

La familia Fontenla lleva tres generaciones amoblando las mejores residencias de la Argentina y hoteles de la región. Su apellido se convirtió en sinónimo de buen gusto mobiliario. La empresa tiene más de 60 años en el mercado, hace 25 que comenzó a exportar y desde hace 15 es responsable de la ambientación y amoblamiento en el país y en el exterior de las cadenas de hoteles más prestigiosas a nivel mundial, tales como Sheraton, Faena, Alvear, Sofitel, Four Seasons, Caesar Park, Hilton, Hyatt, Llao Llao, entre otras. Roberto Fontenla, CEO y cabeza de la familia, afirma que aunque el freno importador le sirvió para algunos negocios no está de acuerdo con la medida y reconoce además que los precios están caros y asustan.
¿Siempre fue una empresa familiar?
La comenzó mi padre hace 64 años con una visión más para el ámbito comercial, yo la transformé en industrial. Ahí fue cuando comenzamos a fabricar muebles clásicos, Luis XV y XVI.
¿Cómo fue atravesar las crisis?
Fuimos creciendo y en la crisis fue cuando más lo hicimos a costa de apostar, invertir y seguir adelante. Y esto no fue porque supiéramos lo que iba a pasar, por ejemplo, en el 2001/2002, sino que fue un poco por inconciencia porque en pleno 2001, inauguramos la fábrica y el showroom de 7.700 m2 y que nos significó una inversión de $ 7 millones. Nos empuja querer hacer y que nos gusta lo que hacemos.
¿El segmento premium los dejó a resguardo de las crisis?
Es un negocio que se sostuvo a través de las crisis. La realidad es que siempre hay gente que gana dinero, ya sea en el campo, la industria o lo que sea; y siempre hay alguien que se quiere dar un gusto. La verdad es que fue una buena decisión apuntar a este segmento. Cuando se decidió que debíamos ir para este lado lo hicimos pensando en las dificultades que íbamos a tener que afrontar. Además, en valores es un segmento más seguro, no tanto en volumen y si bien siempre hay bajones la diversificación te resguarda un poco. Esto de vender muebles para oficinas, hoteles y hogares.
¿Cuánto cuesta equipar una casa?
Históricamente costaba el 50% del valor de la propiedad, hoy está entre un 10% y un 15%, un porcentaje que está muy bajo para nosotros.
¿Pero considera que los precios están bajos o muy altos?
Hoy los precios en pesos asustan un poco. Por eso estamos absorbiendo algo del incremento en los costos que tenemos que son gastos fijos, salarios e insumos. Son momentos difíciles que hay que saber manejar, porque este es un negocio en donde la gente no compra muebles todos los días y se acuerda lo que pagó la vez anterior. Una persona que compró un mueble hace cinco años se asusta de los precios actuales.
¿Estos valores también complican las exportaciones?
Hoy somos caros, por la relación entre el dólar y el peso, pero también por el nivel de eficiencia que tenemos. Aunque buscamos ajustar esto, no somos lo eficientes que hay que ser en este mercado. Un italiano me dijo una vez que para reemplazar a un obrero alemán hacen falta dos italianos o cuatro argentinos, y hay algo de razón en eso.
¿Las restricciones a las importaciones beneficiaron su negocio?
Desde la limitación a las importaciones muchas empresas hoteleras miran más al sector interno. No soy partidario de la medida, pero claramente influye en la decisión y ayudó en un primer momento. Pero hoy hay una meseta de proyectos hoteleros. Quizás hay una saturación del turismo, no lo sabemos.
¿Pero los ayudó o no la medida?
Sí, pero yo no soy partidario de las excesivas trabas. Para nosotros, el mercado es el mundo. Las restricciones tienen que estar dadas con el precio de origen real, con controles reales y con medidas antidumping; con esto funcionando no se llegaría a este extremo. Así, nos quedamos con un mercado cerrado, donde el argentino se adueña sólo del diseño argentino. Las limitaciones sirven para frenar a los productos chinos pero, también para frenar negocios.
¿Cómo los complicó a ustedes?
Nos complica la producción, la continuidad y la confianza. Además, nos limitó un poco porque queríamos hacer algo con la compañía brasileña Saccaro y estuvimos casi 10 meses para firmar una licencia para poder traer unos muebles que ya teníamos vendidos.
¿No tiene temor que sus opiniones lo pongan en la mira del Gobierno?
No se puede dejar de opinar sobre la realidad y no debería ser ofensivo. Si hay gente que creyó en el país y apostó son las Pymes. Nací, viví y decidí morirme en la Argentina.










