícito que levantó “barreras invisibles”. Tratar de romper esas barreras invisibles es el rol de las compañías independientes.