

El cambio en la estructura de las familias mexicanas está obligando a replantear la manera en que las personas enfrentarán su retiro. La disminución en el número de hijos y el aumento de la población adulta mayor reducen el potencial de apoyo intergeneracional y elevan la necesidad de construir un patrimonio propio durante la vida laboral.
Datos del Consejo Nacional de Población (Conapo) muestran que México transita hacia una desaceleración de los nacimientos, acompañada de una disminución de 18.4% en la población infantil y un incremento de 13.3% en los adultos mayores, una transformación que tendrá efectos en la demanda de servicios de salud, educación y pensiones.
Para Jorge Alarcón, líder de Retiro en WTW, el cambio demográfico representa un foco rojo para la planeación financiera, debido a que las familias son cada vez más pequeñas y, en algunos casos, las parejas incluso deciden no tener hijos.
Esta situación implica que durante la vejez habrá un menor respaldo familiar potencial, por lo que instrumentos como las Afores, las inversiones y los beneficios corporativos cobrarán mayor relevancia para garantizar ingresos suficientes durante el retiro.
“El cambio demográfico está transformando el retiro en México porque cada vez las parejas deciden tener pocos hijos o ninguno”, señaló Alarcón.
El especialista advirtió que esta tendencia se combina con otros factores que complican la preparación financiera para la jubilación, como la falta de información financiera práctica y continua, la presión al consumo, el uso poco racional del crédito y una baja cultura del ahorro y de la planeación de largo plazo.
A ello se suma, dijo, la poca eficiencia fiscal y financiera de algunos vehículos de ahorro, factores que pueden provocar que las personas lleguen a la jubilación sin los recursos suficientes para mantener su nivel de vida.
“El reto ya no es prometer una pensión, es ayudar a construir patrimonio de retiro sostenible durante toda la carrera laboral”, afirmó.
Empresas también tienen un papel
Ante este escenario, las empresas deberán asumir un papel más activo en la preparación financiera de sus trabajadores, al incorporar el bienestar financiero como parte de sus estrategias de talento.
De acuerdo con Alarcón, no basta con ofrecer beneficios laborales; también es necesario comunicarlos de manera coordinada y continua para que los colaboradores puedan convertirlos en decisiones financieras de largo plazo.
En este sentido, ingresos extraordinarios como el aguinaldo, la prima vacacional y los bonos, además de mecanismos de protección patrimonial, administración del flujo de efectivo y educación financiera, pueden convertirse en herramientas para fortalecer el patrimonio de los trabajadores.
El especialista consideró que la responsabilidad debe ser compartida entre empresas y colaboradores. Mientras las compañías pueden facilitar herramientas y beneficios para fomentar el ahorro, los trabajadores deben asumir que el modelo familiar que tradicionalmente funcionaba como respaldo durante la vejez está cambiando.
La menor cantidad de hijos modifica así una de las fuentes históricas de apoyo durante el retiro, por lo que depender exclusivamente de la familia podría dejar de ser una alternativa viable para una parte de la población.
Por ello, Alarcón destacó la importancia de comenzar a planear el retiro con anticipación y recurrir a instrumentos de inversión de largo plazo que permitan acumular patrimonio durante toda la trayectoria laboral.
El reto, en un México que envejece y con familias cada vez más pequeñas, será pasar de una cultura basada en esperar el apoyo familiar a otra en la que la autosuficiencia financiera sea una parte central de la preparación para la vejez.














