Bimbo regenera miles de hectáreas
La industria global de alimentos está acelerando su transición hacia modelos productivos que priorizan la salud del suelo como una estrategia de resiliencia operativa y financiera. En este contexto, Grupo Bimbo informó que en 2025 cerraría con más de 500,000 hectáreas bajo prácticas de agricultura regenerativa, lo que representa un incremento del 73% frente a las 290,000 hectáreas registradas al cierre de 2024.
Este movimiento responde a un escenario de deterioro ambiental crítico. Cálculos internacionales señalan que más de la mitad de las tierras agrícolas en el mundo presentan algún grado de degradación, una cifra que podría escalar al 90% para el año 2050 si no se transforman las técnicas de cultivo actuales.
Para las empresas de consumo masivo, con cadenas de suministro dependientes de materias primas como trigo, maíz y azúcar, la inversión en la salud del suelo se ha desplazado de las metas ambientales hacia la gestión de riesgos de suministro ante fenómenos climáticos extremos.
Vale la pena remarcar que de acuerdo con la Coalición Global de la Agricultura Regenerativa, del Consejo Mundial de Negocios para el Desarrollo Sustentable, esta forma de producir alimentos integra prácticas como la reducción de labranza, la rotación de cultivos y la disminución de insumos químicos para restaurar la fertilidad y mejorar la captura de carbono y retención de agua.
A nivel global, esta iniciativa ha congregado a empresas que han invertido más de u$s 3,600 millones, con 300 mil agricultores en sus programas. La idea es que la huella de la agricultura regenerativa sea de 12.5 millones de hectáreas a 2030, de las cuales ya van más de 4 millones.
En este sentido, México se ha consolidado como un centro de innovación técnica. A través de la colaboración entre el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), la Secretaría de Agricultura y el sector privado (como la American Chamber of Commerce), el país ya supera 1 millón de hectáreas con prácticas de conservación y regeneración.
Aunque Bimbo no desglosa la cifra exacta de hectáreas operadas bajo este modelo en territorio mexicano, sus programas locales se concentran en estados como Sonora, Guanajuato, Jalisco y Sinaloa, donde los productores reportan mejoras en la retención de humedad y una mayor resiliencia frente a las sequías.
Agricultores de EE.UU. siembran presión a México
Y hablando de agricultura y comercio, este miércoles (10 de junio), se llevará a cabo una audiencia ordenada por el Congreso de Estados Unidos en lo que se supone es un aumento de presión legislativa rumbo a la revisión del T-MEC.
En Washington, legisladores y grupos de interés han empezado a delinear las exigencias que EE.UU. buscará colocar sobre la mesa frente a México durante los próximos meses.
La señal esta semana se dará con la audiencia que el Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes celebrará para analizar el futuro del acuerdo comercial y que seguramente incluirá las demandas del sector agropecuario estadounidense.
La audiencia llega en un momento clave. El próximo 1 de julio se cumple la fecha establecida para iniciar formalmente la revisión sexenal del T-MEC, pero todo apunta a que Estados Unidos, México y Canadá no alcanzarán un acuerdo inmediato para extender la vigencia del tratado por otros 16 años.
Pero, lejos de representar una amenaza de terminación automática, el escenario abre un periodo de negociaciones que podría prolongarse durante varios años.
Sin embargo, empresas y agencias públicas y privadas de la región ven con nerviosismo cómo Washington quiere utilizar la revisión para renegociar aspectos que considera problemáticos en la relación comercial con sus socios.
En el caso de México, el sector agrícola estadounidense aparece como uno de los grupos que buscarán ejercer mayor presión.
Productores de maíz, carne, lácteos y otros bienes agropecuarios han manifestado preocupaciones por políticas mexicanas relacionadas con biotecnología, medidas sanitarias y acceso al mercado.
El conflicto por el maíz genéticamente modificado se mantiene como uno de los principales puntos de fricción y es previsible que aparezca entre las demandas para reforzar los mecanismos de cumplimiento del tratado.
La audiencia también servirá para medir el respaldo político que existe en el Congreso a favor de endurecer la postura estadounidense frente a México. Aunque formalmente el encuentro estará centrado en agricultura, sus conclusiones podrían influir en una agenda más amplia de negociación.
Además de los temas agropecuarios, Washington ha mostrado interés en discutir reglas de origen más estrictas, fortalecimiento de cadenas de suministro regionales y mecanismos para limitar la influencia de China dentro de la plataforma manufacturera de Norteamérica.
Un mundial, dos visiones de impacto económico
Mientras que en Estados Unidos los economistas ya intentan medir cuántos empleos temporales y cuántas ventas adicionales generará el Mundial de Futbol de 2026, en México la apuesta es distinta: el mayor beneficio económico vendría por el lado del turismo, el consumo y la infraestructura, más que por un impacto visible en el mercado laboral.
Goldman Sachs estimó esta semana que la Copa del Mundo podría impulsar las nóminas estadounidenses durante junio y julio, además de aportar hasta 0.3 puntos porcentuales al crecimiento de las ventas minoristas gracias al gasto de los aficionados en alimentos y bebidas. Incluso prevé una contribución marginal al crecimiento del PIB durante el segundo y tercer trimestre del año.
En México, sin embargo, el efecto económico sería más concentrado y menos perceptible en los indicadores nacionales de empleo.
La diferencia responde, en parte, a la escala del torneo en cada país. Estados Unidos albergará 78 partidos en 11 ciudades, mientras que México recibirá 13 encuentros repartidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Aun así, el evento representa una oportunidad económica relevante. Banorte estima que el Mundial podría aportar entre 42 y 62 puntos base al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano en 2026, impulsado por mayores niveles de inversión, actividad turística y consumo privado.
Según la institución financiera, entre 15 y 25 puntos base del efecto total estarían relacionados con inversiones en infraestructura, incluyendo remodelaciones de estadios, mejoras aeroportuarias, proyectos de movilidad urbana y obras de conectividad en las ciudades sede.
El resto provendría de una mayor derrama asociada al turismo y al gasto de visitantes nacionales y extranjeros. Hoteles, restaurantes, transporte, entretenimiento y comercio serían algunos de los sectores con mayores beneficios durante las semanas que dure la competencia.
A diferencia de Estados Unidos, donde el tamaño del mercado laboral permite que eventos de esta magnitud tengan repercusiones medibles en las estadísticas mensuales de empleo, en México el impacto probablemente será más visible en la actividad económica regional y en los sectores vinculados a los servicios.
Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey concentrarían buena parte de los beneficios, aunque el flujo de visitantes también podría favorecer a otros destinos turísticos del país mediante viajes complementarios antes o después de los partidos.
Los analistas también anticipan presiones temporales sobre algunos precios. Las tarifas hoteleras, los boletos de avión, los alimentos, las bebidas y ciertos servicios recreativos podrían encarecerse durante junio y julio de 2026 ante el aumento de la demanda.