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Los juegos de escape son tendencia en Buenos Aires y se expanden a la región

El concepto llegó al país el año pasado de la mano de dos emprendedores rusos que abrieron el primer bar temático en San Telmo. Se juega en equipo y la consigna es escapar de una habitación cerrada resolviendo acertijos

En el bar de Juegos Mentales hay que resolver enigmas para poder escapar

En el bar de Juegos Mentales hay que resolver enigmas para poder escapar

Robar un museo y salir sin ser visto, fugarse de un neuropsiquiátrico, viajar en la máquina del tiempo y volver al presente sin quedar atrapado en el pasado o el futuro. La consigna de los Juegos de Escape es usar la mente y trabajar en equipo para salir airoso en menos de 60 minutos. La tendencia empezó en Europa y llegó a Buenos Aires el año pasado, de la mano de los emprendedores rusos Danil Tchapovski y Alekxandr Matviychuk, que abrieron el primer bar de Juegos Mentales en el barrio de San Telmo.

Empezaron con dos salas, en el subsuelo del bar: hospital psiquiátrico y robo al museo. Pronto fue un éxito, y ya abrieron cuatro salas más en un edificio contiguo al primer local: la casa del pirata, viaje en el tiempo, prisioneros de la torre y aventuras peligrosas. "Vienen parejas, familias con sus hijos, grupos de amigos y equipos de trabajo para hacer actividades de team building", cuenta Tchapovski.

La idea de negocio se le ocurrió tras un viaje a su helada patria, Siberia, en la que visitó algunos de estos bares temáticos que allí son furor y un buen antídoto para combatir al invierno. "Pensé que debíamos traer esta idea a Buenos Aires, ya que aquí no existía el concepto", cuenta.
Emprendedor nato, Tchapovski llegó a la Argentina en 2001 a los 15 años con su familia, sin hablar una palabra de español. Aquí trabajó de lavacopas, en un call center y en una fábrica. Luego estudió Comercio Exterior y fundó su propia empresa de calzado. Al conocer a Alekxandr, su socio, decidieron abrir el bar casi como un hobby.

"Invertimos $ 100.000, entre el alquiler del local y la ambientación de los juegos. Lo hicimos artesanalmente, pintando las paredes y fabricando nosotros mismos los objetos. Recreamos los juegos que siempre quisimos jugar: ¿a quién no le gustaría escaparse de un barco pirata o viajar en el tiempo?", confiesa.

El local abrió sus puertas a mediados de 2015 y pronto el boca a boca atrajo los clientes. Los turnos para jugar, en equipos de dos a 18 personas, se asignan online, y el costo parte de los $ 600 por cada juego de una hora. El bar es una excusa para tomar algo antes o después del juego. "La idea es ir sumando salas con desafíos diferentes, a la medida de cada espacio. Estamos abriendo dos franquicias más en Buenos Aires, una en Salta, y también en Colombia y Uruguay", cuenta Tchapovski desde Bogotá, donde presentó su caso en una convención de franchising.

Además de los socios, hoy trabaja un equipo de 10 personas de diferentes países en el diseño de los juegos: desde gamers, a ingenieros y arquitectos. "Los desafíos son cada vez más sofisticados. Tenemos juegos donde se abre el piso y se mueven las paredes", revela.

Para participar de la experiencia, no existen limitaciones, salvo aquellos que padecen claustrofobia. Las salas cuentan con cámaras y medidas de seguridad, y se abren automáticamente cuando pasa una hora. Hay juegos para toda la familia, y algunos -como el que recrea una habitación de hotel alojamiento- solo para mayores de 18. A diferencia de su antecesor en juegos de equipo, el Paint Ball, "no hace falta destreza física, sino ingenio, creatividad y sentido común para resolver los enigmas. No todos lo logran -dice el emprendedor- pero al terminar se van con una sonrisa y ganas de seguir jugando".