

La inteligencia artificial ya está dentro de los grandes corporativos, pero todavía no necesariamente está dentro de sus procesos más importantes.
Primero AI, startup mexicana que acaba de levantar u$s 12 millones de dólares en una ronda semilla para acelerar su expansión en América Latina, busca cerrar la brecha del uso de inteligencia artificial (IA) en los grandes corporativos que ya pagan licencias de herramientas como ChatGPT o Gemini, pero siguen teniendo dificultades para utilizar IA en operaciones que impacten directamente sus resultados.
La ronda, de las más grandes para una startup latinoamerica en los últimos años en etapa semilla, fue codirigida por Kaszek y General Catalyst, con la participación de Definition, Conviction y 8VC, además de inversionistas ángel vinculados con compañías como FEMSA, Bimbo, Aeroméxico y Kimberly-Clark de México.
Para José Antonio Murillo, cofundador y Co-CEO de Primero, la oportunidad está precisamente en el espacio que existe entre tener acceso a la inteligencia artificial y conseguir que ésta produzca resultados dentro de una compañía.
“Hoy cuando tú hablas con los corporativos grandes, ya están pagando las licencias de Gemini, ChatGPT. Pero si tú les preguntas si ya están usando inteligencia artificial en un proceso clave de la empresa, te puedo asegurar que casi todas te van a decir que no”, explica Murillo en entrevista con El Cronista México.
“Hay un hueco ahí. Y ese es el hueco que nosotros cubrimos”.
La compañía fue fundada por Murillo, Andrés Rosales y Santiago Buenahora, quienes cuentan con experiencia en empresas como Meta, Robinhood y 8VC. Murillo estudió Economía y Ciencias de la Computación en Harvard y regresó a México después de trabajar en empresas como Goldman Sachs y Facebook.
Su apuesta, dice, va más allá de construir una startup de IA.
El capital llega cuando la startup apenas lleva alrededor de año y medio operando comercialmente, pero ya trabaja con algunos de los corporativos más grandes de la región.
Primero utilizará los recursos para acelerar contrataciones (actualmente su equipo es de 20 personas), expandirse a nuevos mercados y asumir una mayor parte del riesgo en los proyectos con sus clientes.
“Trabajamos con algunos de los corporativos más grandes en la región”, dice Murillo. En general, se trata de empresas con ingresos superiores a 1,000 millones de dólares.
Entre los clientes que la empresa puede mencionar están Kimberly-Clark de México, Verde Valle, SmartFit, Terpel y la Secretaría de Desarrollo Económico de la Ciudad de México (Sedeco), además de organizaciones de manufactura, bienes de consumo, retail y servicios financieros.
El puente entre los corporativos y la IA
Primero se define como una empresa de transformación de inteligencia artificial para América Latina. Su objetivo es trabajar con grandes corporativos para identificar procesos donde la IA pueda generar un impacto económico y posteriormente construir e implementar agentes capaces de ejecutar esos procesos.
La herramienta central de la compañía es Primia, un sistema que funciona como una especie de capa de inteligencia entre los sistemas de una empresa y los agentes de IA.
Murillo explica que Primia tiene tres componentes. El primero conecta los sistemas dispersos de una organización —desde ERP y CRM hasta hojas de Excel—; el segundo concentra esa información y permite incorporar las reglas de negocio que normalmente permanecen en la cabeza de los empleados; y el tercero permite desplegar agentes de IA sobre ese contexto.
El punto es relevante porque los agentes de IA pueden ser capaces de razonar o ejecutar tareas, pero necesitan información sobre cómo funciona una organización para hacerlo de manera útil y controlada.
Por ejemplo, una empresa puede tener información necesaria para realizar su cierre mensual repartida entre su ERP, buzón tributario y correo electrónico. Al mismo tiempo, las reglas para realizar ese cierre pueden no estar documentadas en ningún sistema, sino en el conocimiento de los empleados.
Primia busca juntar ambos elementos: los datos y las reglas del negocio, para después colocar agentes sobre ellos.
Y hay un efecto acumulativo: cada nuevo proceso implementado deja conectados más sistemas y genera mayor conocimiento sobre la organización, haciendo que el siguiente agente pueda desplegarse más rápido y con un menor costo.
“Cada agente que vamos desplegando en este ecosistema hace que el siguiente agente sea más fácil y más efectivo de desplegar”, dice Murillo.
Un modelo híbrido: software más servicios
Aunque Primero tiene un producto tecnológico, su modelo de negocio no se limita a vender una licencia de software.
La compañía cobra una licencia por el sistema de inteligencia, cuyo costo aumenta dependiendo de cuántas áreas y sistemas de la empresa estén conectados. Sin embargo, el despliegue requiere también un componente de servicios, porque Primero trabaja directamente con los equipos del cliente para entender su tecnología, procesos y reglas de negocio.
Murillo explica que la compañía funciona como una empresa de producto, pero con una fuerte capa de implementación.
“Yo no les vendo software, yo les vendo un resultado”, afirma.
Ese planteamiento es central para su estrategia comercial. En lugar de convencer a una empresa de que un nuevo software hará más eficiente a sus empleados, Primero busca identificar un proceso concreto y demostrar cuánto dinero puede ahorrar o cuánto puede incrementar sus ingresos al automatizarlo.
“Lo que la inteligencia artificial permite a una empresa hacer es tomar un proceso de inicio a fin y hacerlo con inteligencia artificial, hacerlo más rápido, hacerlo mejor”, señala.
En ese sentido, la compañía busca que la adopción de IA tenga un impacto visible en el estado de resultados de sus clientes.
La estrategia consiste, por ejemplo, en entrar a una compañía, desarrollar una primera solución de IA y demostrar directamente el impacto económico que genera para después ampliar el número de procesos automatizados.
“Queremos ser los primeros”, dice Murillo al explicar el nombre de la compañía y su ambición en un mercado que cambia rápidamente.
Para la startup, el momento es particularmente relevante porque las capacidades de la IA evolucionan con rapidez y abren nuevas oportunidades de automatización prácticamente cada mes.
Pero el objetivo de Primero no es que los corporativos tengan más herramientas de IA. Es que puedan convertirlas en resultados concretos de negocio.
“Queremos que las empresas usen Primero AI”, resume Murillo.
Y ahí está, probablemente, la verdadera apuesta de la startup: ocupar el espacio entre los modelos de inteligencia artificial que ya están disponibles y los sistemas complejos donde realmente funcionan las grandes empresas latinoamericanas.















