

La inclusión financiera en América Latina enfrenta una nueva etapa. Después de años de avances en digitalización y acceso a servicios financieros, el desafío ya no será únicamente incorporar a más personas al sistema, sino lograr que ese acceso se traduzca en productos financieros, crédito y relaciones sostenibles.
El reto es especialmente relevante en México, donde entre 40% y 50% de la población todavía no tiene acceso pleno a servicios financieros, pese a que la banca latinoamericana registra niveles de rentabilidad superiores a los de los mercados desarrollados.
El sistema financiero de América Latina reporta un retorno sobre capital (ROE) de entre 12% y 14%, cerca del doble del promedio de los mercados desarrollados.
La distancia entre una industria rentable y millones de personas que todavía permanecen fuera del sistema financiero fue uno de los temas centrales durante la conversación inaugural del Fintech Summit Americas 2026 y Token Americas 2026.
El consenso entre representantes de la industria fue que el siguiente paso será utilizar mejor los datos, la infraestructura tecnológica y la inteligencia artificial para conocer a clientes que hasta ahora han sido difíciles de incorporar al sistema financiero.
El reto ya no es sólo sumar usuarios
Uno de los principales obstáculos para ampliar la inclusión financiera es que muchos de los potenciales nuevos clientes no cuentan con suficiente información o historial para que las instituciones puedan evaluar adecuadamente su nivel de riesgo.
Carlos Díaz Alonso, de Grupo Salinas, explicó que incluir financieramente a nuevos segmentos implica enfrentar perfiles distintos a los que tradicionalmente atiende la banca.
“La inclusión financiera implica atender a segmentos con perfiles de riesgo distintos. El reto es que muchas veces no existe suficiente información para evaluarlos adecuadamente y definir condiciones acordes con ese riesgo”, dijo.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en abrir una cuenta digital o incorporar a una persona a una aplicación financiera. La siguiente etapa será encontrar modelos capaces de utilizar nueva información para construir perfiles de riesgo y ofrecer productos adecuados sin elevar excesivamente los costos.
Alberto Amezquita, de Banamex, puso como ejemplo el caso de Nubank en Colombia, donde una negativa inicial para acceder a crédito no necesariamente representa el final de la relación con el usuario.
Las personas rechazadas pueden ser evaluadas nuevamente meses después con información adicional, lo que permite enriquecer gradualmente su perfil y, eventualmente, ampliar su acceso al financiamiento.
Este tipo de modelos refleja hacia dónde podría avanzar la industria: pasar de decisiones definitivas basadas en información limitada a evaluaciones más dinámicas conforme se conoce mejor el comportamiento financiero de cada usuario.
La IA busca hacer rentable la inclusión
En este escenario, la inteligencia artificial y el uso de datos aparecen como herramientas para resolver uno de los principales dilemas de la inclusión financiera: cómo atender a más personas sin comprometer la rentabilidad ni incrementar excesivamente el riesgo.
“La inteligencia artificial, los pagos y los activos digitales ya no pueden entenderse como conversaciones separadas; están convergiendo en un mismo sistema financiero. Su impacto dejó de ser una discusión de futuro para convertirse en una realidad del presente”, señaló Ana María Yumiseva, directora de Fintech Summit Americas 2026 y Token Americas 2026.
Durante el encuentro también se discutió el avance de las finanzas abiertas, la personalización de servicios financieros mediante datos, los pagos en tiempo real y transfronterizos, así como los desafíos relacionados con fraude, identidad y cumplimiento.
La convergencia de estas tecnologías está cambiando la forma en que las instituciones conocen a sus clientes y toman decisiones.
Para la banca y las fintech, el desafío de los próximos años será demostrar que la tecnología puede hacer compatible lo que durante mucho tiempo pareció contradictorio: ampliar la inclusión financiera y, al mismo tiempo, mantener modelos de negocio rentables.
La siguiente frontera ya no será únicamente llevar más personas al sistema financiero, sino conseguir que quienes entren puedan construir una verdadera relación financiera, acceder a mejores productos y dejar de ser invisibles para el crédito.















